miércoles, 2 de noviembre de 2016

La Biblia en un año #Dia276

    Mateo 5-7

Ahora todos los que me acompañan en este reto van a ser testigos de recurrentes expresiones de amor, porque aunque no puedan verlo, siempre que leo Palabra de Jesús, suspiro, me río, me brillan los ojos, pues Él me llena de absoluta alegría, y paz. En este día empezaremos con las bienaventuranzas, ¿Quién no se llena de aliento con esta alegoría? Yo casi puedo trasladarme allí, hasta ese montaña donde estaba Jesús, quizás sentado, y donde sus discípulos se acercaron para ser enseñados. Para ser enseñados directamente por el maestro. En este sentido, el Señor proporcionó a sus discípulos de antes, y a sus discípulos de ahora, los ingredientes de la receta para la verdadera felicidad. La pobreza de espíritu, que no es más que el reconocimiento de nuestra necesidad de Él, el llanto que recibe su consuelo; la mansedumbre que te hace heredero de la tierra; el hambre y sed de justicia, la misericordia, la limpieza de corazón pues ella te permite ver a Dios; la pacificación, y aún los padecimientos, vituperios, y persecuciones por la causa de Dios. Viviendo de este modo, gozate y alégrate porque tu galardón es grande en los cielos. Los seguidores de Jesús fueron, y somos la sal de la tierra, que preserva y da sabor; y si de alguna forma no cumplimos ninguna de esas dos funciones, el mundo entero nos descartará y pisoteará como algo que no tiene ningún valor. Además, somos la luz del mundo, como una ciudad en lo alto de una colina que no puede esconderse; de manera que nuestras buenas acciones deben brillar a la vista de todos, para que todos alaben a nuestro Padre celestial. 

El Señor Jesucristo, maestro por excelencia, se mantuvo dando enseñanzas a sus discípulos respecto a varios puntos de la Ley de Moisés, no sin antes dejar muy claro que Él no había venido al mundo para abolir la Ley, o para enseñar algo contrario a ella, sino para cumplir con sus propósitos. hasta que desapareciera el cielo y la tierra, no desaparecería ni el más mínimo detalle de la ley de Dios hasta que su finalidad se cumpliera. Por eso, sino hacemos caso al más insignificante mandamiento y les enseñamos a los demás a hacer lo mismo, seremos llamados los más insignificantes en el reino del cielo; pero si obedecemos las leyes de Dios y las enseñamos seremos llamados grandes en el reino del cielo. De esta manera el Señor continuó ilustrando temas como el divorcio, el adulterio, los juramentos; aclarando como debía ser el tema de distribución de justicia frente a un mal cometido, en donde rechazó completamente el principio del Talión (ojo por ojo y diente por diente). Además, fue conciso respecto al amor que debe manifestarse aún a los enemigos, pues, si amamos solo a solamente a quienes nos aman, ¿Qué recompensa recibiríamos? Jesús también hizo énfasis en la oración, el arma más poderosa de los hijos de Dios, y les dijo a sus discípulos que sus oraciones debían ser verdaderas, autenticas y transformadoras; para ello les proporcionó el modelo universalmente conocido como el Padre nuestro, el cual, no siendo la única oración que debemos hacer a Dios, si reúne los elementos esenciales que deben existir en nuestra comunicación con Él. los discípulos y aún todas las multitudes que escuchaban alrededor de Jesús, fueron instruidos en la sana doctrina del hijo de Dios, con la palabra más fiel y veraz de ser creída por todos los hombres. De este modo enseñó Jesús acerca del ayuno, del dinero y las posesiones, el afán y la ansiedad por poseer y almacenar tesoros en esta tierra, cuando la verdadera riqueza la encontramos en el reino de Dios y su justicia; el no juzgar a los demás, cual es la forma correcta de pedir, buscar y llamar; y también, el prestar especial atención a los falsos profetas que no hablaban de parte de Dios, una trampa en la que los judíos cayeron constantemente en el pasado. Con todas estas afirmaciones, el Señor intentaba decir a los discípulos, que el camino que lleva a la vida, es muy angosto, y por tanto es difícil de encontrar y de transitar; pero aquel ancho, cómodo, y holgado, que parece muy atractivo a los seres humanos en general, es un camino que lleva directamente a la perdición. El que muchos, por desgracia, insisten en querer andar. 


lunes, 31 de octubre de 2016

La Biblia en un año #Dia275

                                                         Mateo 1-4

Después de 10 meses, 43 semanas, 304 días y 274 lecturas, finalmente hemos llegado al Nuevo Testamento; donde se encuentra uno de mis géneros favoritos en la Palabra de Dios: Los evangelios; pues anuncian las buenas nuevas de Salvación para los hombres, dando inicio con el Libro de Mateo, el cual reseña de primera mano, el nacimiento del Mesías. José, el marido de María, de la cual nació Jesucristo, fue descendiente de Jacob, de manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce más. María, estando comprometida con José para casarse y siendo aún virgen, quedó embarazada mediante el poder del Espíritu Santo. José, siendo un hombre bueno, quiso dejarla en silencio para no avergonzarla, pero como todo esto venía indudablemente de Dios, mientras José consideraba esa posibilidad, un ángel del Señor se le apareció en un sueño y le dijo que no tuviera miedo de recibir a María por esposa, porque el niño que llevaba dentro de ella, había sido concebido por el Espíritu Santo. Y además le dijo, que a ese niño que tendría, José debía llamarlo Jesús, porque Él salvaría a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliera el mensaje del Señor a través de su profeta, quien había dicho: La virgen concebirá un niño, dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel, que significa “Dios está con nosotros”. Cuando José despertó, hizo como el ángel del Señor le había ordenado y recibió a María por esposa, pero no tuvo relaciones sexuales con ella hasta que nació su hijo; y José le puso por nombre Jesús. La noticia de la llegada de este niño tiene todas las características propias de ser un hecho que causa conmoción al que la recibe, tal es así, que después de algún tiempo de haber nacido, algunos sabios de países del oriente fueron a visitarlo pues querían adorarlo. Jesús nació en Belén de Judea durante el reinado de Herodes, y cuando el rey supo de su llegada también se perturbó en gran manera, pero contrario a la felicidad de los sabios, Herodes quería matarlo. Después que los sabios encontraron al niño en Belén y lo adoraron y le ofrecieron sus regalos, José, María y el niño emprendieron su huida a Egipto. Herodes envió soldados para matar a todos los niños que vivieran en Belén y en sus alrededores y que tuvieran dos años o menos; y mediante esta acción brutal se cumplió lo que Dios había anunciado por medio del profeta Jeremías, que en Jerusalén se oiría una gran llanto y lamento por los hijos muertos. Cuando Herodes murió, José, María y el niño, volvieron a tierra de Israel; pero José tuvo miedo de volver a Judea porque quien gobernaba era hijo de Herodes, entonces siguieron hasta la región de Galilea; cuando llegaron allá, se fueron a vivir a un pueblo llamado Nazaret; así se cumplió lo que Dios había dicho por medio de los profetas: El Mesías será llamado nazareno.

Años después, se encontraba Juan predicando a la gente, y les decía que se volvieran a Dios pues muy pronto su reino sería establecido. Juan era la persona de quien habló el profeta Isaías cuando anunció la llegada de un mensajero que predicaría acerca de Jesús. Juan usaba ropa tejida con pelo rústico de camello y llevaba puesto un cinturón de cuero alrededor de la cintura, comía saltamontes y miel silvestre. Muchos iban a oír a Juan, llegaban no sólo de los alrededores del río Jordán, sino también de la región de Judea y de Jerusalén; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el río. Juan reprendió a los fariseos y saduceos, pues éstos creían que serían salvos simplemente porque eran descendientes de Abraham, pero el Bautista les dijo que para poder huir de la ira divina que se acercaba, debían demostrar con su forma de vivir que se habían arrepentido de sus pecados y habían vuelto a Dios. Juan bautizaba con agua a los que se arrepentían de sus pecados y se volvían a Dios, pero pronto llegaría el ungido que sería superior a él, tan superior que Juan ni siquiera se consideraba digno de ser su esclavo y de llevarle las sandalias. Él los bautizaría con el Espíritu Santo y con fuego. Luego Jesús fue de Galilea al río Jordán para que Juan lo bautizara, y aunque Juan al principio intentó convencerlo de que él no podía bautizarlo sino al contrario, finalmente aceptó hacerlo pues ambos debían cumplir con lo que Dios había encomendado. Después del bautismo, mientras Jesús salía del agua, los cielos se abrieron y vio al Espíritu de Dios que descendía sobre él como una paloma; y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. Luego de esto, Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo; y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. A Él vino el tentador, pero Jesús, reprendiéndolo tres veces, lo hizo huir de su presencia (amo ese pasaje), entonces el diablo se fue, y llegaron ángeles a cuidar al Señor. Cuando Jesús oyó que habían arrestado a Juan, salió de Judea y regresó a Galilea; primero fue a Nazaret, luego salió de allí y siguió hasta Capernaúm, junto al mar de Galilea, en la región de Zabulón y Neftalí. De esta forma se iban cumpliendo las profecías que Dios había anunciado por medio de Isaías, de que toda la gente de esas regiones que se encontraba en oscuridad, y que vivía en la tierra donde la muerte arrojaba su sombra, iba a ver brillar una gran luz. Simón, también llamado Pedro, y Andrés su hermano, quienes eran pescadores, fueron los primeros seguidores de Jesús; luego, más adelante, lo siguieron Santiago y Juan; y todos, dejando sus trabajos y familias se convirtieron en sus discípulos. Jesús viajó por toda la región de Galilea enseñando en las sinagogas, anunciando la Buena Noticia del reino, y sanando a la gente de toda clase de enfermedades y dolencias. Las noticias acerca de él corrieron y llegaron tan lejos como Siria, y pronto la gente comenzó a llevarle a todo el que estuviera enfermo; y Él los sanaba a todos, cualquiera fuera la enfermedad o el dolor que tuvieran, o si estaban poseídos por demonios, o eran epilépticos o paralíticos. Numerosas multitudes lo seguían a todas partes: gente de Galilea, de las Diez Ciudades, de Jerusalén, de toda Judea y del oriente del río Jordán.

domingo, 30 de octubre de 2016

La Biblia en un año #Dia274

    Malaquias 1-4

Hoy haré mi última lectura del Antiguo testamento en el Libro de Malaquias, el cual señala el cierre de las profecías y el principio de 400 años de silencio entre el Antiguo y nuevo testamento. Después de diez meses, y treinta y nueve libros me siento completamente feliz de haber alcanzado esta meta; y también expectante de lo que será mi andar en estos dos últimos meses del año recorriendo los evangelios, los hechos de los apóstoles, las epístolas y finalmente el apocalipsis. Recuerdo el pasado primero de enero cuando dije: Lo haré, voy a leer la Biblia completa en este año 2016, y además le añadiré una publicación a cada día en mi Blog; y la verdad es que solo Dios me ha traído hasta aquí. Él es fiel. Este último profeta menor, fue levantado para recordarle al pueblo judío que el Señor los amaba, pero que Él no se sentía correspondido en ese amor; ya que, después de que pasaron varios años del restablecimiento de esta nación en la tierra prometida, volvieron a cometer los mismos pecados que los habían llevado antes directamente al cautiverio. Malaquías toca de primera mano todas las irregularidades que se producían en el recién restaurado Templo de Jerusalén, donde los Sacerdotes habían deshonrado nuevamente a Dios y habían llevado a todo el pueblo por caminos extraviados. En el altar de Dios eran ofrecidos animales impuros, animales despreciables que declaraban que no estaba mal deshonrar la mesa del Señor; además, estos Sacerdotes decían que era demasiado difícil servir a Dios y señalaban que sus mandamientos eran un verdadero fastidio. El Señor les advirtió que sino cambiaban su conducta y sus actos, les sería enviada una gran maldición, y rompería el pacto que había hecho con sus antepasados. Además de la falsa adoración en el Templo, el Señor también condenó los matrimonios mixtos; pues, Los hombres de Judá se casaban con mujeres que adoraban a otros dioses. Dios los creó para que fueran un solo cuerpo y un solo espíritu, y para que vivieran consagrados a Él, pero mediante esos actos, la infidelidad a su nombre sólo crecía más y más. 

El paganismo, la desobediencia, la rebeldía, la dureza de corazón, seguían consumiendo a esta nación en una doble moral; y mientras vas leyendo estas lineas finales en el registro bíblico, te das cuenta de que era absolutamente necesaria la llegada de un Salvador. El mismo que sería anunciado mediante otro mensajero de Dios, que prepararía todo para su llegada: Juan el Bautista, quien, con su mensaje de esperanza, anunciaría a la persona que quitaría todo el pecado del mundo. Si los israelitas no habían sido destruidos era porque el Dios todopoderoso los amaba y su amor no se consumía; sin embargo, todos ellos, desde sus antepasados, hasta las nuevas generaciones, siempre habían desobedecido sus mandamientos. Por eso el Señor comenzaría su juicio en contra de los que practicaban la brujería, los adúlteros, los que hacían juramentos falsos, los que explotaban a sus trabajadores, los que abusaban de las viudas y de los huérfanos, los que maltrataban a los que no eran israelitas, y de todos los que le faltaban al respeto. Los israelitas pensaban que no valía la pena servir al Dios todopoderoso porque los orgullosos vivían felices, y a los malvados siempre les iba bien, incluso cuando ofendían a Dios; pero llegaría el día en el cual, todos los que adoraran genuinamente a Dios, se convertirían en su tesoro especial, y así, todos los demás se darían cuenta de la diferencia entre el bien y el mal, entre honrarlo o no honrarlo. Casi todo el contenido de este libro es expresado por Dios, y finaliza con una nota de juicio para su pueblo: Estaba cerca el día en que los orgullosos y malvados arderían como la paja y se quemarían por completo a causa del enojo de Dios. Sin embargo, para los que temieran a su nombre, se levantaría el Sol de Justicia con sanidad en sus alas. Saldrían libres, saltando de alegría como becerros sueltos en medio de los pastos. El día en que Dios actuara, todos sus hijos pisotearían a los perversos como si fueran polvo debajo de sus pies. Antes de ese gran y terrible día del Señor, su mensajero prometido vendría, en el poder y Espíritu de Elías, y sus predicciones servirían para hacer volver de nuevo los corazones sensibles hacia Dios. 


La Biblia en un año #Dia273

Zacarías 12-14

En los días de redención para la nación de Israel, el Señor perdonaría a su pueblo; y también acabaría con todos los que se habían puesto en su contra: Naciones enemigas, falsos maestros, profetas que hablaban guiados por espíritus engañadores, ídolos paganos, y todos y cada uno de sus enemigos. Cuando las naciones vecinas quisieran atacar a Jerusalén y a las ciudades de Judá, El Señor las haría fracasar; su ataque sería tan torpe que el pueblo de Israel pensaría que estaban borrachos. Cuando llegara ese día, todas las naciones se unirían para acabar con Jerusalén, pero Dios haría que Jerusalén fuese como una piedra enorme; todo el que tratase de moverla serías aplastado por ella. Él sería el vigilante del pueblo de Judá, y ese día dejaría ciegos a todos los caballos de las naciones, y espantaría a sus jinetes. Cuando los jefes de Judá fuesen testigo de eso, dirían convencidos: El único Dios todopoderoso es el Dios de los que vivimos en Jerusalén, nuestro Dios es nuestra fortaleza. Ese día el Señor convertiría a los jefes de Judá en fuego, y con ese fuego consumiría por completo a todas las naciones vecinas, pero a la ciudad de Jerusalén no le pasaría nada. El Señor estaba dispuesto a destruir a cualquier nación que se levantara en contra de Israel, y protegería de tal manera a todos sus habitantes, que, los más débiles llegarían a ser tan poderosos como el rey David, y además todos los descendientes de su linaje, volverían a gobernar como si el propio ángel de Dios los estuviese dirigiendo. El castigo que le había sobrevenido a Israel de parte de Dios, fue para corregirlos y para hacerlos cambiar, para sanar su caminar espiritual; de este modo, todos los judíos iban a ser purificados y volverían a obedecer a Dios, y, cuando lo llamaran, Él respondería de inmediato; nada interrumpiría nuevamente su comunión, El Señor mismo los reconocería como su pueblo, y ellos como su Dios. Lo que llamaríamos: relación, no religión; la gran victoria de Dios sobre sus hijos. 

Zacarías no solo anuncia la primera venida de Cristo, sino también la segunda, el día en el que vendrá Dios, junto a todos sus ángeles. Ese día será tan especial, que no habrá diferencia entre el día y la noche, pues hasta en la noche habrá luz de día. ¡Sólo Dios sabe cómo será ese día! Entonces de Jerusalén saldrá un río que nunca se secará. En ese momento, solo el Señor reinará sobre toda la tierra, de norte a sur, todo el país se volverá una llanura. Entonces Jerusalén, por fin a salvo, se llenará de gente y nunca más será maldecida ni destruida. Pero Dios castigaría a las naciones que atacaron a Jerusalén, haría que se llenaran de miedo, y que empezaran a pelear entre ellas mismas; entonces la gente de Judá vendría a Jerusalén para luchar contra esas naciones, y les quitaría grandes cantidades de oro y plata, y muchos vestidos. Después de esto, los que atacaron a Jerusalén y hubiesen quedado con vida, irían a la ciudad cada año para adorar al Dios todopoderoso, y para celebrar la fiesta de las enramadas. Pero si Egipto, o alguna otra nación, no iba a Jerusalén, Dios impediría que lloviera en esa nación, y así la castigaría. Cuando llegara ese día, todo sería propiedad exclusiva del Dios todopoderoso y quedaría sólo a su servicio. Hasta los cascabeles de los caballos estarán marcados como propiedad exclusiva de Dios. Serían de Dios los tazones que se usan en el altar, las ollas que se usan en la cocina del templo, y todas las ollas que haya en Jerusalén y en Judá. La gente que vaya al templo para presentar ofrendas, deberá cocinar en esas ollas, y así nadie volvería a hacer negocios en el templo del Dios todopoderoso. Desde la antigüedad, todas las profecías por parte de Dios han sido cumplidas (Juicio, castigo, prosperidad, liberación, destrucción, entre otras), incluso, el mensaje de la llegada, vida, muerte y resurrección de Jesús es un hecho histórico y social totalmente verificable; por lo tanto, si Dios ha anunciado que Cristo viene otra vez, ¡Es porque viene otra vez! Vestido en majestad y coronado con poder, para ser el Rey de toda la tierra. Además de esperarlo con profunda fe, con la convicción de lo que no se ve, también lo hago porque sé, mediante la espada del Espíritu, que su Palabra es un documento indubitable de todo lo que ha sucedido y está por suceder. Asi que ven, ven Señor Jesús. Te estamos esperando. 

viernes, 28 de octubre de 2016

La Biblia en un año #Dia272

Alto de Adoración semanal...

Ya casi estoy por finalizar mi lectura del Antiguo Testamento, simplemente no lo puedo creer, pero si, es una realidad. Pocas cosas me dejan sin palabras, pero este momento lo ha logrado. Mientras terminamos de leer al profeta Zacarías, se abre la ventana de esperanza no solo para Israel, sino para todas las naciones de la tierra, con la llegada del Ser supremo más hermoso, excelso y sublime que podrá jamás existir, mi Cristo, el gran hijo de Dios. Estas predicciones concernientes al Mesías, son para mi, las más maravillosas; viene el Salvador a quitar el pecado del mundo, a rasgar el velo, a ser la puerta que nos lleva hasta Dios. Amo a Jesucristo, amo su presencia, amo su naturaleza, su persona, su esencia, amo todo lo que Él es. Meditando en el Salmo número cien, que nos corresponde en este día de lectura, los creyentes somo exhortados a la gratitud, pues ante la llegada del Rey de la tierra, deben cantar de alegría todos sus habitantes. Jesús vino a dar el regalo más precioso a toda la humanidad: El perdón de pecados y la vida eterna; y su autoridad y su señorío siempre deben ser reconocidos y alabados de acuerdo a la magnitud de su Ser. Reconozcamos hoy, una vez más, que el Señor es Dios, Él nos hizo, y le pertenecemos; somos su pueblo, ovejas de su prado. Entremos por sus puertas con acción de gracias; vayamos a sus atrios con alabanza; démosle gracias y alabemos su nombre. Pues el Señor es bueno, su amor inagotable permanece para siempre, y su fidelidad continúa de generación en generación. ¡Aleluya! Gracias Dios, gracias Jesucristo. Nadie nunca, podrá ocupar su lugar en mi corazón.


La Biblia en un año #Dia271

         Zacarías 9-11

Así como al resto de los profetas, el Señor también dio a Zacarías su mensaje de juicio contra las naciones enemigas de Israel; las ciudades de Hadrac y Damasco, y también las tribus de Israel, su vecina Hamat, y naciones tan desarrolladas como Tiro y Sidón serían castigas por Dios. A la ciudad de Tiro el Señor le quitaría sus riquezas y las echaría al mar, y a ella la quemaría por completo. Los habitantes de Ascalón verían eso y temblarían de miedo, y la ciudad se quedaría vacía. Los habitantes de Gaza sufrirían al perder su rey, y los habitantes de Ecrón sufrirían al perder la esperanza. En la ciudad filistea de Asdod viviría gente malvada y violenta, que despedazaría a sus enemigos, pero el Señor salvaría a sus victimas y así humillaría a los orgullosos filisteos. Algunos serían dejados con vida, y serían gente importante en Judá. Dios jamás volvería a permitir que otras naciones atacaran a Israel, pues Él mismo vigilaría mi templo. El nuevo Rey anunciado por Zacarías vendría muy pronto a ocupar su trono, Él llegaría montado sobre un burrito, pues sería humilde, pero muy justo; y llegaría para darle a los judíos la victoria. Destruiría todas las armas de guerra y en todo Israel destruiría los ejércitos; anunciaría la paz en todas las naciones, y dominaría de mar a mar, ¡del río Éufrates al fin del mundo! El Señor había hecho un pacto con Judá e Israel, y lo sello con sangre; por eso, rescataría a sus presos del pozo seco donde habían estado, y volverían llenos de esperanza a esas ciudades que parecían fortalezas. Si hasta ahora habían sufrido, El Señor se comprometió a hacerlos dos veces más felices. Cuando llegara ese día, Dios mismo salvaría a su  pueblo, como salva el pastor a su rebaño; y cuando ya estuviesen en su tierra, brillarían como las joyas de una corona ¡Qué maravilloso iba a ser ver a los muchachos y a las muchachas alegres, fuertes y bien alimentados!

Los ídolos son engañosos; los adivinos sólo dicen mentiras; engañan a la gente con sus sueños, y escucharlos no da ningún consuelo; por eso la gente que los sigue y los adora, anda perdida, como un rebaño sin pastor. Esto precisamente sucedió en las naciones judías, mientras se alejaban de Dios, hacían caso a principios sin ningún tipo de fundamento, y el resultado fue fatal: sus falsos ídolos solo los llevaron por el despeñadero. ¿Cuantos no continúan aún en nuestros días con la misma ceguera espiritual? Y lamentablemente, los resultados, sino se arrepienten, serán los mismos. La ira de Dios se encendió contra esos falsos pastores y lideres, por eso serían severamente castigados. El Señor de los Ejércitos Celestiales llegaría para establecer el orden y para cuidar a Judá, su rebaño. Él los haría fuertes y magníficos, como un caballo majestuoso en la batalla. De Judá saldría la piedra principal, la estaca de la carpa, el arco para la batalla y todos los gobernantes; el Señor fortalecería a Judá y salvaría a Israel, los restauraría a causa de su compasión. Sería como si nunca los hubiese rechazado, porque el Señor su Dios, escucharía sus lamentos. El pueblo de Israel sería como poderosos guerreros, y sus corazones se alegrarían como si tomaran vino; sus hijos también verían eso y se alegrarían, sus corazones se gozarían en el Señor. Zacarías no solo predijo de forma excelente y magistral la llegada del Mesías, sino que también debió hablar acerca de los que lo traicionarían, y los que lo rechazarían, nuevamente, de forma magistral y mucho tiempo antes de que sucediese. El buen Pastor sería traicionado por treinta monedas de plata, que nunca significaron nada, ni fueron lo suficientemente valiosas, como para pagar todo lo que el Señor había hecho en favor de su pueblo. 


jueves, 27 de octubre de 2016

La Biblia en un año #Dia270

    Zacarías 7-8

El ayuno era una manifestación religiosa que los judíos mantenían desde que el Señor les dio sus mandamientos a la nación a través de Moisés, y cada verano durante los setenta años de destierro en el aniversario de la destrucción del Templo, practicaban dicho acto y guardaban luto para adorar a Dios. Sin embargo, como es sabido, toda práctica que se realiza de forma mecánica y sin ningún tipo de propósito, naturalmente no dejará algún resultado o beneficio. El mismo Dios reprochó a los judíos el hecho de que durante esos setenta años no ayunaban pensando en Él, y aún después, cuando dejaban de ayunar y comían y bebían en sus festivales santos, lo hacían para complacerse a sí mismos. El Señor le había dicho a través de los profetas a los antepasados israelitas, que debían tratarse con bondad y compasión los unos a los otros, no oprimir a las viudas, a los huérfanos ni a los extranjeros; pero ellos, se negaron a escuchar ese mensaje y endurecieron como una piedra sus corazones a la palabra de Dios. Por eso, al Señor sus ayunos le parecían simplemente incongruentes, y de la misma forma en la que ellos se negaron a escuchar a Dios cuando Él los llamó, Él tampoco los escuchó cuando clamaron a su nombre. Lo que le pasó después a los adúlteros israelitas lo sabemos bien, a causa de su conducta fueron dispersados entre las naciones lejanas, donde vivieron como extranjeros, y convirtieron su hermosa tierra en un desierto. Yo podría enumerar una larga lista con los beneficios espirituales de la práctica del ayuno, pues lo apruebo totalmente como hija de Dios, sobretodo por los efectos que ha tenido en mi vida, pero simplemente diré que el ayunar, o no ayunar, no cambia nada, si en tu corazón no hay obediencia, adoración y santidad. Esto fue lo que pidió Dios a la nueva generación judía, haciendo un llamado a una vida de justicia y misericordia en lugar de sacrificios falsos.

Luego vino palabra de Dios nuevamente a Zacarías en la que prometió solemnemente bendecir a su pueblo. Él le dijo al profeta que regresaría al monte Sión y viviría en Jerusalén, entonces Jerusalén se llamaría la Ciudad Fiel; y el monte del Señor de los Ejércitos Celestiales se llamaría Monte Santo. En ese tiempo, nuevamente los ancianos y las ancianas caminarían por las calles de Jerusalén apoyados en sus bastones, y se sentarían juntos en las plazas de la ciudad; y las calles de la ciudad se llenarían de niños y niñas que jugarían contentos. Dios sabía que mientras Zacarías diera ese mensaje al pueblo, todo lo que les dijera podía parecerles imposible, después de todo, eran un pequeño remanente que acababa de regresar a su ciudad, y es así, nosotros los seres humanos aún teniendo conocimiento del gran poder de Dios, podemos llegar a ver las cosas como inalcanzables en algunas oportunidades; sin embargo, el Señor les hizo una declaración que no tiene rival, ¿Hay algo imposible para mi?, les dijo que podían estar totalmente seguros de que Él los rescataría y los haría vivir seguros en Jerusalén. Además los animó a ser fuertes y a terminar las tareas de reconstrucción que les había encomendado, porque Él estaba plantando semillas de paz y prosperidad en toda la nación. Las vides estarían cargadas de fruta, la tierra produciría sus cosechas y los cielos soltarían el rocío; una vez más Dios haría que ese pequeño remanente de Judá y de Israel heredara todas esas bendiciones. Entre las demás naciones, Judá e Israel se convirtieron en símbolo de una nación maldita, pero ya no lo serían más, pues Dios mismo los rescataría y los haría símbolo de fuente de bendición. Así como Dios estuvo decidido a castigarlos cuando sus antepasados lo ofendieron y lo hicieron enojar, así de decidido estaba en este tiempo a bendecir a Jerusalén y a todo Judá. También le dijo el Señor a Zacarías que los ayunos tradicionales y los tiempos de luto que habían mantenido al principio del verano, en pleno verano, en el otoño y en el invierno ahora habían terminado. Se convertirían en festivales de alegría y celebración para el pueblo de Judá. Así que debían amar la verdad y la paz. De una ciudad a otra estaría la gente decidida a ir al Templo de Dios para adorarlo, muchos pueblos y naciones poderosas irían a Jerusalén a buscar al Señor y a pedir su bendición. El Señor de los Ejércitos Celestiales dijo: en aquellos días, diez hombres de naciones e idiomas diferentes agarrarán por la manga a un judío y le dirán: “Por favor, permítenos acompañarte, porque hemos oído que Dios está contigo”. ¡Gloria a Dios!