lunes, 26 de diciembre de 2016

La Biblia en un año #Dia350

Santiago 1-5

En los últimos días, y en las últimas cartas, hemos entendido el verdadero mensaje de Dios para el mundo: La salvación por gracia inmerecida; pero ciertamente esta verdad permite que algunos puedan pensar que mientras creamos en Jesús, no importa como actuemos, en definitiva no son nuestras obras las que pueden salvarnos. En virtud de esto, Santiago ofrece una gran respuesta: La fe sin obras, es inútil, pues una vez que somos salvos, debe producirse un cambios total de nuestras estructuras con el objetivo de agradar a Dios. El planteamiento del autor, es que todos los convertidos podamos mantenernos enfocados en hacer el bien, mantenernos santos, y abrazar la sabiduría de los cielos, no la sabiduría del mundo. En este sentido, el autor ofrece muchas argumentos para una fe genuina: Soportar las pruebas, obedecer la Palabra, no tener prejuicios, controlar la lengua, separarse del mundo, resistir al diablo y acercarse a Dios. Cuando tengamos que enfrentar cualquier tipo de problemas, consideremos que es como un tiempo para alegrarnos mucho, porque siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse. Así que dejemos que crezca, pues una vez que la constancia se haya desarrollado plenamente, seremos perfectos y completos, y no nos faltará nada. una persona que duda tiene la lealtad dividida y es tan inestable como una ola del mar que el viento arrastra y empuja de un lado a otro. Esas personas no deberían esperar nada del Señor; pues su lealtad está dividida entre Dios y el mundo, y son inestables en todo lo que hacen. Dios bendice a los que soportan con paciencia las pruebas y las tentaciones, porque después de superarlas, recibirán la corona de vida que Dios ha prometido a quienes lo aman. Dios nunca es tentado a hacer el mal y jamás tienta a nadie. La tentación viene de nuestros propios deseos, los cuales nos seducen y nos arrastran. De esos deseos nacen los actos pecaminosos, y el pecado, cuando se deja crecer, da a luz la muerte. Así que no nos dejemos engañar, todo lo que es bueno y perfecto es un regalo que desciende a nosotros de parte de Dios nuestro Padre, quien creó todas las luces de los cielos; Él nunca cambia ni varía como una sombra en movimiento. Él, por su propia voluntad, nos hizo nacer de nuevo por medio de la palabra de verdad que nos dio y, de toda la creación, nosotros llegamos a ser su valiosa posesión.

Una vez que somos transformados a través perdón de nuestros pecados y el rescate de nuestras almas, no podemos permanecer igual, porque cuando Dios pasa, algo pasa. Ahora debemos no sólo escuchar, sino también obedecer, ser rápidos para escuchar, lentos para hablar y lentos para enojarnos. Quitemos de nuestra vida todo lo malo y lo sucio, y aceptemos con humildad la palabra que Dios nos ha sembrado en el corazón. No solo podemos conocer la palabra de Dios, tenemos que ponerla en práctica. De lo contrario, solamente nos engañaremos a nosotros mismos; pero si miramos atentamente la Palabra de Dios, que nos hace libres, y la ponemos en práctica y no olvidamos lo que escuchamos, entonces Dios nos bendecirá por nuestra obediencia. ¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe si no lo demuestra con sus acciones? ¿Puede esa clase de fe salvar a alguien? la fe por sí sola no es suficiente. A menos que produzca buenas acciones, al contrario, está muerta y es inútil; entonces, sólo podemos demostrar que tenemos fe si la acompañamos de buenas obras. Algunos dicen tener fe porque creen que hay un solo Dios, bien, aun los demonios lo creen y tiemblan aterrorizados; pero sino vivimos conforme a esa fe que decimos tener, la verdad estaríamos muertos. Abraham fue declarado justo ante Dios por sus acciones cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar, su fe y sus acciones actuaron en conjunto: sus acciones hicieron que su fe fuera completa. Y así se cumplió lo que dicen las Escrituras: Abraham le creyó a Dios, y Dios lo consideró justo debido a su fe. Quiere decir que se nos declara justos a los ojos de Dios por lo que hacemos en respuesta a la fe y no solo por decir tenerla. No muchos deberían llegar a ser maestros en la iglesia, porque los que enseñamos seremos juzgados de una manera más estricta. Es cierto que todos cometemos muchos errores, y, si pudiéramos dominar la lengua, seríamos perfectos, capaces de controlarnos en todo sentido. La lengua es algo pequeño que pronuncia grandes discursos, y así como una pequeña chispa puede incendiar todo un bosque, la lengua como una pequeña llama, puede corromper todo el cuerpo e incendiar toda la vida, pues el mismo infierno es quien la enciende. De un mismo manantial no puede brotar agua dulce y agua salada, así que si somos sabios, y entendemos los caminos de Dios, podremos tener una vida honesta y humilde y también podremos enseñar a otros. La sabiduría que proviene del cielo es, ante todo, pura y también ama la paz; siempre es amable y dispuesta a ceder ante los demás. Está llena de compasión y del fruto de buenas acciones. Y los que procuran la paz sembrarán semillas de paz y recogerán una cosecha de justicia. Dios desea fervientemente que el espíritu que puso dentro de nosotros le sea fiel. Y él da gracia con generosidad. Así que humillémonos delante de Dios, resistamos al diablo, y él huirá de nosotros; acerquémonos a Dios y Él se acercará a nosotros. Lavemos nuestras manos y purifiquemos nuestros corazones, pues el que se humilla, será levantado con honor. Finalmente pero no menos importante, aparece en esta carta el mecanismo a través del cual nos acercamos a Dios con fe: La oración. Pues la oración de una persona justa, es decir, de una persona que le cree a Dios y actúa en virtud de esa certeza, produce resultados EXTRAORDINARIOS y maravillosos en el mundo espiritual y también en el terrenal. Mientras aguardamos la venida del Señor, la cual está cada día más cerca, mantengamos una vida de ferviente fe y oración, y esperemos con paciencia y perseverancia en medio de cualquier dificultad o agonía. El Señor honra en gran manera a quienes resisten con firmeza el tiempo de dolor, pues el Señor es bueno y está lleno de amor y misericordia. 


La Biblia en un año #Dia349

Alto de Adoración semanal...

Después de muchos días de trabajo tanto ministerial como secular, ¡Estoy oficialmente de vacaciones! Y creerán que eso me permitirá pasar mucho más tiempo escribiendo y leyendo, pero la verdad es que aún con más tiempo libre, parece que se me hace más difícil; paradójico pero cierto. La verdad Diciembre es un mes muy movido para todos, y a pesar de la difícil situación que vive mi país, sigue siendo un tiempo para los recuentros familiares y para los servicios especiales del nacimiento de Jesús en casi todas las Iglesias. Al menos en la mía, ¡Le sacamos el jugo a este mes! empezando con un parrandón navideño al estilo de la gaita venezolana, hasta el programa especial de navidad donde ya es costumbre el tradicional nacimiento viviente. La verdad es que nosotros aprovechamos todas las oportunidades para proclamar el nombre de Jesucristo, y el que quiera celebrar con nosotros, el gran regalo de su presencia, bienvenido es. Dicho esto, sigo aquí, con mi Biblia y mi computadora, mis grandes aliadas en todo este año, y la verdad es inevitable que los sentimientos me invadan. Por una parte me siento feliz de que estoy sólo a una semana de finalizar este gran reto, y por el otro lado un poco triste por dejarlo. Me he acostumbrado demasiado a esta experiencia, y ya se ha hecho parte de mi; siento que no se que haré el año que viene que pueda darme tantas satisfacciones y donde pueda invertir todo este tiempo; pero tengo ya una idea muy clara en mente de lo que sucederá jaja.. Dios es Dios y el todo lo hace invariablemente PERFECTO. 

En esta última semana estuve leyendo el libro de Hebreos, y como buena Evangelista, ¡Me encanto! Nada como leer y hablar de la persona de Jesús, y las lecciones acerca de su propósito como Salvador de este mundo, están extraordinariamente definidas en esta hermosa carta. Me encantó de principio a fin. Jesús es el único camino al Padre, nuestro Sumo Sacerdote, nuestro abogado, nuestro amado intercesor; y esas verdades no deben ser empañadas por ningún sistema o influencia. Simplemente Él es toda la verdad.  El Salmo número 139 que leeremos en este día, y que además es uno de mis favoritos, habla precisamente de los atributos de nuestro Dios. Él es omnisciente: Sabe todo de mi, y es omnipresente: Va a todos lados conmigo. Él, quien percibe aún desde lejos mis pensamientos, quien conoce mi levantarme y mi acostarme; me ha examinado y entendido, ha escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos le son conocidos; pues aún no está la palabra en mi lengua, y ya Él la sabe toda. Puedo exclamar como el salmista: Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mi, mi mente finita no lo puede comprender. ¿A dónde me iré de su Espíritu? ¿Y a dónde huiré de su presencia? Si subiere a los cielos, allí está Él; y si en el Seol hiciere mi estrado, también está.  Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aún allí me guiará su mano, y me asirá su diestra. Cristo es tanto, que definitivamente lo es todo, y lo único que puedo hacer es alabarlo; porque formidables y maravillosas son sus obras y mi alma lo sabe muy bien. ¡Cuán preciosos me son sus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumero, se multiplican más que la arena; despierto, y aún estoy con Él. 


domingo, 25 de diciembre de 2016

La Biblia en un año #Dia348

Hebreos 11-13

Después de que el autor de Hebreos magistralmente señaló el sacrificio de la cruz como el nuevo pacto de amor entre Dios y los hombres, invita a los judíos a acercarse a Él de la única manera posible: A través de la fe, no de ningún sacrificio material o físico. La fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve, y fue precisamente a través de la fe que los grandes héroes y heroínas del Antiguo Testamento pudieron ordenar sus vidas. Fue la fe, la que hizo gozar a todos los personajes mencionados en este libro, de una reputación que se mantendrá eternamente. Todas estas personas murieron aún creyendo lo que Dios les había prometido. Y aunque algunos no llegaron a recibir, lo vieron desde lejos y lo aceptaron con gusto, coincidieron en que eran extranjeros y nómadas aquí en este mundo. Es obvio que quienes se expresan así esperan tener su propio país, si hubieran añorado el país del que salieron, bien podrían haber regresado; sin embargo, buscaban un lugar mejor, una patria celestial. Se necesitaría mucho tiempo para hablar de los grandes hechos que mediante su confianza en Dios hicieron todos estos personajes, además de todos los sacerdotes, jueces y reyes; por la fe esas personas conquistaron reinos, gobernaron con justicia y recibieron lo que Dios les había prometido. Cerraron bocas de leones, apagaron llamas de fuego y escaparon de morir a filo de espada. Su debilidad se convirtió en fortaleza. Llegaron a ser poderosos en batalla e hicieron huir a ejércitos enteros. Sin embargo, otros fueron torturados, porque rechazaron negar a Dios a cambio de la libertad. Ellos pusieron su esperanza en una vida mejor que viene después de la resurrección. Algunos fueron ridiculizados y sus espaldas fueron laceradas con látigos; otros fueron encadenados en prisiones; algunos murieron apedreados, a otros los cortaron por la mitad con una sierra y a otros los mataron a espada. Algunos anduvieron vestidos con pieles de ovejas y cabras, desposeídos y oprimidos y maltratados. Este mundo no era digno de ellos. Vagaron por desiertos y montañas, se escondieron en cuevas y hoyos de la tierra. Por lo tanto, ya que estamos rodeados por esta enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe. 

Jesucristo es nuestro mayor y mas grande ejemplo de fe sin limites, él, debido al gozo que le esperaba, soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios. Y eso nos anima a no cansarnos ni a darnos por vencidos cuando nosotros mismos también sufrimos toda clase de hostilidad o sufrimientos. En medio de cualquier situación podemos sentir el aliento de Dios en nuestras vidas, pues Dios a quien ama disciplina; y al soportar esa disciplina divina, en la que nuestra fe, contrario a debilitarse, más bien se fortalece, podemos recordar que Dios nos trata como sus hijos; ¿Acaso alguien oyó hablar de un hijo que nunca fue disciplinado por su padre? Y la disciplina de Dios siempre es buena, porque tiene como finalidad que participemos con Él de su santidad. Ninguna disciplina resulta agradable a la hora de recibirla, al contrario, ¡es dolorosa! Pero después, produce la apacible cosecha de una vida recta para los que han sido entrenados por ella. Por lo tanto, renovemos las fuerzas de nuestras manos cansadas y fortalezcamos nuestras rodillas debilitadas. Tracemos un camino recto para nuestros pies, a fin de que los débiles y los cojos no caigan, sino que sean fortalecidos. Sigamos la paz para con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor; tengamos cuidado de no negarnos a escuchar a Aquel que habla. Pues, si el pueblo de Israel no escapó cuando se negó a escuchar a Moisés, ciertamente nosotros tampoco escaparemos si rechazamos a Aquel que nos habla desde el cielo.  Ya que estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos y agrademos a Dios adorándolo con santo temor y reverencia, porque nuestro Dios es un fuego que todo lo consume. Sigamos amándonos unos a otros como hermanos, y no nos olvidemos de brindar hospitalidad a los desconocidos, porque algunos que lo han hecho, han hospedado ángeles sin darse cuenta. Acordémonos de los que están en prisión como si nosotros mismos estuviésemos allí, y de los que son maltratados como si nosotros mismos sintiéramos el dolor en nuestra carne. Honremos en matrimonio, y los casados, manténganse fieles a sus esposos, pues con toda seguridad, Dios juzgará a los que cometen inmoralidades sexuales y adulterio. No amemos el dinero y estemos contentos con lo que tenemos, pues nuestro Dios nunca nos fallará y nunca nos abandonará. Acordémonos también de los lideres que nos enseñaron la Palabra de Dios, pensemos en todo lo bueno que haya resultado de su vida, e imitemos su fe. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre, así que no nos dejemos cautivar por ideas nuevas y extrañas. Nuestra fortaleza espiritual proviene de la gracia de Dios y no depende de reglas, por lo tanto, por medio de Jesús, ofrezcamos un sacrificio continuo de alabanza a Dios, mediante el cual proclamamos nuestra lealtad a su nombre. Y no nos olvidemos de hacer el bien ni de compartir lo que tenemos con quienes pasan necesidad, estos son los sacrificios que le agradan a Dios. De esta manera, el Dios de paz, quien levantó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas, y que ratificó un pacto eterno con su sangre, nos capacitará con todo lo que necesitemos para hacer su voluntad. Que él produzca en nosotros, mediante el poder de Jesucristo, todo lo bueno que a él le agrada. 


La Biblia en un año #Dia347

Hebreos 8-10

Cada sacerdote debe tener un lugar para ministrar, los sacerdotes de Aarón ministraban en la tierra y Jesús ministra en el cielo; cada sacerdote debe tener una vida para sacrificar, los sacerdotes de Aarón ofrecieron sangre de animales, Jesús ofreció su propia sangre. Y, solamente el Sumo Sacerdote podía entrar detrás del velo para hacer la expiación de pecados, Aarón llevó a cabo esta función año tras año; Cristo ofreció su propia carne como el velo, haciendo la expiación de una vez y para siempre. Todos los sacerdotes de la tierra sirven dentro de un sistema de adoración que es solo una copia, una sombra del verdadero, que está en el cielo. Pues cuando Moisés estaba por construir el tabernáculo, Dios le advirtió lo siguiente: Asegúrate de hacer todo según el modelo que te mostré aquí en la montaña. Pero ahora a Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, se le ha dado un ministerio que es muy superior al sacerdocio antiguo porque él es mediador a nuestro favor de un mejor pacto con Dios basado en promesas mejores. Si el primer pacto no hubiera tenido defectos, no habría sido necesario reemplazarlo con un segundo pacto; pero cuando Dios encontró defectos en el pueblo, estableció que haría  un nuevo pacto con el pueblo de Israel y de Judá. Ese pacto no sería como el que hizo con sus antepasados cuando los tomó de la mano y los sacó de la tierra de Egipto; pues ellos no permanecieron fieles, y en consecuencia Dios les dio la espalda. En el nuevo pacto entre Dios e Israel, el Señor pondría sus leyes en sus mentes y las escribiría en sus corazones; ellos serían su pueblo, y Él sería su Dios. Todos conocerían al Señor y Él perdonaría todas sus maldades y ya no se acordaría de sus pecados. Cuando Dios habla de un «nuevo» pacto, quiere decir que ha hecho obsoleto al primero, el cual ha caducado y pronto desaparecerá. Ese primer pacto entre Dios e Israel incluía ordenanzas para la adoración y un lugar de culto aquí, en la tierra. Todos los días, los sacerdotes entraban al Lugar Santo para celebrar el culto, pero en el Lugar Santísimo sólo podía entrar el jefe de los sacerdotes, y esto, sólo una vez al año. Entraba llevando la sangre de los animales, que él y el pueblo ofrecían para pedir perdón a Dios cuando pecaban sin darse cuenta. De este modo el Espíritu Santo da a entender que, cuando aún existía el santuario, la entrada al Lugar Santísimo no le estaba permitida a cualquiera. Todo esto se hizo así para mostrarnos lo que ahora es más importante: No podemos sentirnos perdonados sólo por haber ofrecido ofrendas y sacrificios en el culto. Todo esto son reglas que tienen que ver con comidas, bebidas y ceremonias de purificación, que nos preparan para el culto. Las reglas indican lo que se debe hacer, pero no nos ayudan a cambiar nuestra manera de vivir. Esas reglas sirven sólo mientras Dios no las cambie por algo mejor.

Ahora Cristo vino y se ha convertido en el Jefe de sacerdotes, y a él le debemos todo lo bueno que ahora nos pasa, porque el santuario donde él es sacerdote, es mejor y perfecto. No lo hizo ningún ser humano, así que no es de este mundo. Cristo no entró a ese santuario para ofrecer a Dios la sangre de animales, sino para ofrecer su propia sangre; entró una sola vez y para siempre; de ese modo, de una vez por todas nos libró del pecado. De acuerdo con la religión judía, las personas que están impuras no pueden rendirle culto a Dios; pero serán consideradas puras si se les rocía la sangre de chivos y toros, y las cenizas de una becerra sacrificada. Pues si todo eso tiene poder, más poder tiene la sangre de Cristo, porque por medio del Espíritu, que vive para siempre, Cristo se ofreció a sí mismo a Dios como sacrificio sin mancha ni pecado. Su sangre nos purifica, para que estemos seguros de que hemos sido perdonados, y para que podamos servir a Dios, que vive para siempre. Así, por medio de Jesucristo, entramos en un nuevo pacto con Dios. Porque Jesucristo murió para que Dios nos perdonara todo lo malo que hicimos cuando servíamos al primer pacto. Y por medio de su muerte, también los que hemos sido elegidos por Dios recibiremos la salvación eterna que él nos ha prometido.  Porque Cristo no entró en el santuario hecho por seres humanos, que era sólo una copia del santuario verdadero. Cristo entró en el cielo mismo, y allí se presenta ante Dios para pedirle que nos perdone. No entró para ofrecerse como sacrificio muchas veces, como aquí en la tierra lo hace el jefe de los sacerdotes, que entra una vez al año para ofrecer una sangre que no es la suya. Si Cristo tuviera que hacer lo mismo, habría tenido que morir muchas veces desde que Dios creó el mundo. Pero lo cierto es que ahora, cuando ya se acerca el fin, Cristo se ha manifestado de una vez y para siempre. La ley de Moisés era sólo una muestra de lo bueno que Dios nos iba a dar, y no lo que en verdad nos daría. Por eso, la ley nunca puede hacer perfectos a los que, cada año, van al santuario a ofrecer a Dios los mismos sacrificios de siempre. Si en verdad la ley pudiera quitarles el pecado, no se sentirían culpables y dejarían de ofrecer sacrificios a Dios. Pero Jesucristo le ofreció a Dios un solo sacrificio para siempre, y así nos perdonó nuestros pecados. Luego se sentó a la derecha del trono de Dios, y allí estará esperando, hasta que Dios derrote a sus enemigos. Porque, con un solo sacrificio, Jesucristo hizo que Dios hiciera perfectos a todos los que eligió para ser parte de su pueblo. la sangre que Jesús derramó al morir nos permite ahora tener amistad con Dios, y entrar con toda libertad en el lugar más santo. Pues cuando Jesús murió, abrió la cortina que nos impedía el paso. Pero ahora Jesús está vivo, y por medio de él podemos acercarnos a Dios de un modo nuevo y distinto. Él es nuestro gran sacerdote, encargado del santuario que está en el cielo. Por eso, mantengamos una amistad sincera con Dios, teniendo la plena seguridad de que podemos confiar en él. Porque Cristo nos dejó limpios de pecado, como si nos hubiera lavado con agua pura, y ya estamos libres de culpa. No perdamos pues nuestra confianza que tiene gran galardón, porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, no tardará. Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.


La Biblia en un año #Dia346

Hebreos 5-7

Dios elige a los jefes de los sacerdotes para que ayuden al pueblo, y para que presenten las ofrendas y sacrificios, para que Dios los perdone. Y como a esos sacerdotes también les resulta difícil obedecer a Dios, pueden mostrarse pacientes con los ignorantes y pecadores. Por eso tienen que presentar ofrendas y sacrificios, para que Dios perdone los pecados del pueblo, y también los de ellos. Pero nadie puede ser jefe de los sacerdotes sólo porque así lo quiere, sino que Dios es quien lo elige y le da ese honor, tal y como hizo con Aarón. Cristo no llegó a ser Jefe de sacerdotes porque así lo quiso, sino que Dios lo eligió y le dio ese honor; Dios mismo lo hizo Sacerdote para siempre. Cuando Cristo estuvo aquí en el mundo, oró mucho a Dios, y con lágrimas le rogó que lo librara de la muerte, pues Dios tenía poder para hacerlo. Y como Cristo siempre fue obediente, Dios contestó su oración. Aunque él era Hijo de Dios, por medio del sufrimiento aprendió lo que significa obedecer siempre a Dios; Así, una vez que Cristo hizo todo lo que Dios le mandó, se convirtió en el salvador que da vida eterna a todos los que lo obedecen. Habia mucho mas que explicarle a los judíos profesantes acerca de esto, pero todas estas cosas les eran algo difícil de comprender, puesto que habían sido enseñados durante toda su vida que Aarón y todos los demás sacerdotes hebreos eran la máxima autoridad. Estos judíos ya tenían suficiente tiempo de haber creído en la Buena Noticia, sin embargo debían enseñarles todas estas cosas como niños pequeños, que no podían comer alimentos sólidos, sino que sólo tomaban leche. Como sigue sucediendo en nuestros días, cuando una persona puede llevar muchos años en el Evangelio y sigue siendo como un niño que no distingue entre lo malo y lo bueno. Con estos hermanos se debe tener especial paciencia y misericordia para poder orientarlos, así como se hizo con los judíos en su momento a través de esta carta, para que puedan recibir alimento solido y finalmente puedan llegar a la madurez espiritual. Por eso, sigamos aprendiendo más y más, hasta que lleguemos a ser cristianos maduros. Dejemos de ocuparnos de las primeras enseñanzas que se nos dieron acerca de Cristo, y no sigamos hablando de cosas simples. Dejemos de hacer lo malo, sigamos a Cristo, y dejemos de pecar para no morir. Ya sabemos que debemos confiar en Dios, y que debemos bautizarnos; también sabemos que los que creen en Cristo reciben el Espíritu Santo, que los muertos volverán a vivir, y que habrá un juicio final. Si ya sabemos todas estas cosas, y en muchas otras hemos sido entrenados, es hora de seguir a un nivel superior en el conocimiento de Dios y no conformarnos con un alimento que no permita un crecimiento saludable y efectivo de nuestra vida en Cristo. 

El escritor anónimo de esta epístola deseaba que los hebreos no dejaran de confiar en Dios, sino que fuesen como un terreno que recibía mucha lluvia y producía muchos frutos para su dueño;  deseaba que todos siguieran con ese mismo entusiasmo hasta el fin, para que recibieran todo lo bueno que con tanta paciencia esperaban recibir. Dios no miente, su promesa y su juramento no pueden cambiar. Esto nos consuela, porque nosotros queremos que Dios nos proteja, y confiamos en que él nos dará lo prometido. Esta confianza nos da plena seguridad; es como el ancla de un barco, que lo mantiene firme y quieto en el mismo lugar. Y esta confianza nos la da Jesucristo, que traspasó la cortina del templo de Dios en el cielo, y entró al lugar más sagrado. Lo hizo para dejarnos libre el camino hacia Dios, pues Cristo es y para siempre sera el Jefe de sacerdotes. Dios le dio la ley al pueblo de Israel, esa ley se hizo pensando en que los sacerdotes de la familia de Leví ayudarían al pueblo a ser perfecto. Pero como aquellos sacerdotes no pudieron hacerlo, fue necesario que apareciera un sacerdote diferente: nuestro Señor Jesucristo. Como todos sabemos, él no descendía de la familia de Aarón, sino de la de Judá; la ley de Moisés dice que de esa familia nadie puede ser sacerdote, y nunca un sacerdote había salido de ella. Pero siendo este Sacerdote especial y diferente no se había elegido por ser miembro de una familia determinada, sino porque vive para siempre. Así que la ley de Moisés ha quedado anulada, porque resultó inútil. Esa ley no pudo hacer perfecta a la gente. Por eso, ahora esperamos confiadamente que Dios nos dé algo mucho mejor, y eso nos permite que seamos sus amigos; por eso Jesús nos asegura que ahora tenemos con Dios un pacto mejor. Antes tuvimos muchos sacerdotes, porque ninguno de ellos podía vivir para siempre. Pero como Jesús no morirá jamás, no necesita pasarle a ningún otro su oficio de sacerdote.  Jesús es el Jefe de sacerdotes que necesitábamos, pues es santo, en él no hay maldad, y nunca ha pecado. Dios lo apartó de los pecadores, lo hizo subir al cielo, y lo puso en el lugar más importante de todos. Jesús no es como los otros sacerdotes, que todos los días tienen que matar animales para ofrecérselos a Dios y pedirle perdón por sus propios pecados, y luego tienen que hacer lo mismo por los pecados del pueblo; por el contrario, cuando Jesús murió por nuestros pecados, ofreció su vida una sola vez y para siempre. A los sacerdotes puestos por la ley de Moisés les resulta difícil obedecer a Dios en todo. Pero, después de darnos su ley, Dios juró que nos daría como Jefe de sacerdotes a su Hijo, a quien él hizo perfecto para siempre.


La Biblia en un a;o #Dia345

Hebreos 3-4

En la lectura anterior comenzamos a estudiar acerca de la superioridad de Jesús, sobre el judaísmo y sobre todo sistema creado; y esto era algo a lo que los judíos del primer siglo que se habían convertido a Jesús debían aferrarse. Nosotros pertenecemos a Dios y tenemos parte con los que han sido llamados al cielo, a través de Jesús a quien declaramos mensajero de Dios y Sumo Sacerdote. Pues él fue fiel a Dios, quien lo nombró, así como Moisés fue fiel cuando se le encomendó toda la casa de Dios. Jesús merece mucha más gloria que Moisés, así como el que construye una casa merece más elogio que la casa misma. Pues cada casa tiene un constructor, pero el que construyó todo es Dios. En verdad Moisés fue fiel como siervo en la casa de Dios. Su trabajo fue una ilustración de las verdades que Dios daría a conocer tiempo después; pero Cristo, como Hijo, está a cargo de toda la casa de Dios; y nosotros somos la casa de Dios si nos armamos de valor y permanecemos confiados en nuestra esperanza en Cristo. El Señor estuvo con los israelitas en el desierto, y durante cuarenta años les mostró sus señales y milagros, sin embargo, aun después de haber escuchado su voz, los hebreos tentaron a Dios y se rebelaron en su contra, su corazón estaba lejos de El y se rehusaban a hacer su voluntad. La idea de esta carta era que los nuevos judíos no siguieran este ejemplo, y se aseguraran de no tener un corazón maligno e incrédulo que los alejara de la presencia de Dios; ellos, y aun nosotros, debemos advertirnos unos a otros todos los días cuando escuchemos su voz, para que ninguno sea engañado por el pecado y se endurezca contra Dios. Pues, si somos fieles hasta el fin, confiando en Dios con la misma firmeza que teníamos al principio, cuando creímos en él, entonces tendremos parte en todo lo que le pertenece a Cristo. Todos los que se rebelaron contra Dios a pesar de haber oído su voz, eran precisamente el pueblo hebreos que salio de Egipto guiado por Moisés; los mismos que hicieron enojar al Señor durante cuarenta años. Ellos desobedecieron y no pudieron entrar en el descanso de Dios a causa de su incredulidad.

No obstante, esa promesa de descanso sigue vigente, por lo tanto, debemos temblar de miedo ante la idea de que alguno de ustedes no llegue a alcanzarlo. Pues esta buena noticia del descanso que Dios ha preparado se nos ha anunciado tanto a ellos como a nosotros, pero a ellos no les sirvió de nada porque no tuvieron la fe de los que escucharon a Dios, pues solo los que creemos podemos entrar en su reposo.  Así que el descanso de Dios está disponible para que la gente entre, pero los primeros en oír esta buena noticia no entraron, porque no agradaron a Dios; entonces Dios fijó otro tiempo para entrar en ese descanso, y ese tiempo es hoy, a través de la presencia de Jesucristo. Ahora bien, si Josué hubiera logrado darles ese descanso, Dios no habría hablado de otro día de descanso aún por venir. Así que todavía hay un descanso especial en espera para el pueblo de Dios; pues todos los que han entrado en el descanso de Dios han reposado de su trabajo, tal como Dios reposó del suyo después de crear el mundo. Entonces, hagamos todo lo posible por entrar en ese descanso, pero si desobedecemos a Dios, como lo hizo el pueblo de Israel, caeremos. Por lo tanto, ya que tenemos un gran Sumo Sacerdote que entró en el cielo, Jesús el Hijo de Dios, aferrémonos a lo que creemos. Nuestro Sumo Sacerdote comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros, sin embargo, él nunca pecó. Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios, allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos.


sábado, 24 de diciembre de 2016

La Biblia en un año #Dia344

Hebreos 1-2

Esta carta fue escrita a judíos cristianos profesantes, que sufrían persecución por su fe en Cristo, y aunque se presume que fue escrita por el apóstol Pablo, su autor es realmente desconocido. A pesar de todas las hipótesis, la carta es anónima. Muchos de estos judíos estaban considerando hasta renunciar a su profesión de fe para volver a la seguridad que ofrecía judaísmo, pero el escritor los exhorta a mantener su fe y a continuar hacia la madurez espiritual. Hace mucho, mucho tiempo, los profetas comunicaron el mensaje de Dios a los antepasados judíos, lo hicieron muchas veces y de muchas maneras. Pero ahora, en estos últimos tiempos, Dios lo ha comunicado por medio de su Hijo, porque por medio de él Dios creó el universo, y lo hizo dueño de todas las cosas. El Hijo de Dios logró que Dios nos perdonara nuestros pecados, y después subió al cielo para sentarse a la derecha del trono de su Padre. El Hijo de Dios llegó a ser superior a los ángeles, pues Dios le dio un nombre mucho más importante que el de ellos al decirle: Tu eres mi hijo, y yo soy tu Padre; además le dijo que su reinado duraría para siempre, y usaría su poder en favor de la justicia. Se complacería en lo bueno, y rechazaría la injusticia. Dios lo declaró su rey favorito, ¡El rey más feliz de la tierra! En el principio Dios creó los cimientos de la tierra y con sus manos formó los cielos; ellos dejarán de existir, pero Jesucristo permanecerá para siempre; ellos se desgastarán como ropa vieja, los doblará como un manto y los desechará como ropa usada; pero Él seguirá siendo siempre el mismo, Él vivirá para siempre. Así que debemos prestar mucha atención a las verdades que hemos oído, no sea que nos desviemos de ellas. Pues el mensaje que Dios transmitió mediante los ángeles se ha mantenido siempre firme, y toda infracción de la ley y todo acto de desobediencia recibió el castigo que merecía. Entonces, ¿qué nos hace pensar que podemos escapar si descuidamos esta salvación tan grande, que primeramente fue anunciada por el mismo Señor Jesús, y luego nos fue transmitida por quienes lo oyeron hablar? Además, Dios confirmó el mensaje mediante señales, maravillas, diversos milagros y dones del Espíritu Santo según su voluntad.

Dios no ha puesto a los ángeles como jefes del mundo en que vamos a vivir en el futuro. En ese mundo el jefe será otro. Nuestro Jesucristo, quien está a cargo de todo lo creado, coronado de Gloria y poder, y quien tiene sujeto todo bajo sus pies. Ese "todo" significa que nada está afuera, y aunque todavía no vemos que él gobierne sobre todas las cosas, sabemos que Dios nos ama y que envió a Jesús a morir para salvarnos. Por eso, aunque Dios permitió que, por algún tiempo, Jesús fuera menos importante que los ángeles, ahora Jesús ha recibido gloria y honor. Dios hizo todas las cosas para él mismo, y quiere que su gloria la compartan todos los que lo aman y obedecen. Para eso, Dios tenía que hacer perfecto a Jesucristo y dejarlo morir, pues Jesucristo es el Salvador de todos nosotros. Todos los que aman y obedecen a Dios son sus hijos, y Dios es padre de todos ellos; y como Jesús también es Hijo de Dios, no se avergüenza de tratarnos como hermanos. Nosotros somos seres de carne y hueso, por eso Jesús se hizo igual a nosotros. Sólo así podía morir para vencer al diablo, que tenía poder para matar a hombres y a mujeres. Con su muerte, Jesús dio libertad a los que se pasaban la vida con miedo a la muerte. Queda claro que Jesús no vino para ayudar a los ángeles, sino a todos los descendientes de Abraham, y para poder ayudarlos, tenía que hacerse igual a ellos. Por eso Jesús es un Jefe de sacerdotes en quien se puede confiar, pues está lleno de amor para servir a Dios. Además, por medio de su muerte, Jesús logró que Dios nos perdonara nuestros pecados. Y como Jesús mismo sufrió, y el diablo le puso trampas para hacerlo pecar, ahora, cuando el diablo nos pone trampas, Jesús puede ayudarnos a todos. Jesucristo es superior a todos los sistemas, religiones, dogmas o creencias, incluyendo el sistema judaico al cual también perteneció; es superior a todos los profetas del Antiguo Testamento, porque Él es el hijo de Dios, y nosotros le pertenecemos. Es superior incluso a los ángeles, pues éstos le adoran a Él; él se hizo humano para así morir por la humanidad pecadora, y rechazarlo a Él, es rechazar el amor de Dios, es rechazar la esperanza misma, y es rechazar la vida eterna. Muchos herejes y sectas de hoy quieren desvirtuar a la persona de Jesucristo, claro, son usados por satanás para trastornar la verdad y llevar a los incrédulos directamente hacia la perdición; pero aquí en Hebreos tenemos una excelente herramienta para conocer quien es Jesús, y lo que ha hecho para salvarnos. Además, Cristo ha sido definido como la persona más singular de la historia, y eso es algo que satanás simplemente no puede resistir. Es que esa verdad es algo, que hasta el mismo enemigo tiene que reconocer y a la cual debe sujetarse. El sabe que Jeuscristo, ¡ES EL REY!