domingo, 11 de septiembre de 2016

La Biblia en un año #Dia217

    Jeremías 11-15

    Muchas cosas suceden en este episodio de las Escrituras, pero quizás lo más impactante y aún más conocido, fue la señal del cinto podrido; de verdad que nuestro Dios es experto para mostrarnos de forma muy clara todas las cosas. Jeremías debía comprar un cinto de lino y ponerlo sobre sus lomos, y luego, sin lavarlo, debía esconderlo en un agujero entre las rocas del río Éufrates; Jeremías hizo lo que el Señor le ordenó y después de varios días, el Señor lo mandó de nuevo al río a buscar el cinto, Jeremías tomó el cinto de donde lo había escondido, y cuando lo sacó, vio que el cinto se había podrido y que para ninguna cosa servía; luego vino palabra de Dios a él diciendo: Así haré podrir la soberbia de Judá, y la mucha soberbia de Jerusalén; este pueblo malo, que no quiere oír mis palabras, que anda en las imaginaciones de su corazón, y que va en pos de dioses ajenos para servirles, y para postrarse ante ellos, vendrá a ser como este cinto, que para ninguna cosa es bueno. El Señor había dicho a los antepasados de Judá e Israel: Si me obedecen y hacen todo lo que les mando, serán mi pueblo y yo seré su Dios, advertencia que fue repetida incesantemente por Dios hasta los días en los que Jeremías estuvo pronunciando su mensaje; sin embargo, el pueblo de Dios quebrantó ese pacto y por tanto, iban a ser merecedores de todas las terribles consecuencias que esa violación traía consigo. 

    Muchos quisieron matar a Jeremías para que no siguiera hablando en nombre de Dios, como si esto fuese a darles algún tipo de resultado; pero el mismo Dios prometió a Jeremías castigar a los que querían hacerle daño y le ordenó no orar por ese pueblo, ni levantar clamor por ellos pues Él no oiría ese clamor. Judá se enlutó y todos se sentaron tristes porque se resquebrajó la tierra por no haber llovido en el país, entonces decidieron clamar a Dios y reconocieron que por su propia maldad estaban así, y oraron pidiendo su ayuda; pero el Señor ya había determinado una cosa: castigar sus pecados. Los profetas de Judá, falsamente profetizaban acerca de una paz y un reposo que no vendría, se deleitaban en hablar palabras en nombre de Dios que Él no había enviado ni hablado; sus palabras eran producto de una visión mentirosa, de la adivinación, la vanidad y el engaño de sus corazones. Esos falsos profetas morirían victimas del hambre y de la guerra, y sus cadáveres serían arrojados en las calles de Jerusalén. El pueblo confesó su maldad y rogó para ser librado, pero ya Dios estaba decidido y dijo: Los que están destinados a la muerte, a la muerte; los destinados a la guerra, a la guerra; los destinados al hambre, al hambre; los destinados al cautiverio, al cautiverio. Debido a las cosas perversas que Manasés, hijo de Ezequías, rey de Judá, hizo en Jerusalén, este pueblo sería objeto de horror para todas las naciones de la tierra. Jeremías se sintió muy triste, en todas partes lo odiaban y lo maldecían, y ¿Como no? su mensaje de juicio era demasiado fuerte y muy difícil de resistir; de verdad yo tampoco hubiese querido estar en sus zapatos, y solo siento, al igual que me pasó al leer a Isaías, una profunda y total admiración por estos profetas y los que aún siguen ejerciendo este don y este gran Ministerio de Dios. El Señor consoló a Jeremías, y le dijo: Yo cuidaré de ti, Jeremías; tus enemigos te pedirán que ruegues a su favor en tiempos de aflicción y angustia. La vida del ungido de Dios y del que ha decidido servirle contra todo pronostico, no siempre es fácil; pero siempre, siempre, podremos contar con su ayuda, su presencia y su consuelo, y esa, es la mejor y gran medicina para cualquier herida; el Señor iba a estar con Jeremías para protegerlo y para rescatarlo; Él siempre lo mantendría a salvo. Como maestras de la Palabra también me enfrento a grandes retos, pero hoy Dios también me dice: Tranquila hija, sigue adelante, yo siempre te mantendré a salvo. Gloría sea dada al Rey por siempre y para siempre. 



viernes, 9 de septiembre de 2016

La Biblia en un año #Dia216

    Jeremías 7-10

    La obediencia es y siempre será el mayor de los sacrificios que puedas ofrendar a Dios, y ella se antepone a las victimas, porque mediante las victimas se sacrifica la carne ajena, en cambio por la obediencia se sacrifica la voluntad propia. El Señor todopoderoso, el Dios de Israel, le dijo a su pueblo que lo que Él quería, era que ellos se comportaran como él lo había ordenado para que les fuese bien, esto, antes que cualquier tipo de holocausto o sacrificio; pero ellos no quisieron obedecerlo ni hacerle caso, sino que tercamente se dejaron llevar por las malas inclinaciones de sus corazones, y en vez de volverse a él, le dieron la espalda. De nada servía que los judíos escogieran los mejores animales para ofrecerlos en el Templo de Dios como ofrenda, cuando al salir de Templo, robaban, mataban, cometían adulterio, juraban falsamente, ofrecían incienso a Baal, y daban culto a dioses paganos. La adoración de Israel no era genuina, la religiosidad y la incredulidad los había consumido; y aunque creamos que esto está muy lejos de sucedernos a nosotros, si debemos reflexionar cada día en el fondo, y aún en las formas de la adoración que estamos ofreciendo a nuestro Dios. El Templo del Señor somos nosotros, la Iglesia de Jesucristo somos nosotros, el único sacrificio vivo, santo y agradable que debemos presentar delante de Él es una vida de obediencia y de honra, conservada con total pureza y autenticidad. Basta ya de religiosidad, de sacrificios y servicios mediocres, para continuar siendo los mismos seres carnales incapaces de recibir la unción de Dios; es hora de ser lámparas de adoración encendidas, brillantes y resplandecientes, donde verdaderamente dejes de ser tuyo para ser de Cristo. Jeremías en su dolor y lamento, trató de interceder por su pueblo, y rogó a Dios para que los librara del castigo venidero, pero el Señor estaba tan ofendido que le dijo que no suplicara ni insistiera, el juicio vendría, y la ira de Dios sería como un incendio que no se apagaría.

El Señor preguntó: ¿Por qué Israel?  ¿por qué me traicionaste? ¿Por qué, Jerusalén, renegaste de mí para siempre? ¿Por qué te empeñas en ser rebelde y no quieres volver?; El Señor había estado escuchando con atención y no oyó a nadie que se arrepintiera de su maldad y tuviese la franqueza de decir: volveremos a nuestro Dios. La nación no quiso obedecer al Señor su Dios, ni quiso ser corregida; se aferraron a sus mentiras y no quisieron regresar al camino que les había sido enseñado. Jeremías lloró por su pueblo, su corazón estaba destrozado; una profunda pena lo embargó al escuchar el lamento de Judá por toda la tierra; ¿Por qué? Se preguntaba Jeremías, ¿Por qué mi pueblo abandonó a su Rey? Las lagrimas no le eran suficientes para derramarlas dia y noche por ellos, hubiese preferido marcharse lejos y no ser testigo de todo su adulterio y de todas sus traiciones; todos se engañaban y se estafaban entre sí, ninguno decía la verdad; con la lengua, entrenada a fuerza de práctica, repetían sus mentiras y pecaban hasta el cansancio; amontonaron para si calumnias, y rechazaron por completo el conocimiento de Dios. ¿No habrían de ser castigados por eso?, decía el Señor; ¿No habría de tomar venganza contra semejante nación?. Jerusalén se convertiría en un montón de ruinas, y todas las ciudades de Judá serían abandonadas; ¿Quién podía tener suficiente sabiduría para entender todo esto? ¿Por qué habría de ser tan aruinada esta tierra? porque el pueblo de Dios abandonó sus instrucciones, se negó a obedecerlo, y en cambio, se pusieron tercos y siguieron sus propios deseos: ¿No es esto algo común aún en nuestros días?. El llanto llegaría a Jerusalén, y entre ruinas y humillaciones, la muerte se deslizaría por sus ventanas. Los egipcios, los edomitas, los amonitas, los moabitas, la gente que vivía en el desierto en lugares remotos, todos serían castigados; aún lo sería la gente de Judá, quienes al igual que todas estas naciones paganas, también habían demostrado tener un corazón incircunciso. La idolatría trae destrucción, y los dioses inútiles, asegurados con martillos y clavos, que necesitan que los lleven en los brazos porque no pueden caminar, nunca, jamás podrán compararse con el único y soberano Dios, pues Él es grande y su nombre está lleno de poder. ¿Quién no le temería al Rey de las naciones? ¡Ese título le pertenece solo a Él! Entre todos los sabios de la tierra y en todos los reinos del mundo no hay nadie como Dios; el Señor es el único Dios verdadero, Él es el Dios viviente y el Rey eterno. Los ídolos son inútiles, en el día del juicio, todos serán destruidos; pero el Dios de Israel, no es ningún ídolo; Él es el Creador de todo lo que existe, incluido Israel, su posesión más preciada;  ¡El Señor de los Ejércitos Celestiales es su nombre! Y es el único digno de ser exaltado y adorado en todas las naciones de la tierra. 


La Biblia en un año #Dia215

    Jeremías 4-6

    ¿Cómo te sentirías si Dios te dice: -Voy a destruir tu nación, no quedará nada de ella-? Jeremías sintió tanto dolor, que su corazón se agitaba dentro de él. El enemigo vendría de tierras lejanas para invadir y destruir a Judá, y el Señor lo permitiría; sus propios hechos habían traído el juicio sobre ellos, y el amargo castigo los penetraría. Jeremías tuvo una visión del desastre venidero, una tierra vacía y sin forma; ciudades arrasadas y en ruinas, la bella Jerusalén, quedaría casi sin poder respirar. Creo que de haber sido Jeremías, también habría llorado, y mucho. Aunque sigo clamando y creyendo que la Gloria de Dios viene sobre Venezuela y que Él, puede sanar mi nación, no ha sido fácil ver como cada día satanás se ha levantado para hurtar, matar y destruir mi país de diversas maneras; solo espero ese día, en el cual, de toda esta tierra seca brotarán hermosos manantiales de vida, y en el cual la presencia del todopoderoso y del gran YO SOY, nos de descanso. Así como un cáncer puede esparcirse por todo el cuerpo, los pecados de Judá se multiplicaron en toda la nación; si al menos se encontraba una sola persona justa y honrada, el Señor no los destruiría, pero lamentablemente esto no fue así; la irreverente y ensoberbecida apostasía de este pueblo, había alcanzado el extremo. Al abrir una sola puerta a satanás, viene otra y después otra, y otra y otra; y sino permaneces alerta, apartado para Dios, y cuidando de no caer, muy pronto tu también puedes terminar cargado de pecados y arrastrado por diversas concupiscencias.

    Ni los habitantes de Judá, ni sus lideres quisieron escuchar a Dios, y se negaron a ser corregidos; eran tercos, de caras duras como piedra, y se  rehusaron arrepentirse. Los pueblos de Israel y Judá  se llenaron de traición contra Dios. Debido a que el pueblo de Dios se comportaba de esa manera, el Señor ordenó a Jeremías que sus mensajes saldrían de su boca como llamas de fuego y quemarían al pueblo como si fuera leña. El Señor permitiría que Israel y Judá fuesen invadidas y devoradas, sin embargo, aun en esos días, no iban a ser eliminados por completo. La sentencia era esta: Ustedes rechazaron a Dios y se entregaron a dioses extranjeros en su propia tierra, ahora servirán a extranjeros en una tierra que a ustedes no les pertenece. Los judíos tenían un corazón tan terco y rebelde que se habían privado de las maravillas de Dios, y su pecado les había robado todas sus bendiciones. Jeremías continúo su ardua labor advirtiendo a Jerusalén acerca del juicio venidero de Dios, no obstante, la rebelión del pueblo se mantenía constante; tan fácil que habría sido arrepentirse, ¿Cierto? Pero el pecado pone tan grandes velos en nuestros rostros que simplemente nos negamos a escoger un camino menos tortuoso. El Señor ofreció a Judá un camino justo y una senda donde encontrarían descanso para sus almas, y sin embargo, ellos lo volvieron a rechazar; se negaron a escucharlo e ignoraron su Palabra, eran rebeldes de la peor clase, llenos de calumnia; eran tan duros como el bronce y el hierro y llevaban a otros a la corrupción. De nada serviría que a ellos se les refinara ya que su perversidad permanecía; por tanto, el Señor los marcaría como a plata rechazada, y ahora sería Él quien los desecharía.


miércoles, 7 de septiembre de 2016

La Biblia en un año #Dia214

      Jeremías 1-3

    Hoy empezamos un nuevo Libro, ¡Jeremías! El famoso profeta llorón, y vamos a ir descubriendo el porqué de este particular apodo. Jeremías provenía de una familia de sacerdotes, y su principal labor fue llamar al arrepentimiento al reino de Judá cuando Josías llevaba trece años como rey; también se le dieron otros mensajes durante los reinados de Joacín y de Sedequías, hijos del rey Josías, hasta la cautividad de Jerusalén. Desde antes de que Jeremías naciera, el Señor lo había elegido y apartado para que hablara en su nombre a todas las naciones del mundo; y aunque Jeremías tuvo miedo por su poco vocabulario y por su juventud, el Señor todopoderoso le tocó los labios y le dijo: No digas que eres muy joven, a partir de este momento tú hablarás por mí; irás a donde yo te mande, y dirás todo lo que yo te diga. El Señor comunicó sus planes acerca del castigo que recibiría Judá, y le ordenó que fuese y dijese todo lo que Él había mandado. Jeremías iba a enfrentarse a todas las autoridades de Judá, y ellos pelearían con él; pero Dios le aseguró que no iban a poder vencerlo, porque su presencia estaría a su lado para cuidarlo. El Señor haría a Jeremías tan fuerte como un poste de hierro, como un portón de bronce, y como una ciudad amurallada. 

    Judá se rebeló contra su Dios, por eso Jeremías debía decirle a todos los habitantes de Jerusalén, que el Señor, quien los liberó de Egipto, quien los llevó por el desierto, por un terreno seco y peligroso, donde nadie pasa y donde nadie vive; los había llevado a buena tierra, donde había comida en abundancia, pero ellos todo lo ensuciaron, y convirtieron su tierra en un lugar asqueroso. Los sacerdotes nunca preguntaron por Él, los maestros de Biblia jamás lo conocieron, los dirigentes pecaron contra Dios, y los profetas nunca hablaron en su nombre; todos se volvieron tras otros dioses que no servían para nada, y en nombre de ellos si hablaron. Jamás se había conocido una nación que hubiese abandonado a sus dioses, aun cuando sus dioses fuesen falsos; pero los israelitas habían cambiado al Señor, quien es el Dios verdadero y glorioso, por dioses inútiles, y así de inútiles se volvieron ellos también. El pueblo de Dios cometió dos pecados: Dejaron a Dios, que era para ellos una fuente de agua les daba vida, y se hicieron sus propios estanques, que no podían retener el agua; el Señor era su guía, pero ellos lo rechazaron. En medio de la aflicción, Jerusalén buscaría ayuda en Egipto, si, los mismos que los habían tenido cautivos años atrás, ya saben que solo el ser humano tropieza dos veces con la misma piedra; pero la indignación de Dios era tan grande, que prometió que regresarían de Egipto derrotados y llenos de vergüenza; simplemente nada los salvaría de lo que Dios ya había decidido hacer. Para el Señor Israel era como una esposa infiel, sus dioses eran más numerosos que los amantes de una prostituta; en los cerros altos y bajo la sombra de cualquier árbol adoraban a dioses extraños, y aunque el Señor pensó que después de haberlo engañado tanto, se arrepentirían y volverían con Él, no fue así. Tanto Israel como Judá traicionaron a Dios, lo pusieron en vergüenza y contaminaron con idolatría sus países; todos, habían herido el corazón del Señor.


viernes, 2 de septiembre de 2016

La Biblia en un año #Dia213

 
 
Isaías 63-66

Hoy terminamos de leer Isaías, y debo decir que luego de estos 66 capítulos, amo mucho más a mi Dios y Salvador Jesucristo; cada vez que reflexiono en el gran amor de Dios y en el sacrificio de la cruz me lleno de aliento, de fortaleza, de paz, de consuelo; el Rey murió por mi, y ese es mi mayor regalo. Nada que en mis propias fuerzas pueda conseguir, ninguna alegría terrenal, ningún beneficio postrero o anhelo cumplido por él mismo, se compara con la Gloria que vivo y que viviré eternamente en su presencia. A Isaías pienso que se le dio uno de los mayores privilegios: Ser el encargado de anunciar al Mesías, pero no nos engañemos, ese privilegio también es nuestro, y debemos tomarlo, y usarlo para siempre proclamar el nombre sobre todo nombre y las buenas noticias de Salvación para el mundo. Ya saben que lo mio, lo mio, es el evangelismo; y este Libro, sin duda, me hizo atesorar aún más mi llamado y mi deseo de predicar a Jesús. El Señor marcharía con fuerza, vestido de vestiduras reales y proclamando su salvación; en su enojo pisaría a sus enemigos como si fuesen uvas, pues era la hora de cobrar venganza por su pueblo, y de rescatar a sus hijos de sus opresores. Cuando Israel sufría, él Señor también sufría, y aunque ellos se rebelaron contra él y entristecieron a su Santo Espíritu; Él personalmente los rescató y en su amor y en su misericordia los redimió. Desde el principio del mundo, ningún oído ha escuchado, ni ojo ha visto a un Dios como Jehová, quien actúa a favor de los que esperan en él.

Israel se había apartado de los caminos del Señor y a causa de su terquedad, dejaron de termerle; sin embargo, también reconocieron su desobediencia, y oraron por misericordia y perdón; y esto es, lo más importante en miras a mantener y a recuperar, dado el caso, una relación sana y estable con Dios. El pueblo de Dios tuvo la humildad de admitir que habían sido afectados e infectados por el pecado, y que su impureza los apartaba de Él; por lo que clamaron para ser perdonados y restaurados, intercedieron por sus ciudades destruidas, y le pidieron su ayuda para ser librados de nuevo, del desierto abrasador que significa permanecer lejos de su presencia; a todo esto el Señor respondió de una manera magistralemente amorosa: Estaba listo para responder, pero nadie me pedía ayuda; estaba listo para dejarme encontrar, pero nadie me buscaba. ¡El está! El siempre está, y aún cuando nuestras acciones o actitudes de algún modo puedan hacer división entre Él y nosotros, Él siempre estará allí, en el mismo lugar, dispuesto a limpiarnos, sanarnos, perdonarnos y darnos una nueva oportunidad; y esto es algo por lo que nunca, nunca vamos a poder pagar. Su amor es extraordinariamente inagotable. Por su misericordia el Señor conservaría un remanente del pueblo de Israel y de Judá, para que poseyeran la tierra; una tierra nueva y una nueva Jerusalén que sería un lugar de felicidad, con un pueblo que sería fuente de alegría.


jueves, 1 de septiembre de 2016

La Biblia en un año #Dia212

    Isaías 58-62


    A Isaías se le dijo: Habla con voz fuerte y sin miedo a Israel acerca de su rebelión y de sus pecados; ¿trabajo difícil el de los profetas de Dios cierto? Pero bastante necesario. Israel había roto su comunión con Dios a causa de sus ofensas, y, aunque Dios hubiese decidido salvarlos, no lo haría sin antes mostrarles lo terrible de su falsa adoración. Como es común de los religiosos, o de aquellas personas que no desean caminar una milla más hacia la búsqueda real de la presencia de Dios, los israelitas hicieron alarde de todo aquello que "hacían" para recibir su bendición, y he aquí donde pienso que estaba el verdadero problema; ellos fingían una adoración mecánica y aprendida, para participar en una especie de intercambio de favores con el Señor; dejando muy lejos la verdadera humillación de su espíritu delante de Él; aún pretendieron desafiar a Dios diciendo que sus ayunos no les estaban brindando los resultados esperados, pues el Señor ni siquiera los recibía. ¿Será que los hijos de Dios podemos llegar a ser tan arrogantes como para pensar que Él está de algún modo obligado a cumplir todos nuestros caprichos?, o, ¿Que no se da cuenta cuando nos acercamos a su presencia solo cuando necesitamos algo?, o ¿Será como me dijo mi Pastor en estos días? que todo el tiempo queremos que Él nos llene, pero no vamos hasta su altar para ser verdaderamente saciados. Definitivamente hay mucho para reflexionar. Cuando los israelitas (y nosotros), fuesen realmente honestos en su adoración, y cuando ofrecieran al Señor verdaderos frutos dignos de arrepentimiento, entonces su salvación llegaría como el amanecer, y sus heridas serían curadas; su justicia los guiaría hacia adelante y atrás los protegería la gloria del Señor. Sepan algo, y más allá, créanlo; cuando actuamos de este modo, es cuando podemos estar seguros de que llamaremos a Dios y Él nos responderá; “sí, aquí estoy”, contestará enseguida. Yo quiero eso, ¿Ustedes no? Y estoy dispuesta a hacer todo lo que Él me pida para vivirlo. 

    La mano de Dios no se había acortado para salvar, pero los hebreos se habían contaminado de maldad, mentira e iniquidad, y todos sus pecados hicieron división entre ellos y el Señor; una división que ni el mismo Dios pudo soportar. Aún el pecado más oscuro podía y puede ser limpiado por la misericordia de Dios, y donde hay arrepentimiento, hay salvación. Israel confesó su maldad, reconocieron haber ofendido a Dios y sabían que eran sus propios pecados los que los acusaban; al ser infieles al Señor, se convirtieron en seres violentos y traicioneros, engañadores y burladores de la justicia; pero Dios, el gran Dios, les mostró compasión; entonces decidió usar su propio poder y así les dio la salvación. Al ver el poder de Dios todo el mundo temblaría de miedo, porque Dios vendría con la furia de un río desbordado, y empujado por un fuerte viento; Él vendría a salvar a los que vivían en Jerusalén, y a todos los israelitas que se arrepintieran de sus pecados; y juró que así sería. Luego de todo esto, se formaría una nueva Jerusalén, es así, todo el redimido obtiene para si, una nueva vida; y ese nuevo pueblo, formado por un nuevo pacto de amor y perdón, se levantaría y resplandecería con la luz de Jehová, y aunque la tinieblas cubrirían la tierra, y oscuridad las naciones; sobre ellos amanecería Jehová, y sobre todos sería vista su gloria. Para todo Israel, y aún para este nuevo Israel insertado que somos los creyentes en Jesucristo, el sol no es necesario como luz de día, ni el resplandor de la luna es necesario por las noches, porque Jehová es nuestra luz perpetua, y Él será nuestro resplandor. Las buenas nuevas de Salvación para Sión estaban cargadas de galardones: Buenas noticias a los abatidos, consuelo a los quebrantados, libertad a los cautivos, apertura de cárcel a los presos, consuelo para los enlutados, alegría para el Espíritu angustiado; todo un tiempo de buena voluntad agradable y perfecta de parte de Dios para el receptor de sus bendiciones. Después de permanecer un largo tiempo anunciando un mensaje de juicio, Isaías pudo gozarse en esta nueva esperanza para su pueblo, una palabra dada por él, pero cumplida en la vida más preciosa que ha podido y podrá existir: La del ungido de Dios, Jesucristo el Rey.  Jerusalén en vez de desamparada y desolada sería llamada ciudad deseada, y todos sus habitantes serían pueblo Santo, redimidos de Jehová. Hasta lo último de la tierra se escuchó: viene su Salvador; he aquí su recompensa con él y delante de Él su obra. ¡Aleluya!



lunes, 29 de agosto de 2016

La Biblia en un año #Dia211

    Isaías 52-57 

    Desde hace tres días no he podido volver a escribir pues he estado un poco comprometida con mis actividades Ministeriales, ya saben, el que ama al Señor, ama también su obra; sin embargo, ya estoy lista para retomar mis lecturas y mis reflexiones, pues, ya a más de 200 días, este reto se hizo su propio espacio en mi y la verdad lo extraño cuando no puedo hacerlo. Ya sabemos algo maravilloso: Dios libraría del cautiverio a Sión, ¡Que gran alivio! ¿Cierto? El sabor de la libertad después de haber permanecido tanto tiempo prisionero es en verdad inefable.Vestida de ropa hermosa y de fuerza se levantaría Jerusalén para salir de la esclavitud, y ya no entraría por sus puertas la gente impura que no temía a Dios; las ruinas de Jerusalén cantarían de alegría, y recibirían consuelo por parte de Dios; el Señor manifestó su santo poder ante los ojos de todas las naciones, y todos los confines de la tierra vieron la victoria de nuestro Dios. El despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto, sufriría y soportaría todo en obediencia al plan de Dios; llevando todas las enfermedades, y sufriendo con valentía todo el dolor  del mundo entero; el azotado, herido y abatido por todas nuestras rebeliones, y molido por todos nuestros pecados, llevó sobre sus hombros el castigo de nuestra paz, y por su llaga hemos sido curados.

    Aunque Jesucristo nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca; Jehová quiso quebrantarlo, y su vida fue  puesta en expiación por el pecado; no podemos nunca olvidar esto: Él no lo merecía, ese era nuestro lugar; tanto nos amó Dios que tuvo el deseo de remover nuestras culpas en el padecimiento de su único hijo; fue oprimido y tratado con crueldad, y aún así, no dijo ni una sola palabra. Como cordero fue llevado al matadero, y como oveja fue en silencio ante sus trasquiladores, no abrió su boca; al ser condenado injustamente, se lo llevaron, a nadie le importó que muriera sin descendientes; ni que le quitaran la vida a mitad de camino; herido fue de muerte por la rebelión del pueblo de Dios; no obstante, cuando su vida fuese entregada en ofrenda por el pecado, tendría un gran linaje, y disfrutaría de una larga vida; pues en su mano, la voluntad de Dios sería prosperada. Cuando Él viese todo lo que se logró mediante su angustia, quedaría satisfecho; y a causa de lo que sufrió, haría posible que muchos fuesen contados entre los justos, porque cargaría con todos sus pecados. Gracias a todo su enorme, extraordinario y hermoso sacrificio y a su exposición a la muerte, Dios mismo declaró que le rendiría los honores de un soldado victorioso. El amor de Dios hacia Jerusalén era eterno, y ahora ella, la esteril que no daba a luz, levantaría canción y daría voces de júbilo; iba a olvidarse de la verguenza de su juventud, y de la afrenta de su viudez, ya no tendría más memoria. Ahora su esposo, Jehová de los ejércitos, le daría muchos hijos, y su Redentor, el Santo de Israel, Dios de toda la tierra sería llamado; porque como a mujer abandonada y triste de espíritu los llamó Dios, y como a la esposa de la juventud que había sido repudiada, los recogió con enormes misericordias. Así como juró Dios, en tiempos de Noé, que nunca más permitiría que un diluvio cubriera la tierra, también juró que nunca más se enojaría con Israel, y que nunca más los castigaría. Las montañas podrán moverse y las colinas desaparecer, pero aun así el fiel amor de Dios por sus hijos, permanecerá; su pacto de bendición nunca será roto, dice el Señor, quien tiene misericordia de ti. 

    La Salvación de Dios está totalmente disponible, no solo Jerusalén pudo y podrá disfrutar de ese hermoso regalo, sino que la misericordia gratuita de nuestro Padre Celestial se extiende a todo aquel que cree; ¿Lo harás tu? A través de ese sacrificio eterno de perdón y restauración, podemos encontrar vida y disfrutar de ese amor inagotable prometido al linaje de David. Busquemos al Señor mientras pueda ser encontrado y llamémoslo ahora, mientras está cerca; volvamos nuestros rostros a Dios, y Él nos perdonará con generosidad. El Alto y majestuoso que vive en la eternidad, el Santo, dice: Yo vivo en el lugar alto y santo con los de espíritu arrepentido y humilde; restauro el espíritu destrozado del humilde y reavivo el valor de los que tienen un corazón arrepentido. Todas estas profecías dadas por Dios a Isaías referentes a Jesucristo, el gran Salvador del mundo, fueron predichas por el Profeta 700 años antes de que ocurriesen, y tal cual como Isaías estableció el gran mensaje de consuelo, redención y misericordia mediante el Mesías, la Palabra fue exactamente cumplida en todos sus términos, pues Dios no miente; en palabras del mismo Jesús en la tierra: nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Ya Él mismo lo sabía, que esa triste cruz cargada de pecados, sería el símbolo de amor más inmenso para toda la humanidad. Yo siempre amaré esa cruz... Gracias Dios, gracias Jesucristo. Eres incomparable.