Tu, que abres el mar para que en seco podamos cruzar; Poderoso Dios.
Tu, que aun puedes convertir mi agua en vino; Poderoso Dios.
Tu, que cuando dices al viento que se calme el se calma; Poderoso Dios.
Tu, que por amor entregaste lo mas amado para salvar; Poderoso Dios.
Tu, que con tu mano hiciste todo el universo y lo que en el habita; Poderoso Dios.
Tu, que las tinieblas las disipas con tu luz; Poderoso Dios.
Tu, que abres camino en el desierto y ríos en la soledad; Poderoso Dios.
Tu, que me sostienes de mi mano derecha; Poderoso Dios.
Tu, que en medio de la sequía haces llover; Poderoso Dios.
Tu, que puedes mover las montañas de un lugar a otro; Poderoso Dios.
Tu, que resucitas a los que duermen; Poderoso Dios.
Tu, que dejas atrás lo pasado y haces todas las cosas nuevas; Poderoso Dios.
Tu, que das vida a los huesos; Poderoso Dios.
Tu, que salvas aun del horno de fuego ardiente; Poderoso Dios.
Tu, que haces llover maná del cielo; Poderoso Dios.
Tu, que me escogiste, nombre me diste y tuya me hiciste; Poderoso Dios.
viernes, 4 de abril de 2014
sábado, 15 de marzo de 2014
Busca la luz
Otra vez Jesús les habló diciendo: Yo soy
la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la
luz de la vida. Juan 8:12
Aquel que sigue a Jesús no andará jamás en
tinieblas puesto que EL es la luz del mundo. Las tinieblas son el ambiente
donde Satanás se llena y se mueve, es a donde nos quiere llevar para aislarnos
e impedir que disfrutemos de la comunión y la relación con nuestro Padre
Celestial; pretende que andemos escondidos, presos y sin posibilidades; el
quiere vernos en ausencia total de luz, es decir, en oscuridad. La oscuridad no
puede ser vencida con más oscuridad, solo la luz puede hacerlo; si sientes que
todo está oscuro y tenebroso a tu alrededor, que estás encerrado en las
circunstancias sin poder salir y te ves cada día mas hundido, sintiendo que las
soluciones se encuentran desaparecidas; te invito a buscar la luz de la vida
que solo Jesucristo puede darte. Abre la puerta de esa habitación oscura y sin
ventanas donde te encuentras y deja que la luz de Dios pueda alcanzar todos tus
rincones.
Jesús
es la luz y la salvación, la fortaleza de nuestras vidas (Salmos 27:1), cuando
decides creer en El y seguirle comienzas a andar en luz, y aún en medio de un
entorno oscuro, la luz de Jesús resplandece en tu vida y las tinieblas no
pueden prevalecer contra ella. (Juan 1:5) No te resistas a esta maravillosa
promesa de Dios, deja que la luz pueda irradiar tu ser a pesar de las
situaciones tenebrosas y no sigas aislado de la vida iluminada que Jesús quiere
darte.
miércoles, 5 de febrero de 2014
El amor de Dios no se devalúa
"Estas
cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción;
pero confiad, yo he vencido al mundo." Juan 16:33
Jesucristo
antes de partir comunicó un gran numero de verdades a sus discípulos, entre
ellas, que atravesarían un tiempo de tristeza cuando el ya no estuviese
físicamente con ellos; que iba a haber llanto y lamento pero que esa tristeza
ciertamente se convertiría en gozo, un gozo que no podría ser arrebatado por
nada en el momento en el que se volvieran a ver. Hubo una promesa de parte del
Señor, -sufrirán pero nos volveremos a ver-. Observemos algo, Jesús no prometió
que nuestra estancia en este mundo sería placentera, que no íbamos a tener
problemas o situaciones lamentablemente dolorosas o inquietantes; sus palabras
exactas describían el hecho de que en este mundo habría aflicción, angustia y
consternación. Las malas noticias se encuentran a la orden del día, es lo que
escuchamos y lo que observamos; quizás nos sentimos alarmados al ver los fríos
corazones de aquellos que cometen la maldad; nos lamentamos por la falta de
amor al prójimo que propicia tantos hurtos, muertes y destrucción, que solo
pueden ser usados por el padre de la mentira, Satanás; hasta llegamos a
sentirnos atacados en nuestra propia comodidad, al no poder acceder con
facilidad a todo aquello de lo que somos acreedores por el fruto de nuestro
trabajo, como la comida para nuestra mesa, el vestido de nuestro cuerpo y el
calzado de nuestros pies. Parece suceder que no hemos logrado comprender que
todo esto que ocurre es en cumplimiento de la palabra de Dios, y nos vamos
perdiendo en la consternación como sino tuviésemos en quien poner nuestra
mirada.
Jesús
estableció claramente que todo lo que había hablado era para que en EL
tuviésemos paz, y no la paz como el mundo la da, encontrada en cosas materiales
o pasajeras, sino aquella en la que pudiésemos vivir tranquilos confiando en el
poder de aquel que ha vencido al mundo y nos declara más que vencedores. Es
cierto que vivimos tiempos difíciles, en una actualidad contradictoria, con una
economía desafiante y con grandes conflictos externos, amenazas, alarma, caos y
desesperación; pero el amor de Dios no pierde su valor, no disminuye, no
depende de las circunstancias, y el mismo que fue fiel para prometer será fiel
para cumplir sus promesas.
Es
necesario el cumplimiento de las señales evidentes que indican que nuestro
Señor está cerca, y mientras eso ocurre debemos guardar y declarar la palabra
viva y eficaz que nos indica que aunque haya llanto y dolor debemos confiar en
la victoria segura que obtendremos al regreso del Señor; sabiendo que no hay
nada que se escape de su control, entendiendo que todas las cosas ayudan para
bien a los que aman a Dios, con seguridad de que estaremos en las manos de
nuestro Creador todos los días hasta el fin del mundo, con certeza de que todo
don perfecto desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni
sombra de variación.
Esa
palabra fuerte y penetrante que Jesús compartió con sus discípulos permanece
para siempre, -sufrirán pero nos volveremos a ver-; confiemos! aguardemos la
esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y
Salvador Cristo Jesús; declarando con firmeza la promesa liberadora de que nos
espera lo mejor.
miércoles, 15 de enero de 2014
Vida mía
Es el amor eterno que me has regalado, el que prolonga cada una de tus
misericordias.
Yo te amo vida mía, más allá de cualquier acto
generoso que continuamente haces por mí; te amo porque eres tu mismo la obra
viva del amor de Dios.
Eres tu el amor, y cada vez que te pienso se siente
más intenso el latir del corazón.
Yo se que te amo porque no podría existir sin
ti;
Eres tu Jesús, el que sacia mi deseo en la sequía y
da vida a mis huesos; me haces manantial cuyas aguas nunca faltan, que fluyen de lo profundo de mi ser por
la certeza de creerte.
Es porque tú me amaste primero, y no
rechazaste la cruz por mí, al entregarte por completo solo para hacerme
vivir.
Al amarte voy sintiendo como no puede haber otro
como tu, nada es comparable a tu eterna salvación.
Eres tú que al profundamente conocerme, no puedes
oponerte a derramar tu gracia y a abrazarme con pasión.
No necesito el temer a una eternidad sin ti para
que este amor brote dentro de mí;
No es la ilusión de poder tenerte para siempre lo
que me hace amarte así;
Es sencillo vida mía, yo te amo porque si.
Yo que nada soy, todo lo tengo al tenerte a ti.
martes, 15 de octubre de 2013
Velando y orando
Velad, pues, en todo tiempo orando, que seais tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar de pie delante del hijo del hombre. Lucas 21:36
La oración es el elemento más importante de la guerra espiritual, ese que debemos utilizar para no entrar en tentación, para poder salir airosos de los ataques del enemigo y mantenernos de pie delante de nuestro Señor. Debemos entender que nos encontramos en un campo de batalla, en el cual nuestro Espíritu está dispuesto a hacer las cosas que puedan agradar, glorificar y alabar al Señor, pero nuestra carne sigue siendo débil (Mateo 26:41); es por ello que nuestro Señor sintió la necesidad de darnos una solución a tal adversidad. El Señor Jesús nos hace un llamado a ser sobrios y velar en oración puesto que, como en toda batalla, nos enfrentamos a un adversario que desea derrotarnos y busca incesantemente la forma de lograrlo, como un león rugiente que busca a quien devorar (1° Pedro 5:8).
Al velar cuidamos con esmero, hacemos guardia y custodiamos de forma permanente, este es el ritmo adecuado y totalmente necesario de oración, uno que no se detenga, que no se interrumpa ni tenga fin, tal y como nos exhorta el Apóstol Pablo cuando nos indica que debemos orar sin cesar (1° Tesalonicenses 5:17). Es mediante la dedicación profunda a la comunicación con nuestro Padre Celestial que podremos obtener la fuerza y el poder para vencer! para ir hacia adelante, superando la tentación, ganándole a nuestro enemigo sin darle ninguna oportunidad para derrotarnos, que no tenga forma alguna de penetrar en tu vida porque te encuentras totalmente blindado por el poder liberador y efectivo de la oración.
Nuestra guerra espiritual se manifiesta todos los días, ante cada una de las tentaciones que enfrentamos como seres humanos. Jesucristo, nuestro Señor, dijo a sus discípulos en el monte de los Olivos que debían levantarse y orar para no entrar en tentación (Lucas 22:46); esta palabra nos invita a tomar animo en nuestra disciplina de oración, entendiendo que es el único mecanismo que tenemos para no ceder ante los deseos indebidos de nuestra carne, y para no caer en las trampas de nuestro enemigo.
Es mediante la oración que podremos tener la fortaleza necesaria para atravesar cada una de las luchas y pruebas que se nos presentan como creyentes, entendiendo que, aunque en algunas oportunidades no obtengamos la respuesta que queremos, y sea la voluntad buena, agradable y perfecta de Dios la que se cumpla, siempre vamos a ser animados con la fuerza espiritual que se desprende de la oración para afrontar las situaciones difíciles, aunque éstas puedan prolongarse por un lapso para cumplir el propósito de Dios. Por esta razón cuando nos encontramos atravesando adversidades o luchas es cuando debe ponerse en manifiesto aun con mas intensidad nuestra dedicación a la practica de oración. En todo tiempo, en todo momento, ante cualquier circunstancia, ante la dicha, ante las pruebas, sea cual sea la situación en la que nos encontremos, nuestra herramienta prioritaria debe ser la oración.
La oración es el elemento más importante de la guerra espiritual, ese que debemos utilizar para no entrar en tentación, para poder salir airosos de los ataques del enemigo y mantenernos de pie delante de nuestro Señor. Debemos entender que nos encontramos en un campo de batalla, en el cual nuestro Espíritu está dispuesto a hacer las cosas que puedan agradar, glorificar y alabar al Señor, pero nuestra carne sigue siendo débil (Mateo 26:41); es por ello que nuestro Señor sintió la necesidad de darnos una solución a tal adversidad. El Señor Jesús nos hace un llamado a ser sobrios y velar en oración puesto que, como en toda batalla, nos enfrentamos a un adversario que desea derrotarnos y busca incesantemente la forma de lograrlo, como un león rugiente que busca a quien devorar (1° Pedro 5:8).
Al velar cuidamos con esmero, hacemos guardia y custodiamos de forma permanente, este es el ritmo adecuado y totalmente necesario de oración, uno que no se detenga, que no se interrumpa ni tenga fin, tal y como nos exhorta el Apóstol Pablo cuando nos indica que debemos orar sin cesar (1° Tesalonicenses 5:17). Es mediante la dedicación profunda a la comunicación con nuestro Padre Celestial que podremos obtener la fuerza y el poder para vencer! para ir hacia adelante, superando la tentación, ganándole a nuestro enemigo sin darle ninguna oportunidad para derrotarnos, que no tenga forma alguna de penetrar en tu vida porque te encuentras totalmente blindado por el poder liberador y efectivo de la oración.
Nuestra guerra espiritual se manifiesta todos los días, ante cada una de las tentaciones que enfrentamos como seres humanos. Jesucristo, nuestro Señor, dijo a sus discípulos en el monte de los Olivos que debían levantarse y orar para no entrar en tentación (Lucas 22:46); esta palabra nos invita a tomar animo en nuestra disciplina de oración, entendiendo que es el único mecanismo que tenemos para no ceder ante los deseos indebidos de nuestra carne, y para no caer en las trampas de nuestro enemigo.
Es mediante la oración que podremos tener la fortaleza necesaria para atravesar cada una de las luchas y pruebas que se nos presentan como creyentes, entendiendo que, aunque en algunas oportunidades no obtengamos la respuesta que queremos, y sea la voluntad buena, agradable y perfecta de Dios la que se cumpla, siempre vamos a ser animados con la fuerza espiritual que se desprende de la oración para afrontar las situaciones difíciles, aunque éstas puedan prolongarse por un lapso para cumplir el propósito de Dios. Por esta razón cuando nos encontramos atravesando adversidades o luchas es cuando debe ponerse en manifiesto aun con mas intensidad nuestra dedicación a la practica de oración. En todo tiempo, en todo momento, ante cualquier circunstancia, ante la dicha, ante las pruebas, sea cual sea la situación en la que nos encontremos, nuestra herramienta prioritaria debe ser la oración.
viernes, 30 de agosto de 2013
Obediencia o sacrifico
El sacrificio es una ofrenda que se hace a la divinidad; en el Antiguo Testamento encontramos ejemplos de algunos sacrificios que se hacían a Dios, y en la actualidad, vemos aun ciertos grupos religiosos que se complacen en hacer estas ofrendas creyendo que a través de ellas van a obtener algún favor de parte del Señor; sin embargo, existe un mayor sacrificio que debemos dar a nuestro Señor y este es, nuestra obediencia. La Obediencia puede tomar muchas matices, quizás pueda ponerse en manifiesto cuando debemos esperar y no hacer nada, tal y como los discípulos debían esperar en Jerusalen por la promesa del Espíritu Santo (Hechos 1:4); tal vez debamos obedecer dando pasos de acción, del modo en el que Noé debió construir un arca por mandato divino; y en algunos casos obedecer puede significar entregar lo que amamos.
en el libro de Génesis, capitulo 22, Dios pide a Abraham que tome a su hijo Isaac, a quien amaba, para que lo ofreciera en holocausto sobre un monte que el le diría; el holocausto era una ceremonia religiosa antigua en la que se daba en sacrificio una victima que era quemada, Abraham debía entonces renunciar a lo que más amaba en obediencia al Señor. Abraham fue un hombre al cual Dios le prometió que tendría una gran descendencia en la tierra, haciendo de el una nación grande y bendecida. (Génesis 12:2); sin embargo para que Abraham pudiese cumplir este propósito de Dios en la tierra debía ser obediente y hacer como Dios le había encomendado. Abraham decidió obedecer la voz de Dios, tomar a su hijo Isaac e ir al lugar donde el Señor le había dicho para sacrificarlo, y una vez que todo estaba dispuesto para realizar este acto tan impactante y doloroso, dijo Dios a Abraham que no lo hiciera, que ya había demostrado que le temía y le amaba al no haberle rehusado a su único hijo, y que por esa razón iba a bendecirlo y a multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar y que iban a ser benditas en su simiente todas las naciones de la tierra!
El obedecer ciertamente es mejor que los sacrificios (1 Samuel 15:22); la obediencia se antepone a las victimas, porque mediante las victimas se sacrifica la carne ajena, en cambio por la obediencia se sacrifica la voluntad propia. Dios probó a Abraham, no para hacerlo caer o porque tuviese malas intenciones, sino para incrementar su capacidad de obedecerle. Cuando estamos frente a la prueba podemos escoger entre el rechazo, la desobediencia, la queja y el lamento, o pensar como Dios nos está forzando un poco para formar nuestro carácter y aumentar nuestra consagración. El Señor no quería la muerte de Isaac, de hecho, condena el sacrificio humano como un pecado, pero si quería constatar que Abraham realmente lo amaba.
Dios se complace en hijos que no se rehúsan a hacer su voluntad por encima de cualquier circunstancia; aún en la tarea mas cotidiana, frente a las situaciones más simples, en la sujeción a nuestra pareja, nuestros padres, lideres, autoridades; en todas aquellas acciones que debemos hacer y aún dejar de hacer como creyentes; no nos rehusemos pues en obedecer la palabra de Dios y en cumplir cada llamado que ÉL nos hace para transformarnos, cambiarnos y bendecirnos; de ese modo además de responderle con satisfacción, estaríamos agradandole y también formando una vida llena de gozo y temerosa de Dios.
jueves, 29 de agosto de 2013
El ejemplo de Tito
“Tito, verdadero hijo en la común fe: Gracia, misericordia y
paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo nuestro Salvador. Por esta causa
te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos
en cada ciudad, así como yo te mandé” v 5-6
Tito fue uno de los siervos fieles del Apóstol Pablo, al cual se le encomendó una importante tarea, pastorear a la iglesia en Creta, una de las islas más grandes en el mar mediterráneo. En la carta a Tito encontramos una serie de recomendaciones que le fueron dadas para enseñar a los cretenses a ser bondadosos, sobrios, justos, santos, y retenedores de la palabra. El deber de Tito como líder era enseñar a los miembros de su iglesia que debían realizar una práctica externa de su salvación en su vida diaria, esto quiere decir que el comportamiento de los creyentes debía mostrar la doctrina que proclamaban.
El joven Tito tenia características dignas de ser reconocidas; era
organizado (Tito 1:5), ya que impuso un orden en la iglesia; fue responsable,
al asumir su compromiso como líder de la iglesia; obediente en el cumplimiento
de la tarea que le fue encomendada; valiente, al momento de enfrentar los
problemas y afrontar el caos; mostró honestidad tanto con Pablo como con la
iglesia; se encargo de impartir una sana doctrina (Tito 2:1-6), y ser un modelo
para todos los creyentes (Tito 2:7). Un ejemplo es un caso o hecho que se
prolonga para que se imite y se siga o para que se huya y se evite, esto quiere
decir que existen buenos y malos ejemplos; Te animo a que podamos cultivar y
ajustar a nuestra persona todas estas valiosas cualidades que mostró el líder
Tito, tomar su buen ejemplo y poder imprimir en nuestro entorno una
huella auténtica, transformadora, que corrija lo deficiente y enseñe con honestidad
el evangelio de Cristo; siendo al igual que Tito un ejemplo para todo aquel que
nos rodee.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


.jpg)


