sábado, 15 de marzo de 2014

Busca la luz

Otra vez Jesús les habló diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Juan 8:12
 Aquel que sigue a Jesús no andará jamás en tinieblas puesto que EL es la luz del mundo. Las tinieblas son el ambiente donde Satanás se llena y se mueve, es a donde nos quiere llevar para aislarnos e impedir que disfrutemos de la comunión y la relación con nuestro Padre Celestial; pretende que andemos escondidos, presos y sin posibilidades; el quiere vernos en ausencia total de luz, es decir, en oscuridad. La oscuridad no puede ser vencida con más oscuridad, solo la luz puede hacerlo; si sientes que todo está oscuro y tenebroso a tu alrededor, que estás encerrado en las circunstancias sin poder salir y te ves cada día mas hundido, sintiendo que las soluciones se encuentran desaparecidas; te invito a buscar la luz de la vida que solo Jesucristo puede darte. Abre la puerta de esa habitación oscura y sin ventanas donde te encuentras y deja que la luz de Dios pueda alcanzar todos tus rincones.

Jesús es la luz y la salvación, la fortaleza de nuestras vidas (Salmos 27:1), cuando decides creer en El y seguirle comienzas a andar en luz, y aún en medio de un entorno oscuro, la luz de Jesús resplandece en tu vida y las tinieblas no pueden prevalecer contra ella. (Juan 1:5) No te resistas a esta maravillosa promesa de Dios, deja que la luz pueda irradiar tu ser a pesar de las situaciones tenebrosas y no sigas aislado de la vida iluminada que Jesús quiere darte.

miércoles, 5 de febrero de 2014

El amor de Dios no se devalúa

"Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo." Juan 16:33

Jesucristo antes de partir comunicó un gran numero de verdades a sus discípulos, entre ellas, que atravesarían un tiempo de tristeza cuando el ya no estuviese físicamente con ellos; que iba a haber llanto y lamento pero que esa tristeza ciertamente se convertiría en gozo, un gozo que no podría ser arrebatado por nada en el momento en el que se volvieran a ver. Hubo una promesa de parte del Señor, -sufrirán pero nos volveremos a ver-. Observemos algo, Jesús no prometió que nuestra estancia en este mundo sería placentera, que no íbamos a tener problemas o situaciones lamentablemente dolorosas o inquietantes; sus palabras exactas describían el hecho de que en este mundo habría aflicción, angustia y consternación. Las malas noticias se encuentran a la orden del día, es lo que escuchamos y lo que observamos; quizás nos sentimos alarmados al ver los fríos corazones de aquellos que cometen la maldad; nos lamentamos por la falta de amor al prójimo que propicia tantos hurtos, muertes y destrucción, que solo pueden ser usados por el padre de la mentira, Satanás; hasta llegamos a sentirnos atacados en nuestra propia comodidad, al no poder acceder con facilidad a todo aquello de lo que somos acreedores por el fruto de nuestro trabajo, como la comida para nuestra mesa, el vestido de nuestro cuerpo y el calzado de nuestros pies. Parece suceder que no hemos logrado comprender que todo esto que ocurre es en cumplimiento de la palabra de Dios, y nos vamos perdiendo en la consternación como sino tuviésemos en quien poner nuestra mirada.
Jesús estableció claramente que todo lo que había hablado era para que en EL tuviésemos paz, y no la paz como el mundo la da, encontrada en cosas materiales o pasajeras, sino aquella en la que pudiésemos vivir tranquilos confiando en el poder de aquel que ha vencido al mundo y nos declara más que vencedores. Es cierto que vivimos tiempos difíciles, en una actualidad contradictoria, con una economía desafiante y con grandes conflictos externos, amenazas, alarma, caos y desesperación; pero el amor de Dios no pierde su valor, no disminuye, no depende de las circunstancias, y el mismo que fue fiel para prometer será fiel para cumplir sus promesas.
Es necesario el cumplimiento de las señales evidentes que indican que nuestro Señor está cerca, y mientras eso ocurre debemos guardar y declarar la palabra viva y eficaz que nos indica que aunque haya llanto y dolor debemos confiar en la victoria segura que obtendremos al regreso del Señor; sabiendo que no hay nada que se escape de su control, entendiendo que todas las cosas ayudan para bien a los que aman a Dios, con seguridad de que estaremos en las manos de nuestro Creador todos los días hasta el fin del mundo, con certeza de que todo don perfecto desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación.
Esa palabra fuerte y penetrante que Jesús compartió con sus discípulos permanece para siempre, -sufrirán pero nos volveremos a ver-; confiemos! aguardemos la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús; declarando con firmeza la promesa liberadora de que nos espera lo mejor.



miércoles, 15 de enero de 2014

Vida mía

Es el amor eterno que me has regalado, el que prolonga cada una de tus misericordias. 
Yo te amo vida mía, más allá de cualquier acto generoso que continuamente haces por mí; te amo porque eres tu mismo la obra viva del amor de Dios. 
Eres tu el amor, y cada vez que te pienso se siente más intenso el latir del corazón. 
Yo se que te amo porque no podría existir sin ti; 
Eres tu Jesús, el que sacia mi deseo en la sequía y da vida a mis huesos; me haces manantial cuyas aguas nunca faltan, que fluyen de lo profundo de mi ser por la certeza de creerte.
 Es porque tú me amaste primero, y no rechazaste la cruz por mí, al entregarte por completo solo para hacerme vivir. 
Al amarte voy sintiendo como no puede haber otro como tu, nada es comparable a tu eterna salvación. 
Eres tú que al profundamente conocerme, no puedes oponerte a derramar tu gracia y a abrazarme con pasión. 
No necesito el temer a una eternidad sin ti para que este amor brote dentro de mí; 
No es la ilusión de poder tenerte para siempre lo que me hace amarte así; 
Es sencillo vida mía, yo te amo porque si. 
Yo que nada soy, todo lo tengo al tenerte a ti.


martes, 15 de octubre de 2013

Velando y orando

Velad, pues, en todo tiempo orando, que seais tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar de pie delante del hijo del hombre. Lucas 21:36
La oración es el elemento más importante de la guerra espiritual, ese que debemos utilizar para no entrar en tentación, para poder salir airosos de los ataques del enemigo y mantenernos de pie delante de nuestro Señor. Debemos entender que nos encontramos en un campo de batalla, en el cual nuestro Espíritu está dispuesto a hacer las cosas que puedan agradar, glorificar y alabar al Señor, pero nuestra carne sigue siendo débil (Mateo 26:41); es por ello que nuestro Señor sintió la necesidad de darnos una solución a tal adversidad. El Señor Jesús nos hace un llamado a ser sobrios y velar en oración puesto que, como en toda batalla, nos enfrentamos a un adversario que desea derrotarnos y busca incesantemente la forma de lograrlo, como un león rugiente que busca a quien devorar (1° Pedro 5:8).
Al velar cuidamos con esmero, hacemos guardia y custodiamos de forma permanente, este es el ritmo adecuado y totalmente necesario de oración, uno que no se detenga, que no se interrumpa ni tenga fin, tal y como nos exhorta el Apóstol Pablo cuando nos indica que debemos orar sin cesar (1° Tesalonicenses 5:17). Es mediante la dedicación profunda a la comunicación con nuestro Padre Celestial que podremos obtener la fuerza y el poder para vencer! para ir hacia adelante, superando la tentación, ganándole a nuestro enemigo sin darle ninguna oportunidad para derrotarnos, que no tenga forma alguna de penetrar en tu vida porque te encuentras totalmente blindado por el poder liberador y efectivo de la oración.
Nuestra guerra espiritual se manifiesta todos los días, ante cada una de las tentaciones que enfrentamos como seres humanos. Jesucristo, nuestro Señor, dijo a sus discípulos en el monte de los Olivos que debían levantarse y orar para no entrar en tentación (Lucas 22:46); esta palabra nos invita a tomar animo en nuestra disciplina de oración, entendiendo que es el único mecanismo que tenemos  para no ceder ante los deseos indebidos de nuestra carne, y para no caer en las trampas de nuestro enemigo.

Es mediante la oración que podremos tener la fortaleza necesaria para atravesar cada una de las luchas y pruebas que se nos presentan como creyentes, entendiendo que, aunque en algunas oportunidades no obtengamos la respuesta que queremos, y sea la voluntad buena, agradable y perfecta de Dios la que se cumpla, siempre vamos a ser animados con la fuerza espiritual que se desprende de la oración para afrontar las situaciones difíciles, aunque éstas puedan prolongarse por un lapso para cumplir el propósito de Dios. Por esta razón cuando nos encontramos atravesando adversidades o luchas es cuando debe ponerse en manifiesto aun con mas intensidad nuestra dedicación a la practica de oración. En todo tiempo, en todo momento, ante cualquier circunstancia, ante la dicha, ante las pruebas, sea cual sea la situación en la que nos encontremos, nuestra herramienta prioritaria debe ser la oración.

viernes, 30 de agosto de 2013

Obediencia o sacrifico

El sacrificio es una ofrenda que se hace a la divinidad; en el Antiguo Testamento encontramos ejemplos de algunos sacrificios que se hacían a Dios, y en la actualidad, vemos aun ciertos grupos religiosos  que se complacen en hacer estas ofrendas creyendo que a través de ellas van a obtener algún favor de parte del Señor; sin embargo, existe un mayor sacrificio que debemos dar a nuestro Señor y este es, nuestra obediencia. La Obediencia puede tomar muchas matices, quizás pueda ponerse en manifiesto cuando debemos esperar y no hacer nada, tal y como los discípulos debían esperar en Jerusalen por la promesa del Espíritu Santo (Hechos 1:4); tal vez debamos obedecer dando pasos de acción, del modo en el que Noé debió construir un arca por mandato divino; y en algunos casos obedecer puede significar entregar lo que amamos. 
en el libro de Génesis, capitulo 22, Dios pide a Abraham que tome a su hijo Isaac, a quien amaba, para que lo ofreciera en holocausto sobre un monte que el le diría; el holocausto era una ceremonia religiosa antigua en la que se daba en sacrificio una victima que era quemada, Abraham debía entonces renunciar a lo que más amaba en obediencia al Señor. Abraham fue un hombre al cual Dios le prometió que tendría una gran descendencia en la tierra, haciendo de el una nación grande y bendecida. (Génesis 12:2); sin embargo para que Abraham pudiese cumplir este propósito de Dios en la tierra debía ser obediente y hacer como Dios le había encomendado. Abraham decidió obedecer la voz de Dios, tomar a su hijo Isaac e ir al lugar donde el Señor le había dicho para sacrificarlo, y una vez que todo estaba dispuesto para realizar este acto tan impactante y doloroso, dijo Dios a Abraham que no lo hiciera, que ya había demostrado que le temía y le amaba al no haberle rehusado a su único hijo, y que por esa razón iba a bendecirlo y a multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar y que iban a ser benditas en su simiente todas las naciones de la tierra! 
El obedecer ciertamente es mejor que los sacrificios (1 Samuel 15:22); la obediencia se antepone a las victimas, porque mediante las victimas se sacrifica la carne ajena, en cambio por la obediencia se sacrifica la voluntad propia. Dios probó a Abraham, no para hacerlo caer o porque tuviese malas intenciones, sino para incrementar su capacidad de obedecerle. Cuando estamos frente a la prueba podemos escoger entre el rechazo, la desobediencia, la queja y el lamento, o pensar como Dios nos está forzando un poco para formar nuestro carácter y aumentar nuestra consagración. El Señor no quería la muerte de Isaac, de hecho, condena el sacrificio humano como un pecado, pero si quería constatar que Abraham realmente lo amaba. 
Dios se complace en hijos que no se rehúsan a hacer su voluntad por encima de cualquier circunstancia; aún en la tarea mas cotidiana, frente a las situaciones más simples, en la sujeción a nuestra pareja, nuestros padres, lideres, autoridades; en todas aquellas acciones que debemos hacer y aún dejar de hacer como creyentes; no nos rehusemos pues en obedecer la palabra de Dios y en cumplir cada llamado que ÉL nos hace para transformarnos, cambiarnos y bendecirnos; de ese modo además de responderle con satisfacción, estaríamos agradandole y también formando una vida llena de gozo y temerosa de Dios. 

jueves, 29 de agosto de 2013

El ejemplo de Tito

“Tito, verdadero hijo en la común fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo nuestro Salvador.  Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé” v 5-6

Tito fue uno de los siervos fieles del Apóstol Pablo, al cual se le encomendó una importante tarea, pastorear a la iglesia en Creta, una de las islas más grandes en el mar mediterráneo. En la carta a Tito encontramos una serie de recomendaciones que le fueron dadas para enseñar a los cretenses a ser bondadosos, sobrios, justos, santos, y retenedores de la palabra. El deber de Tito como líder era enseñar a los miembros de su iglesia que debían realizar una práctica externa de su salvación en su vida diaria, esto quiere decir que el comportamiento de los creyentes debía mostrar la doctrina que proclamaban.

El joven Tito tenia características dignas de ser reconocidas; era organizado (Tito 1:5), ya que impuso un orden en la iglesia; fue responsable, al asumir su compromiso como líder de la iglesia; obediente en el cumplimiento de la tarea que le fue encomendada; valiente, al momento de enfrentar los problemas y afrontar el caos; mostró honestidad tanto con Pablo como con la iglesia; se encargo de impartir una sana doctrina (Tito 2:1-6), y ser un modelo para todos los creyentes (Tito 2:7). Un ejemplo es un caso o hecho que se prolonga para que se imite y se siga o para que se huya y se evite, esto quiere decir que existen buenos y malos ejemplos; Te animo a que podamos cultivar y ajustar a nuestra persona todas estas valiosas cualidades que mostró el líder Tito,  tomar su buen ejemplo y poder imprimir en nuestro entorno una huella auténtica, transformadora, que corrija lo deficiente y enseñe con honestidad el evangelio de Cristo; siendo al igual que Tito un ejemplo para todo aquel que nos rodee.




lunes, 19 de agosto de 2013

¿Cuál es el cristal con el que miras?


La palabra de Dios establece que tal es el pensamiento del hombre en su corazón tal es el (Proverbios 23:7), podemos inferir entonces, que  aquello a lo que le dediquemos más interés, y lo que constantemente ocupe nuestros pensamientos, es aquello que pondremos en manifiesto; por esta razón mientras el tiempo pasa y con el, nuestra vida, debemos estar muy conscientes del alimento que le damos a nuestro espíritu, y realizar una auto evaluación constante de nuestras actitudes hacia los demás. La critica es un mecanismo efectivo que nuestro adversario utiliza para contaminar nuestros corazones al punto de hacernos sentir descontentos con cualquier cosa que suceda a nuestro alrededor; comenzamos a señalar de forma negativa a nuestro prójimo y a las circunstancias que nos rodean, creyendo que como seres humanos estamos facultados para hacer cualquier tipo de observación en aquello, que a nuestro parecer, no está bien; engañándonos a nosotros mismos bajo esta falsa concepción, de esta forma terminamos siendo presos de este tan común y terrible ataque, emitiendo juicios insensatos de forma incontrolable y malintencionada.  Existe una delgada línea entre la critica constructiva, que es aquella que propone soluciones a los problemas, a través de observaciones objetivas expresadas con una opinión formal, fundada y razonada; y la critica destructiva, que es aquella que de forma subjetiva dirigimos a la persona, a través de la cual buscamos culpabilizar y acusar; por esta razón, debemos ser diligentes y cuidadosos tratando de no cruzarla. Los señalamientos constructivos, no se dirigen directamente hacia las personas, sino hacia ciertos actos y comportamientos, y deben producirse con el objeto de motivar el bien común y prevenir problemas potenciales, no deben ser en ningún caso, para atacar de forma negativa aquello con lo que no estamos de acuerdo.

El enemigo conoce nuestros puntos débiles, e intentará por todos los medios hacernos caer, tratando de convertirnos en individuos presos de nuestros deseos, insatisfechos, frustrados y por consiguiente, infelices; por eso utiliza esta trampa común para que aún inconscientemente, vayamos llenándonos de inconformidad y amargura, y de este modo ataquemos de forma negativa a cada persona que nos rodea. Jesucristo nos hace un llamado importante en su palabra, no mirar la paja en el ojo ajeno sin antes mirar la viga que tenemos en el nuestro (Mateo 7:3-5); es por ello, que no nos corresponde emitir juicio contra los demás cuando somos igual de imperfectos; debemos construir con nuestras palabras y observaciones, procurando en todas las situaciones edificar a nuestros semejantes, con una actitud que exprese el amor del Cristo que vive en nuestros corazones, para alcanzar tanto el bienestar ajeno y común como el propio; almacenando en nuestro interior sentimientos de rechazo y desprecio solo lograremos una terrible insatisfacción personal que no dejará fluir la bondad de nuestro Salvador. Solo Dios en su perfecto amor, como nuestro Juez justo, es el encargado de hacernos justicia. Gracias a la eterna misericordia de Dios, tenemos la oportunidad de ser rescatados de la practica de esta conducta, es a través de su perdón que podemos ser libres, tomando la decisión personal de querer librarnos de las criticas destructivas y el juicio y pidiéndole a El la fuerza necesaria para hacerlo. Dios te bendiga!