lunes, 14 de agosto de 2017

Jesús

  • Amado de mi alma, Eres mi razón, mi deseo, mi anhelo; mi propósito de cada día es poder amarte y darte lo mejor. Mi tesoro encontrado, mi camino mas seguro, mi lugar favorito para descansar. Mi fuente inagotable de sabiduría y vida eterna, mi amigo, mi hermano, mi confidente; mi amor. Al decir tu nombre, todo toma su sitio. Nadie es como tu, nadie hace lo que haces tu, nadie tiene el poder que tienes tu; y nadie llena mis espacios como tu. Nadie nunca podría ocupar tu lugar, porque eres mi Rey, mi vida, mi momento perfecto; mi compañía, y mi hogar. Todos los días te amo mas, te anhelo mas, te necesito mas. Todos los días digo tu nombre y encuentro paz, todos los días digo tu nombre y empiezo a creer; todos los días digo tu nombre y puedo ser feliz. Jesús... Mi precioso, en ti encontré todo lo que un día busqué y creí que no existía. Tu, no eres solo un espacio, tu lo eres todo para mi. No hay limites que puedan contenerte; no hay medida que pueda definirte; no hay tamaño que pueda alcanzarte, ni altura que pueda estar por encima de ti. Todos los días eres mio, todos los días soy tuya. Todos los días somos el uno para el otro eternamente. 
¡Siempre te amaré!

miércoles, 2 de agosto de 2017

TOMA TU POSICIÓN


Si te quedas callada en un momento como este, el alivio y la liberación para los judíos surgirán de algún otro lado, pero tú y tus parientes morirán. ¿Quién sabe si no llegaste a ser reina precisamente para un momento como este? Ester 4:14

Cuando algunos de los judíos decidieron permanecer en Persia luego del exilio babilónico, enfrentaron una seria conspiración en su contra, hasta el punto de casi ser destruidos. Lo que trajo ese 'casi' fue la intervención de Ester, una bella judía, huérfana, que Dios había levantado como reina en esa nación. Cuando Ester decide entrar en la presencia del Rey para interceder por su pueblo, ya había sido advertida de que, si los judíos eran asesinados, ella también lo seria. Entonces Ester, decidió orar y ayunar junto a todo su pueblo durante tres días, y puso en marcha su petición ante el Rey. Una vez que Ester entró en su presencia, rogó e imploró de rodillas por su nación, por lo que finalmente, tanto ella como su pueblo fueron salvados. Luego de esto, los judíos decidieron celebrar una fiesta en honor a la victoria; fiesta llamada Purim, y que celebran aún en la actualidad cada año, para conmemorar el milagro que Dios hizo a su favor. 

Hoy, en Venezuela, el protagonismo de los hijos de Dios sigue siendo el mismo que en la antigüedad: Entrar en la presencia del Rey y clamar por un pueblo que indudablemente, satanás quiere destruir. Y se hace apremiante tomar nuestra posición como reyes y sacerdotes, pues sino nos atrevemos a intervenir en momentos como este, el lamento será aún mayor. No podemos simplemente ver los toros desde la barrera, sino decidirnos a ayudar a nuestro pueblo. Este es el tiempo de las Ester, de los Daniel, de los José, de enfrentar el reto y derrotar a los enemigos, pues para eso es que nos ha establecido nuestro Dios en esta nación. Así como ellos, somos instrumentos en manos del Señor para bendición de nuestras generaciones, por eso, no podemos estar solo de paso, como simples espectadores de la tragedia. Con oración y ayuno, entremos en la presencia del Rey, pues Él también hoy, puede conceder nuestra petición y salvar nuestro pueblo. 

domingo, 23 de julio de 2017

Dios es soberano

Siempre tengo presente este terrible tiempo mientras me lamento por mi pérdida. No obstante, aún me atrevo a tener esperanza cuando recuerdo lo siguiente: ¡El fiel amor del Señor nunca se acaba! Sus misericordias jamás terminan. Lamentaciones 3:20-22

Durante 40 años estuvo Jeremías advirtiendo al pueblo hebreo acerca del juicio de Dios, a menos que ellos se arrepintieran y cambiaran su conducta. Pero frente a su insistente clamor, solo consiguió una fría indiferencia. Por lo que finalmente, Israel fue arrasada por los babilonios y Jerusalén, terminó completamente desierta. De este modo nace el libro de Lamentaciones, el diario de este profeta, sobre el cual derramó sus más profundas lagrimas por la nación destruida. El capitulo número tres de este libro, es un poema acróstico, elaborado con una letra consecutiva del alfabeto hebreo por cada tres versículos; el cual, traducido al lenguaje actual de las escrituras, completa la siguiente frase: Yo soy el siervo sufriente. En este tercer lamento, Jeremías equipara su propio sufrimiento con el del resto de la ciudad y anhela ser restaurado por Dios. El profeta sufrió en carne propia la tristeza y la amargura por la destrucción de su pueblo, sin embargo, también pudo comprender el propósito ulterior de Dios, y expresar una nota de esperanza dentro de su poema fúnebre: Grande es la fidelidad de Dios, sus misericordias jamás terminan. Y Jerusalén, en el tiempo propicio, también recibiría la compasión del Señor. Hoy domingo, se cumplen dos semanas de la muerte de mi tía, después de haber estado afectada con un cáncer de médula muy agresivo que consumió todo su cuerpo. Durante solo cinco meses, desde que empezó a padecer, hasta el día que falleció, mi tía estuvo batallando con una enfermedad que redujo su carne por completo, y aunque nosotros, su familia, no padecíamos de igual forma, también sufríamos junto a ella. Esta pérdida ha significado un duro golpe para todos nosotros, más aún para mi abuela y para su pequeña hija de dos años. Aún nos mantenemos absortos, afligidos y completamente tristes por esta situación. 

Creo haberme sentido como Jeremías, el siervo sufriente, frente a esta drástica y dura decisión de parte del Señor; pues la verdad, me ha dolido profundamente. Como hija de Dios, entiendo que Él no comete errores, y que jamás permite algo sin un propósito, el cual, siempre, siempre, redundará para el beneficio de los que le aman. Sin embargo, al igual que el profeta, en este momento no dejo de llorar ni de sufrir por mi pérdida. He leído este Libro y este capitulo de la Biblia durante toda mi vida como creyente, y puedo asegurar que solo hasta este momento, pude comprenderlo. Porque el duelo, es de esas cosas que se entienden, solo hasta que se viven. No obstante, no podría dejar de agradecer a Dios, porque así como Jeremias, puedo decir: Hay esperanza, Dios sigue siendo fiel y por siempre lo será; y también, porque en medio de este terrible dolor, que solo hemos podido mitigar con la presencia de Dios, hemos sentido su consuelo, su fortaleza, y su pronto auxilio. Además, así como hubo promesa de restauración para Jerusalén, también se cumplió la promesa de salvación para mi tía, quien durante este padecimiento, pudo reconocer a Cristo como Señor y Dios. Ella pudo haber perdido la batalla en su carne, pero la ganó en su espíritu que es finalmente lo más importante. Después de todo pienso, que Dios tuvo misericordia de ella, y que también le preparó lugar junto a Él en las mansiones celestiales. Y aunque aquí, hoy lloremos su ausencia, ella está plena, sin dolor, y disfrutando el paraíso. Ese lugar mejor que todos aguardamos con mucha paciencia y esperanza. Dios es soberano, y aunque permite el sufrimiento, también muestra compasión y consuelo debido a la grandeza de su amor inagotable. En Él descansa mi corazón, y sé que va a enjugar todas y cada una de nuestras lágrimas, así como limpió y consoló las de Jeremías. 


miércoles, 21 de junio de 2017

Jesús es Salvación

Todo el mundo, desde oriente hasta occidente, respetará al Señor, al ver su majestad, porque él vendrá como un río crecido movido por un viento poderoso. Isaias 59:19 (DHH)

Cada día asciende el número de muertes en mi país, la violencia se incrementa y los enfrentamientos entre civiles y militares es cada vez mayor. La verdad mi corazón se estremece cada vez que tengo conocimiento de la perdida de un nuevo joven, que se suma a una lista fúnebre y dolorosa, al que algunos llaman héroe, mientras otros llaman traidor. Mientras todo esto ocurre, la Iglesia de Jesucristo debe mantenerse incólume y seguir peleando la buena batalla de la fe, atrayendo la presencia de Dios a todos los espacios de esta nación para que pueda ser sanada. Quizás, así como relata Isaías, la maldad ha crecido tanto en Venezuela, que la ha separado de Dios; muchos, usados por el enemigo, tienen las manos llenas de sangre inocente por todos los crímenes que han cometido. Cuando el profeta emplazó a Israel con sus verdades, les dijo que estaban llenos de maldad trayendo muerte a todos, que vivían haciendo el mal y estaban enredados en la violencia. No eran gente de paz, ni había rectitud en sus acciones, tenían la conducta torcida y nadie decía la verdad. He visto con dolor como estas conductas se han posicionado también en mi nación, y como también el pueblo gime con la perversidad de los que están en el poder; como hay familias desintegradas a causa de los que han escogido el camino del mal, únicamente inducidos por el enemigo de nuestras almas. Y me he levantado a decir: ¡Sálvanos Señor! Porque hemos pasado largas temporadas llorando y esperando ser restablecidos y restituidos en todo lo que nos ha sido quitado. Es hora de reclamar nuestra nación para el reino de los cielos, y de clamar al Dios todopoderoso por su intervención divina. Sólo Él puede ordenar: No más, ha llegado la hora de actuar a su favor. Porque cuando estás allí, entre la espada y la pared, y pareciera que tu bienestar a nadie importa, cuando has sido disminuido y rechazado, cuando incluso han ofendido tu integridad, el Espíritu Santo de Dios levanta bandera sobre ti para cubrirte, salvarte y sanarte de todo dolor. Venezuela bella, mi amada... Como me duele tu dolor. Por eso sigo rogando y esperando por el fuerte resplandor del sol de Justicia sobre nosotros, porque Él vendrá a rescatarnos, y a cambiar nuestro lamento en canción. Todo el mundo, desde el oriente hasta el occidente, respetará al Señor, al ver su majestad, porque Él vendrá como un río crecido movido por un viento poderoso. Vendrá como redentor de Venezuela y de todos sus descendientes. 

¡Ven Señor Jesús!


martes, 20 de junio de 2017

Jesús se compadece

Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. Lucas 7:13

Ha pasado más de un mes desde la última vez que escribí, y desde esa última vez, ya enfrentaba fuertes pruebas dentro de mi familia que aún no había compartido. Dos de mis tíos muy amados, fueron diagnosticados con cáncer, de los cuales, ya perdí uno el pasado 02 de junio; justo tres días después de mi cumpleaños. Fue el único cumpleaños en el cual no recibí su llamada, ni su beso, ni su abrazo. Mientras todas estas cosas han estado sucediendo, me he aferrado a mi fe, ¿Qué otra cosa puede hacer un creyente? Y cuando iba al funeral de mi tío, teniendo a mi otra tía enferma en cama, sentía como la tristeza golpeaba poco a poco mi corazón; fue entonces cuando me di cuenta, una vez más, cuan importante y valioso es tener a quien ir en momentos de desolación. Mi Jesús, la fortaleza mi vida. Después de enterrar a mi tío, tuve que viajar con mi familia para hacernos cargo de asuntos relacionados con mi tía, quien además es mamá de una preciosa princesa que llena de alegría nuestros hogares. Una noche mientras estaba fuera, cuidando a mi primita, rogando y clamando por su mamá, y pidiendo a Dios por una respuesta, recordé la porción de las Escrituras que se encuentra en el Evangelio según Lucas, capitulo 7:11-17, Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín. Solo Dios, infinita fuente de sabiduría y verdad, sabía porqué había traído ese pasaje a mi mente; es que yo misma me encontraba sedienta de consuelo. Cuando Jesús iba hacia Naín, una ciudad perteneciente a la región de Galilea, vio una procesión fúnebre, en la cual el difunto, era el hijo único de una viuda, a la cual, mucha gente del pueblo acompañaba. Cuando Jesús la vio, sintió compasión por ella y le dijo: No llores. Lo mismo sentí que me dijo a mi esa noche. Luego se acercó al ataúd, lo tocó, y le ordenó al joven que se levantara. Entonces el joven muerto se incorporó y comenzó a hablar, y Jesús lo regresó a su madre. Dos realidades se hicieron más fuertes para mi esa noche: Una, que en medio de la tristeza y el pesar, Jesús es y será siempre nuestro mayor y mejor consuelo; y segundo, que es y siempre será el Dios de los milagros. Esta viuda recibió misericordia, ternura, y solidaridad de parte de Jesús, quien además tuvo a bien, devolverle a su hijo. Un joven que fue levantado de su propio funeral. En medio de este tiempo duro, todos en mi familia hemos sido procesados de diferentes maneras, y probados en muchas más; y aunque cada día se ha presentado como una verdadera batalla, en todas, Dios nos ha dado la victoria. Para la Gloria de Dios Padre, mis dos tíos han entregado su corazón a Jesús, y aunque ya uno de ellos tuvo que partir con Él, ambos recibieron el mayor de los milagros: La Salvación de sus almas. No obstante, así como esa viuda, deseo recibir la otra parte, por la cual he estado de rodillas intercediendo delante del Señor: Anhelo la sanidad de mi tía; y sé que la imposibilidad no existe en el terreno de mi Dios. Hoy, sigo aferrada a mi fe, mi tesoro más grande. Y aunque en estos días, muchas lagrimas han corrido por mi rostro, la compasión y el consuelo de Jesús se han hecho patentes para enjugar cada una de ellas. Él es, en definitiva, la paz en medio de la tormenta, una fuerza sobrenatural que no puede explicarse, es necesario vivir. Gracias Dios, tu estás con nosotros. 




viernes, 12 de mayo de 2017

¿Qué pasa si te desalientas?

El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Isaías 40:29


El profeta Isaías comunicó un importante mensaje acerca de la fatiga, el cansancio, y la debilidad no solamente física, sino también emocional. Si bien es cierto que el poder sobrenatural de Dios actúa en sus hijos de formas extraordinarias, no es menos cierto que Él reconoce que somos polvo y que muchas veces, podemos desmayar en algunos intentos. Perder el aliento, no está necesariamente relacionado con perder la fe, aunque esta realidad casi siempre pueda presentarse como una encrucijada para muchos creyentes. ¿Cuántas veces no te has recriminado tú por sentirte cansado de alguna batalla? Hasta el punto de verte a ti mismo en el banco de los acusados frente a Dios, cuando lo cierto es que, su papel nunca será el de inculparte o condenarte. Parada firmemente en esta palabra de Dios, puedo entender que mi cuerpo y mi alma no son infalibles ante el desanimo, al contrario, mi espíritu siempre contenderá con mi carne en miras de seguir caminando en fe. Como hijos de Dios podemos seguir creyendo de manera incondicional en su verdad, aunque muchas veces nos agotemos en el proceso. Pareciera ser una incoherencia, pero repito, no lo es. La vida terrenal se presenta como una lucha diaria, y es precisamente allí, donde debemos combatir cuerpo a cuerpo para poder reponernos y lograr los propósitos que Dios ya ha establecido de antemano para nosotros. La mejor parte, es que esta no es una lucha que podamos ganar con nuestros propios recursos, o por nuestros propios medios, sino que el mismo Dios se presenta como el garante de nuestra fortaleza física, emocional y espiritual. El Señor no nos acusa en nuestros momentos de debilidad, de flaqueza, incluso, cuando nos agota el dolor o la dureza de algunas pruebas; Él nos entiende, y además, promete renovar nuestro aliento para que podamos permanecer en pie. No te reproches si has sentido que el ánimo se te desvanece y que las fuerzas de algún modo disminuyen, recuerda que hasta los más jóvenes se debilitan y se cansan, muchos de ellos pueden caer exhaustos; sin embargo, nuestra confianza en Dios nos permite encontrar nuevas fuerzas, y alzar un vuelo alto como con alas de águilas; esto es, un nuevo empuje sobrenatural, un nuevo impulso, una recarga de energía para poder combatir la fatiga y la debilidad, y para encarar todos los múltiples desafíos que debamos vivir. Sigue adelante. 

¡Esfuérzate!




miércoles, 3 de mayo de 2017

Ser y hacer

Hermanos en Cristo, ¿De qué sirve que algunos de ustedes digan que son fieles a Dios, si no hacen nada bueno para demostrarlo? Santiago 2:14

Para Dios, hay que ser y hacer: Ser lo que Él quiere que seas y hacer lo que Él quiere que hagas; sin reparos, sin limitaciones y sin contradicciones. Una vez que nos convertimos a Cristo de todo nuestro corazón, pasamos a adoptar un nuevo estilo de vida, en el cual ya no vivimos por nosotros mismos, sino a través de la presencia de Dios, y lo que vivimos en la carne, lo vivimos en nuestra fe en Jesús. Ese nuevo estilo de vida, viene acompañado de un principio de renuncia, en el cual, todas nuestras intenciones deben estar motivadas por la voluntad de Dios. En este sentido, nuestra identidad debe ser renovada y transformada por medio de su Espíritu Santo, en miras de poder convertirnos en uno con Él. Uno en esencia, uno en naturaleza, uno en verdad. Una vez que nos entregamos a Jesús, nos volvemos de su pertenencia, y debemos andar como Él anduvo, esto es, sometiendo nuestra voluntad, a la voluntad del Padre Celestial. La misma que debe hacerse patente en todas las áreas de nuestras vidas con el propósito de ser vasos de honra para Gloria suya. No basta con decir que somos de Él, debemos hacernos de Él. Y someter todas nuestras inclinaciones al producto de sus intenciones. Lo justo no sería sólo pertenecer a Él sin demostrar nuestra fe, pues eso la haría inútil e inservible; y tampoco lo sería el convertirnos en sólo hacedores de su obra, sin vivir en intimo la unidad de su Espíritu con el nuestro. Nuestra vida nueva en Cristo es un todo indivisible, y ambas expresiones de nuestra naturaleza redimida, deben acompañarse entre sí en un modo de entrega total. Esa será la verdadera manifestación de la esperanza que profesamos, firme y sin vacilar.

¡Entrégate!