viernes, 18 de noviembre de 2016

La Biblia en un año #Dia303

Juan 11-12

Lázaro y sus hermanas Marta y María, vivían en el pueblo de Betania. Un día, Lázaro se enfermó y ellas se lo mandaron a decir a Jesús. En este momento ya Jesús sabía que esa enfermedad no sería para muerte sino para mostrar la Gloria de Dios y el poder que Él mismo tenía como su hijo. Jesús amaba a Marta, a María y a Lázaro. Sin embargo, cuando recibió la noticia de que Lázaro estaba enfermo, decidió quedarse dos días más en donde estaba. Tres días después decidió regresar a Judea, a pesar de que allí habían tratado de matarlo pues Lázaro había muerto y Él iba a resucitarlo. La muerte de este hombre iba a significar la oportunidad de que Jesús mostrara nuevamente su poder y muchos pudieran creer y confiar en Él. Muchos de los judíos que vivían cerca de allí fueron a visitar a Marta y a María, para consolarlas por la muerte de su hermano, quiere decir que todos serían testigos de la gran obra del Señor. Cuando Jesús llegó se enteró de que habían sepultado a Lázaro cuatro días antes. Al enterarse Marta de que Jesús había llegado, salió a recibirlo y le dijo que si Él hubiese estado allí su hermano no hubiese muerto. Muchos consideran que este fue un reclamo de Marta, pero yo más bien lo veo siempre como una declaración de fe, ella estaba segura de que la presencia de Jesús en ese lugar hubiese impedido que su hermano muriera. No obstante, después le dijo que a pesar de no haber estado allí, Dios haría lo que Jesús le pidiera y ella estaba confiada. Jesús le dijo que Lázaro volvería a vivir, y ella en principio no lo entendió. Entonces Jesús le explicó que el podía hacer que los muertos volvieran a vivir, y que el que creyera en Él, aunque estuviese muerto, viviría. Le dijo que los que todavía vivían y confiaban en Él, no morirían para siempre; y le preguntó si podía creer en sus palabras. Ella le dijo: Sí, Señor. Yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, que debía venir al mundo. Cuando María vio a Jesús también lloró y le dijo lo mismo que Marta, y tanto ella como el resto de los judíos lloraban mucho por la muerte de Lázaro, lo que hizo que Jesús también se conmoviera, y al ver la tumba de Lázaro se puso a llorar. Todavía con lágrimas en los ojos, Jesús se acercó a la cueva donde habían puesto el cuerpo de Lázaro y le dijo a Lázaro que saliera de allí, y Lázaro volvió a vivir. El propósito de este gran milagro era que muchos de los que estaban allí creyeran en Jesús y en que Dios lo había enviado, lo cual fue así. Sin embargo, luego de esto fue cuando la junta de lideres religiosos decidió que debía matar a Jesús. En realidad, Jesús no iba a morir para salvar sólo a los judíos, sino también para reunir a todos los hijos de Dios que hay en el mundo.

Seis días antes de que se celebrara la fiesta de la Pascua, Jesús fue al pueblo de Betania. Allí vivía Lázaro, el hombre a quien Jesús había resucitado. En ese pueblo, unos amigos de Jesús hicieron una cena para él. Lázaro estaba sentado a la mesa con Jesús, y su hermana Marta servía la comida. María, su otra hermana, tomó una botella de un perfume muy caro y perfumó los pies de Jesús. Después los secó con sus cabellos, y toda la casa se llenó con el olor del perfume. En ese momento a Judas le pareció un desperdicio haber derramado ese perfume, pues venderlo les habría dado lo correspondiente a 300 días de trabajo. Pero Jesús lo reprendió y le dijo que la dejara tranquila, que ese perfume había sido reservado para prepararlo a Él antes de su entierro. Siempre he admirado a Maria, la hermana de Lázaro, en todas las escenas donde aparece; su forma de amar y de adorar a Jesús era tan genuina que no le importaba nada ni nadie más cuando estaba frente a Él. En ninguna oportunidad cuando leo acerca de ella, dejo de impactarme o de sentirme identificada. Muchos de los judíos que vivían en Jerusalén se enteraron de que Jesús estaba en Betania; así que fueron allá, no sólo para verlo sino para ver también a Lázaro, a quien Jesús había resucitado. Cuando los sacerdotes principales se enteraron de esto, planearon matar también a Lázaro, pues por su culpa muchos judíos ya no querían nada con los sacerdotes, y se habían vuelto seguidores de Jesús. Como ya faltaba poco tiempo para la fiesta de la Pascua, mucha gente iba desde sus pueblos a la ciudad de Jerusalén, a prepararse para la fiesta. Allí esperaban encontrarse con Jesús, quien también fue a Jerusalén pues ya se acercaba el tiempo de su arresto y crucifixión. Los que estuvieron presentes en Betania, cuando Jesús resucitó a Lázaro, habían contado en Jerusalén este milagro. Por eso la gente salió al encuentro de Jesús. Mientras que los fariseos se frustraban porque en medio de las multitudes no podían apresar a Jesús. Sin embargo, el Señor que ya sabía que pronto iba a morir, anunció de nuevo su partida a sus discípulos, y les dijo que así como el grano para poder producir debía caer en la tierra y morir, Él iba a morir para producir una cosecha abundante, y de la misma manera, si ellos consideraban que su vida terrenal era más importante que obedecer su Palabra, no tendrían la vida eterna. Si alguno quiere servir a Jesucristo, tiene que obedecerlo; así donde Él esté, ahí también estarán los que le sirven, y el Padre del cielo los premiará. Jesús sufrió mucho durante este tiempo, y aunque quiso decirle a su Padre que no lo dejara padecer así, no lo hizo, porque no vino al mundo sino a hacer lo que Dios mismo le mandó. Mas dijo: Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo y dijo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez. Al principio, los discípulos de Jesús no entendían lo que estaba pasando; pero después de que Jesús murió y resucitó, se acordaron de que todo lo que le habían hecho a Jesús ya estaba anunciado en la Biblia.

La Biblia en un año #Dia302

Alto de adoración semanal...

Hay solo una cosa que podemos darle a Dios que no puede darse el mismo: Agradecimiento. La Biblia establece que el propósito de nuestra creación fue y es adorar a Dios y brindarle todo el honor que su persona merece. Y, aunque Él sea el dueño y Señor de todo el universo, siempre está esperando de sus hijos un simple GRACIAS. Pues ser agradecidos también es una forma de amar. El salmista escribió en el Salmo número 116 una acción de gracias por haber sido librado de la muerte, justamente como esos diez leprosos que leímos en días anteriores, que también fueron librados de su enfermedad. Pero, ¿Recuerdan? Sólo uno regresó alabando a Dios a grandes voces, y cayendo rostro en tierra a los pies de Jesús, le dio las gracias. El Señor en ese momento reclamó que los otros nueve no regresaran para dar Gloria a Dios, y hoy día, sigue demandando nuestro agradecimiento en virtud de los beneficios concedidos. El salmista inicia diciendo: Amo a Jehová pues ha oído mi voz y mis suplicas. Y vaya que esa es una buena y gran razón para amar a Dios. Debido a que él se inclina para escuchar, deseaba el autor orar más, mientras tuviera aliento su ser. La muerte lo había envuelto en sus cuerdas, los terrores de la tumba se apoderaron de él; lo único que veía era dificultad y dolor, entonces invocó el nombre del Señor y su bondad y misericordia lo salvó. Que bueno es él, que protege a los que tienen fe como de un niño, que hace descansar nuestras almas luego de haber estado al borde del abismo. Él nos rescata de la muerte, quita las lágrimas de nuestros ojos, y libra a nuestros pies de tropezar. Entonces, ¿Que podemos ofrecer a Dios por todo lo que hace a nuestro favor? Mostrándonos agradecidos, orando en su nombre, y cumpliéndole todas nuestras promesas en presencia de todo el que nos rodea. Lleva hoy a su altar una ofrenda de gratitud y bendice su nombre. Alaba a Dios porque Él es bueno, muy bueno contigo. Y solo de tus labios puede recibir la Gloria que su nombre merece.


La Biblia en un año #Dia301

Juan 8-10

Mientras estaba Jesús en Jerusalén enseñaba a muchos en el Templo de Dios, en una oportunidad estando allí, los maestros de la ley religiosa y los fariseos le llevaron a una mujer que había sido sorprendida en acto de adulterio; y la pusieron en medio de la multitud que escuchaba a Jesús. Allí delante de todos, haciendo el papel acusador del diablo, los fariseos dijeron que la mujer había sido encontrada adulterando y que la Ley mandaba a apedrearla. Ellos intentaban tenderle una trampa a Jesús para que dijera algo que pudieran usar en su contra, pero Jesús les dijo a todos: El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra. Por lo que los acusadores se terminaron retirando del lugar uno tras otro, hasta que quedaron sólo Jesús y la mujer en medio de la multitud. Él le preguntó que donde estaban los que la acusaban, y que si alguno había podido condenarla; ella dijo que no, ninguno pudo. Entonces el Señor le dijo que Él tampoco lo haría, que se fuera y no pecara más. Jesús, solo liberaba. Los mismos fariseos también acusaban a Jesús, aún sabiendo que los criterios humanos se desvanecían en su contra; sin embargo, Él, no juzgaba a nadie; su propósito como luz del mundo, era que nadie que lo siguiera tuviera que vivir en oscuridad sino que tuviera la luz de la vida. También advirtió Jesús a los incrédulos y les dijo que a donde Él iba, ellos no iban a poder ir; y que cuando Él no estuviese, lo buscarían, pero irremediablemente, su incredulidad los llevaría a morir en su pecado. Jesús le dijo a la gente que creyó en él, que serían verdaderamente sus discípulos si se mantenían fieles a sus enseñanzas; y que conocerían la verdad, y la verdad los haría libres. Cuando Jesús dijo estas palabras, ellos no entendieron porque creyeron que Jesús se refería a ser libres de la esclavitud terrenal, y ellos nunca habían sido esclavos. Pero es que este lenguaje de Jesús sencillamente era imposible entender sin haber creído primero en Él. Fue entonces cuando Jesús les explicó que todo el que cometía pecado, era esclavo del pecado; un esclavo no es un miembro permanente de la familia, pero un hijo sí forma parte de la familia para siempre. Así que, si Jesús los liberaba, iban a poder conocer la verdadera libertad. Mucho más plena que cualquier otra. A los judíos les molestaba que Jesús les hablara de ilegitimidad parental, pues para ellos su origen y descendencia era demasiado importante; pero Jesús les decía que al rechazarlo a Él, no se comportaban como descendientes de Abraham pues éste nunca lo habría hecho. Y que si Dios realmente fuese su Padre, lo recibirían a Él, que había sido enviado justo en su nombre. No obstante, ellos no podían entender lo que Jesús decía porque ni siquiera toleraban oírlo. Fue allí cuando el Señor les dijo que se comportaban como hijos de su verdadero padre, el diablo, y les encantaba hacer las cosas malvadas que él hacía. Él había sido asesino desde el principio y siempre había odiado la verdad, porque en él no hay verdad. Por eso era tan natural que no creyeran cuando Jesús les decía la verdad. Los que pertenecen a Dios escuchan con gusto las palabras de Dios, pero los que no, no las escuchan porque no pertenecen a Dios. Los enardecidos israelitas no soportaban las palabras de Jesucristo, Él incluso les dijo que Abraham, al que tanto veneraban, se alegró mientras esperó con ansias su venida; la vio y se llenó de felicidad. Entonces la gente preguntó como podía decir que había visto a Abraham, y fue cuando Jesús les dijo: ¡Aun antes de que Abraham naciera, ¡Yo soy! Fue tanta la indignación de los judíos, que en ese momento tomaron piedras para arrojárselas, pero Jesús desapareció de la vista de ellos y salió del templo.

Algunos de los fariseos decían: «Ese tal Jesús no viene de Dios porque trabaja en el día de descanso». Otros decían: «¿Pero cómo puede un simple pecador hacer semejantes señales milagrosas?». Así que había una profunda diferencia de opiniones entre ellos. Para algunos profeta, para algunos pecador, para algunos demonio, para otros Señor; pero lo cierto es que Jesús tenía completamente revolucionados y conmocionados todos los lugares a donde llegaba. Los judíos SE NEGABAN a creer en Jesús, y nada los hacía cambiar de opinión, ni siquiera las señales milagrosas que hacía. Cuando sanó al ciego de nacimiento, todos los lideres religiosos seguían angustiados y frustrados por no poder entender bajo que autoridad hacía todas esas cosas; pero el hombre que había sido sano si pudo decirles algo claramente: Desde el principio del mundo, nadie ha podido abrir los ojos de un ciego de nacimiento; si este hombre no viniera de parte de Dios, no habría podido hacerlo. Pero los fariseos al escucharlo, lo llamaron pecador y lo echaron de la sinagoga. Cuando Jesús supo lo que había pasado, encontró al hombre y le preguntó si creía en Él, el hombre le dijo que si y adoró al Señor. Las opiniones respecto al Mesías se dividían, muchos no sabían ni siquiera que creer, por lo tanto, le preguntaron nuevamente si Él era le hijo de Dios, y Él les dijo que ya se los había dicho y ellos se habían negado a creer. Ellos no creían en Jesús porque no pertenecían a las ovejas de su rebaño, no querían ser suyos. Sus ovejas escuchaban la voz del Señor y Él las conocía; por eso lo seguían. A través de Él tuvieron vida eterna y el resultado sería no perecer jamás. Nadie puede quitarle las ovejas a Jesús, porque el Padre que se las dio es MAS poderoso que todos. ¡Y es así! Satanás podrá intentarlo, pero con el que está firme en sus convicciones, nunca podrá lograrlo. Nadie puede arrebatar las ovejas de las manos del Padre Celestial, y Él se las entregó a Jesús porque el Padre y Jesús son uno. Cuando Jesús dijo todas estas cosas, la gente volvió a tomar piedras para apedrearlo. Entonces Jesús les pregunto que por cual de todas sus buenas acciones lo atacarían; los judíos dijeron que no querían apedrearlo por ninguna buena acción sino por blasfemia, pues Él, siendo para ellos un hombre simple y corriente, afirmaba ser Dios. ¡He ahí el problema! Jesús para ellos nunca dejó de ser eso, creo que aún lo es para muchos. Un hombre simple y corriente. Pero Jesús, el gran hijo de Dios, el Señor y Salvador de este mundo, no hacía caso de sus acusaciones y continuó declarando eficazmente la Palabra de Dios; les dijo que no le creyeran a menos que llevara a cabo las obras de su Padre; pero si Él hacía el trabajo de Dios, entonces creerían en las obras milagrosas que había hecho, aunque no le creyeran directamente a Él. Pero en definitiva, esta sería la forma en la que sabrían y entenderían que el Padre estaba en Él y Él en el padre, y eso, no iban a poder negarlo. La autoridad de Dios estaba en Jesús porque simplemente, Jesús es Dios.

jueves, 17 de noviembre de 2016

La Biblia en un año #Dia300

Juan 5-7

Dentro de Jerusalén, cerca de la entrada llamada "Portón de las Ovejas" había un estanque llamado Betesda, el cual tenía cinco entradas. Allí, acostados en el suelo, había muchos enfermos: ciegos, cojos y paralíticos que esperaban el movimiento del agua; porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, agitaba el agua, y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. Entre esos enfermos había un hombre que desde hacía treinta y ocho años estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio allí acostado, y se enteró de cuánto tiempo había estado enfermo le preguntó si quería que Dios lo sanara, pero él le dijo que no había nadie que lo metiera al estanque al momento en el que se movía el agua, y siempre alguien llegaba antes que él. En ese momento Jesús le dijo: Levántate, toma tu camilla y anda. Al instante, el hombre quedó sano, enrolló la camilla, y comenzó a caminar. Porque no hay circunstancia que se interponga cuando Jesús ha decidido bendecirte, que no te desanime ni siquiera, que otros reciban primero que tu. El día de tu milagro puede ser HOY. Ese milagro sucedió en el día de descanso, por lo que los lideres religiosos protestaron y reprendieron a este hombre porque la Ley no le permitía cargar la camilla. Entonces los líderes judíos comenzaron a acosar a Jesús por haber violado las reglas del día de descanso. Entonces Jesús, que nunca les tuvo miedo ni temor, les dijo que su Padre siempre trabajaba y Él también; por esta razón, los líderes judíos se esforzaron aún más por encontrar una forma de matarlo. Pues no solo violaba el día de descanso sino que, además, decía que Dios era su Padre, con lo cual se hacía igual a Dios. Pero Jesús, ignorando sus posiciones maliciosas, insistió diciendo que Él hacía todo por cuenta de su Padre y no por la suya, y que aún Él le mostraría cosas más trascendentes que sanar a un hombre. Pues, así como el Padre da vida a los que resucita de los muertos, también el Hijo da vida a quien él quiere; y el que no honra al Hijo ciertamente tampoco honra al Padre que lo envió. A pesar de la fuerte oposición de los fariseos, Jesús nunca cesó de decirles la verdad, y eso es un ejemplo para todos nosotros que muchas veces nos amilanamos por cualquier contradicción. Él les dijo que todos los que escucharan su mensaje y creyeran en Dios, quien lo había enviado a Él, iban a tener vida eterna; éstos nunca serían condenados por sus pecados, pues ya habrían pasado de la muerte a la vida.

Si Jesucristo hubiese dado testimonio en su propio favor, este no hubiese sido válido, era Dios mismo quien lo hacía por Él. Y además Juan el bautista también dio testimonio de él, y todo lo que dijo fue verdad; pero, aunque ciertamente Jesucristo no necesitara testigos humanos que hablaran en su favor, le hablaba de todas estas cosas a los que no creían en Él, en orden de convencerlos y que fuesen salvos. Juan era como una lámpara que ardía y brillaba, y muchos de los religiosos se habían entusiasmado con su mensaje durante un tiempo; pero ahora, con el movimiento de Jesús, había un testimonio mucho más fiel y genuino: Sus propias enseñanzas y milagros. Dicho en otras palabras, Jesús declaró a los fariseos, que el Padre celestial le permitió realizar todas esas obras sobrenaturales para que fuesen la prueba de que Él lo había enviado, y así muchos pudieran creer en su nombre. Pero los religiosos e incrédulos, a pesar de nunca haber oído la voz de Dios, y no haber visto su cara, estaban allí, frente a Jesús, y no creyeron en la persona de Dios que el mismo Padre les había regalado. Ellos estudiaban las Escrituras a fondo porque pensaban que ellas les darían vida eterna, pero las mismas Escrituras señalaban a Jesús! Y ellos simplemente se negaron a ir hasta Él para recibir esa vida. Este discurso de Jesús fue extraordinario, y fue concluyendo con un gran argumento: La aprobación de ustedes no significa nada para mí, porque sé que no tienen el amor de Dios adentro. Eran simples seres sin fe. Que triste manera de vivir... Bueno, es que vivir sin fe es como estar muerto en vida. Todos los judíos anhelaban ver las señales milagrosas de que Jesús era el hijo de Dios, incluso los discípulos; todos decían: Muéstranos una señal. Pero la verdad es que cuando los antepasados de esos judíos comieron maná del cielo, no fue Moisés quien les dio ese pan, ¡Fue Dios! Y ahora ese verdadero pan del cielo había descendido para estar con ellos, era Jesús, el pan de vida. Lo que no entendían era que su sola presencia, ya era la señal milagrosa que necesitaban ver. Por eso, el que cree en Jesucristo es como si comiera pan del cielo, y de este modo, nunca está separado de Dios. Él bajó del cielo para hacer que todos tengamos vida eterna, Él murió para dar esa vida a los que creen en su nombre; su cuerpo es ese pan que si alimenta; el que lo coma tendrá vida eterna. Cuando Jesús dijo todas esas palabras, muchos dijeron que eran muy difíciles de aceptar y dejaron de seguirlo, esto por supuesto no fue una sorpresa para Él, pues sabía perfectamente quienes eran los que creían y los que no. No obstante, sus doce apóstoles se mantuvieron firmes, y Pedro le dijo: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. La respuesta que desarticula todo tipo de incredulidad. 

miércoles, 16 de noviembre de 2016

La Biblia en un año #Dia299

Juan 1-4

El día de hoy empezaremos a leer el cuarto y último Evangelio, el cual está caracterizado por ser muy diferente respecto de los otros tres en cuanto al contenido, al lenguaje, a las expresiones y giros con que predica Jesús de Nazaret y a los lugares de su ministerio. La tradición apostólica atribuye la autoría de este evangelio a Juan el apóstol y evangelista que pertenecía al grupo de los Doce discípulos de Jesús. En el prologo de este Evangelio, Jesús es extraordinariamente definido como la Palabra eterna. Antes de que todo comenzara ya existía aquel que es la Palabra, la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Cuando Dios creó todas las cosas, allí estaba la Palabra. Todo fue creado por la Palabra, y sin la Palabra nada se hizo. De la Palabra nace la vida, y la Palabra, que es la vida, es también nuestra luz. La luz alumbra en la oscuridad, y nada puede destruirla. Dios envió a Juan el Bautista para que hablara con la gente y la convenciera de creer en esa luz verdadera que pronto llegaría al mundo, sin embargo, la gente no lo reconoció. Y a pesar de que la Palabra vino a vivir al mundo, su pueblo no la aceptó. Pero los que si la recibieron y creyeron en ella, llegaron a ser hijos de Dios. Jesucristo, que era la Palabra viva de Dios, vino al mundo y llegó a ser como uno de sus habitantes; todos fueron testigos del poder que le pertenecía como único hijo de Dios, y aunque Dios nos dio a conocer sus leyes por medio de Moisés, fue sólo por medio de Jesucristo que nos hizo conocer el amor y la verdad. Yo estaba muy ansiosa de llegar a este Evangelio, pues amo la forma en la que expresa a Jesús, siempre con tanto detalle, y sin perder el rastro de su persona. El autor de este libro no tiene tiempo para ocuparse o describir a nadie más, él se concentra en la figura principal de todo hecho bíblico: El Cristo. Y eso, como les cuento, es algo que me enriquece totalmente. Creo que una de las mejores fuentes de inspiración para predicar a Jesucristo, es precisamente el Evangelio según Juan, quien en cada capitulo lo muestra como lo que es: El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. 

Este texto narra la historia de unas bodas celebradas en Caná, una región de Galilea, donde se encontraba María, la madre de Jesús, y donde también fueron invitados Jesús y sus discípulos. Durante la fiesta de bodas se acabó el vino, entonces María se lo dijo a Jesús, pues obviamente ella sabía que si alguien podía hacer algo por los que estaban allí, era Él. Pero Jesús le dijo a su madre que ese asunto no les competía, y que todavía no había llegado el momento para decirles a todos ellos quien era Él. Entonces María dijo a los sirvientes que hicieran lo que Jesús dijera, y en seis grandes tinajas donde cabían unos cien litros, Jesús ordenó que echaran agua; y así lo hicieron. Cuando el encargado de la fiesta probó el agua que había salido de la tinaja convertida en vino, se sorprendió, porque no sabía de dónde había salido ese vino. Pero los sirvientes sí lo sabían. Jesús hizo esta primera señal en Caná de Galilea, así empezó a mostrar el gran poder que tenía, y sus discípulos creyeron en él. Así que ya saben: Las bodas, ¡Hay que celebrarlas! Y no se olviden de invitar a Jesús, quizás les convierta el agua en vino. Una noche, un fariseo llamado Nicodemo, que era un líder religioso judío, fue a visitar a Jesús y le dijo que las señales milagrosas que hacía, eran las señales de que Dios estaba con él. Pero Jesús, que conocía las mentes y los corazones, le dijo a Nicodemo que a menos que naciera de nuevo, no vería el reino de Dios. Después de una serie de discusiones, Jesús le aclaró a Nicodemo que el ser humano solo puede reproducir la vida humana, pero la vida espiritual solo nace del Espíritu Santo, por eso los hombres sólo podían recibir el perdón de pecados y la vida eterna a través de Él, quien era el enviado de Dios para salvar al mundo. No obstante, aún siendo Nicodemo un respetado maestro judío, no podía entender las cosas que le decía Jesús. Esto mismo le sucedió en principio a una mujer originaria de Samaria que tuvo un encuentro con Jesús. Al momento de su encuentro ella no sabía frente a quien estaba, pero si sabía que era judío; por eso, solo le habló de religión y de las diferencias doctrinales entre judíos y samaritanos. Pero Jesús, que no andaba con rodeos ni mucho menos perdiendo el tiempo, le dijo a la mujer que estaba ella misma frente al Mesías y le mostró su poder con algunas revelaciones acerca de su vida que la dejaron totalmente conmocionada. Ella empezó a contar acerca de su encuentro con Jesús en la región, y mucha gente que vivía en ese pueblo de Samaria creyó en Él por el testimonio de esta mujer. Aunque luego, como muchos de ellos mismos dijeron, ya no solo creían por lo que la mujer les había dicho, sino porque ellos mismos se había acercado a Jesucristo y lo habían conocido como el Salvador del mundo. Sucedió así como Jesús le dijo a Nicodemo: Habían nacido de nuevo. Y esto es realmente lo que transforma la vida, un encuentro genuino y verdadero Con el Mesías. 


martes, 15 de noviembre de 2016

La Biblia en un año #Dia298

    Lucas 22-24

Faltaban pocos días para que los judíos celebraran la pascua, en esos días, los sacerdotes principales y los maestros de la Ley buscaban la manera de matar a Jesús en secreto, porque le tenían miedo a la gente. Entonces Satanás tentó a Judas Iscariote, uno de los doce discípulos, y le puso la idea de traicionar a Jesús; por lo que sostuvo un acuerdo con los los sacerdotes principales y empezó a buscar la oportunidad de estar a solas con Jesús para entregarlo. Cuando llegó el día de la fiesta de los panes sin levadura, que es cuando se mata el cordero para la cena de la Pascua, Jesús les dijo a Pedro y a Juan que prepararan la cena, una cena que sería inolvidable pues sería la última que compartirían con Jesús. El Señor había deseado mucho hacer esa última cena con sus discípulos antes de morir, allí les dijo que ya no celebraría más esa cena, hasta el día en que comieran todos juntos en el gran banquete del reino de Dios. El Señor también les dijo que el más importante entre ellos debía ser como el menos importante de todos; y el jefe de todos debía servir a los demás. Pues, aún cuando se considera más importante el que está sentado a la mesa, que el que sirve la comida; Él, siendo el maestro, le había servido la comida a todos. No obstante, los discípulos eran muy importantes para Jesús, y ciertamente llegará el día en el que todos ellos ocupen su lugar de honor. El Señor Jesucristo los hará reyes, así como su Padre lo hizo Rey a Él; y en su reino, ellos comerán y beberán en su mesa, se sentarán en tronos y juzgarán a las doce tribus de Israel. Después, Jesús le dijo a Pedro las palabras que llenan mi alma de fortaleza y descanso: Satanás ha pedido permiso a Dios para ponerles pruebas difíciles a todos los seguidores de Jesús, y Dios se lo ha dado. Pero el mismo Jesucristo ha pedido a Dios que nos ayude, para que nuestra fe no falte. Hermoso eres mi Jesús. Cuando Jesús oró en el monte de los Olivos, era tanta su agonía, que sudaba grandes gotas de sangre; sin embargo, aún en esos momentos oraba más intensamente. Y les dijo a sus discípulos que se levantaran y oraran también, pues solo así iban a poder resistir las dificultades que tendrían. Jesús demostró una vez más, con hechos y no solo con palabras, que el tiempo de su mayor tristeza y de su mas grande aflicción, solo podía soportarlo a través de una fuerte y profunda disciplina de oración. Así que en tiempos de agonía, oremos más intensamente. 

Cuando Jesús fue llevado frente a Pilato, éste preguntó si Jesús era de Galilea, los sacerdotes principales le dijeron que si; por lo que Pilato se dio cuenta de que Jesús debía ser juzgado por Herodes Antipas, el rey de esa región. Cuando Herodes vio a Jesús, se puso muy contento, porque hacía tiempo que quería conocerlo. Había oído hablar mucho de él, y esperaba verlo hacer un milagro. Le hizo muchas preguntas, pero Jesús no respondió nada. Los sacerdotes principales y los maestros de la Ley estaban allí, y lo acusaban con insistencia. Herodes y sus soldados insultaron a Jesús, y para burlarse de él lo vistieron como si fuera un rey. Luego lo enviaron a Pilato. Sin embargo, ninguno de ellos dos encontraban razones suficientes para declarar culpable a Jesús y condenarlo a muerte. Pilato dijo que Jesús no merecía morir y que ordenaría que lo azotaran y luego lo dejaran en libertad. Pero toda la gente que estaba allí gritó: ¡que maten a Jesús! ¡Deja libre a Barrabás! El otro preso que estaba siendo acusado de haberse rebelado contra el gobierno de Roma en la ciudad de Jerusalén, y por haber matado a una persona. Pilato quería dejar libre a Jesús, por eso habló otra vez con todos los que estaban allí. Pero ellos gritaron: ¡Que lo claven en una cruz! ¡Que lo claven en una cruz! Pilato habló con ellos por tercera vez, y les dijo: ¿Por qué quieren que muera? ¿Qué mal ha hecho? Pero ellos siguieron gritando con más fuerza, pidiendo que mataran a Jesús; y al final Pilato les hizo caso. Ordenó que mataran a Jesús como ellos querían, y dejó libre a Barrabás, el rebelde y asesino. Los soldados se llevaron a Jesús para clavarlo en una cruz. Muchas personas seguían a Jesús, entre ellas había muchas mujeres, que gritaban y lloraban de tristeza por él. También llevaron a dos malvados, para matarlos junto con Él; cuando llegaron al lugar llamado La Calavera, los soldados clavaron a Jesús en la cruz, y también clavaron a los dos criminales, uno a la derecha y el otro a la izquierda del Mesías. Poco después, Jesús dijo: Padre, perdona a toda esta gente pues no saben lo que hacen. Todos los soldados se burlaban de Jesús, y uno de los criminales que estaba clavado junto a Jesús también lo insultaba, pero el otro hombre lo reprendió y le dijo que Jesús no había hecho nada malo, y le pidió al Señor que se acordara de él cuando estuviese en su reino. Y Jesús le dijo: Te aseguro que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso. El día que Jesús murió, el sol dejó de brillar, y todo el país quedó en oscuridad hasta las tres de la tarde. La cortina del templo se partió en dos, de arriba abajo. Jesús gritó con fuerza y dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu. Después de decir esto, murió. Con la única intención de que nosotros hoy, tengamos vida. Gracias Jesús, lo hiciste todo por mi, y yo prometo darte lo mejor de mi. ¡Eres mi vida entera!


La Biblia en un año #Dia297

Lucas 19-21 

Jesús entró en Jericó y comenzó a pasar por la ciudad, había allí un hombre llamado Zaqueo. Era jefe de los cobradores de impuestos de la región y se había hecho muy rico. Los publicanos o cobradores de impuestos, eran aquellos que obtenían mediante arrendamiento, una delegación dentro de la jurisdicción del estado, para cobrar tributos de los ingresos regulares de los ciudadanos; por lo que eran seres muy indeseables, y muchas veces, por las formas de cobrar estos tributos y por las prácticas que realizaban en el ejercicio de su profesión, también eran considerados como los peores pecadores de ese tiempo. Zaqueo salió a la calle para conocer a Jesús, pero no podía verlo, pues era muy bajito y había mucha gente delante de él. Entonces corrió a un lugar por donde Jesús tenía que pasar y, para poder verlo, se subió a un árbol de higos. Cuando Jesús pasó por allí le pidió que bajara y que le diera hospedaje en su casa. Zaqueo bajó enseguida, y con mucha alegría recibió en su casa a Jesús. Cuando la gente vio lo que había pasado, empezó a criticar a Jesús por quedarse en casa de un hombre tan malo, pues esto era lo que se pensaba de Zaqueo; pero estando allí Zaqueo, delante de la presencia de Dios, sintió la inquietud de dar a los pobres la mitad de todo lo que tenía, y además le dijo a Jesús que si había robado algo, devolvería cuatro veces esa cantidad. Jesús le dijo que desde ese mismo momento él y su familia eran salvos, porque Él, el hijo del hombre fue a buscar y a salvar lo que se había perdido. Después de permanecer en Jericó, Jesús siguió su camino a Jerusalén, donde haría su famosa entrada triunfal montado en un asno; sin embargo, mientras la gente se alegraba y alababa el nombre de Dios al ver a Jesús, a los fariseos solo les atormentaba su presencia. Cuando Jesús estuvo cerca de Jerusalén y vio la ciudad, lloró y se lamentó por la rebeldía de su pueblo. Él quería que su nación pudiera vivir en paz pero ellos eran incapaces de comprender que Dios había enviado a Jesús para salvarlos. Jesús iba al templo todos los días para enseñar, mientras que los sacerdotes principales, los maestros de la Ley y los líderes del pueblo planeaban cómo matarlo; pero en este tiempo no podían hacer nada contra él, pues la gente quería escuchar sus enseñanzas.

Después, unos saduceos fueron a ver a Jesús. Como ellos no creían que los muertos podían volver a vivir, le preguntaron a Jesús que si una mujer enviudaba varias veces en vida, de quien iba a ser esposa cuando Dios hiciera que todos los muertos volvieran a vivir. Jesús les dijo que solo Dios podía decidir quien iba a resucitar de los muertos, y que cuando es sucediera, nadie se casaría ni volvería a morir. Todos iban a ser como los ángeles, y por haber vuelto a vivir serían hijos de Dios. Hasta el mismo Moisés nos demostró que los muertos vuelven a vivir, pues él dijo que Dios era Dios de sus antepasados Abraham, Isaac y Jacob; y con eso, Moisés estaba demostrando que Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Después de que Jesús explicó todas estas cosas, ya nadie se atrevía a hacerle más preguntas, pues contestaba con demasiada sabiduría. Jesús estaba en el templo, y vio cómo algunos ricos ponían dinero en las cajas de las ofrendas; también vio a una viuda que echó dos moneditas de muy poco valor. Entonces el Señor le dijo a sus discípulos que esa viuda había dado más que todos los ricos, porque todos ellos daban de lo que les sobraba; pero ella, que era tan pobre, dio todo lo que tenía para vivir. Algunas personas estaban hablando de los hermosos bloques de piedra que se habían usado para construir el templo, y de los preciosos adornos colocados en sus paredes. En ese momento Jesús profetizó uno de los anuncios que tanto incomodó a los lideres religiosos: Llegará el momento en que todo esto será destruido, ni una sola pared del templo quedará en pie. Luego le dijo a los discípulos que se prepararan para el fin, y que no se dejaran engañar por los que vendrían afirmando ser el Mesías. De este modo, siguió anunciando todas las señales que iban a preceder el fin del mundo y su retorno para reinar sobre todas las naciones de la tierra. Antes de que venga el hijo del hombre en las nubes con mucho poder y gloria, pasarán cosas extrañas en el sol, la luna y las estrellas; en todos los países, la gente estará confundida y asustada por el terrible ruido de las olas del mar. Pero justo cuando suceda todo eso, es cuando los hijos de Dios debemos estar más atentos, porque ese será el tiempo en el que Dios nos salvará. Cuando a un árbol le salen hojas nuevas, se sabe que ya se acerca el verano; del mismo modo, cuando veamos que sucede todo lo que Jesús dijo, sepamos que el reino de Dios pronto comenzará. Jesús exhortó a sus discípulos a que no pasaran el tiempo pensando en banquetes y borracheras, ni en las muchas cosas que esta vida ofrece. Porque el fin del mundo puede sorprendernos en cualquier momento, y podríamos ser como un animal que de pronto, se ve atrapado en una trampa. Por eso, debemos permanecer siempre alerta, orando en todo momento, para que podamos escapar de todas las cosas terribles que van a suceder; y así, podremos estar muy pronto con Jesús.