lunes, 14 de noviembre de 2016

La Biblia en un año #Dia296

Lucas 16-18

Nadie puede servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro; será leal a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y al dinero. Los fariseos amaban mucho su dinero, por eso, cuando escuchaban las palabras de Jesús respecto a esto, se burlaban de él. Sin embargo, Él les dijo que a ellos les encantaba aparecer como personas rectas en público, pero que Dios conocía sus corazones; y que lo que este mundo honraba, era detestable a los ojos de Dios. Hasta el tiempo de Juan el Bautista, la ley de Moisés y el mensaje de los profetas, el Señor había tratado de guiar las vidas de todos, y no lo había conseguido; entonces en el tiempo de Jesús se comenzó a predicar la Buena Noticia del reino de los cielos, y todos estaban ansiosos por entrar. Pero eso no significaba que todo lo que se había enseñado antes en cuanto a la Ley hubiese perdido su fuerza, pues era mas fácil que el cielo y la tierra dejaran de existir, antes de que un pequeño punto de la Ley fuese anulado. No obstante, este pequeño grupo de presuntuosos maestros y lideres religiosos, ni obedecían la Ley, ni creían en la gracia. Simplemente habían rechazado el mover de Dios en sus vidas. El Señor les contó en forma simbólica acerca de los dos lugares a donde podemos ir después de la muerte, el lugar de descanso o el lugar de tormento. Había un hombre rico que se vestía con gran esplendor en púrpura y lino de la más alta calidad y vivía rodeado de lujos. Tirado a la puerta de su casa había un hombre pobre llamado Lázaro, quien estaba cubierto de llagas. Con el tiempo, el hombre pobre murió, y los ángeles lo llevaron a estar con Abraham. El hombre rico también murió y fue enterrado, y su alma fue al lugar de tormento. Ese hombre rico, quien había tenido en vida todo lo que había deseado, no había hecho para si tesoros en los cielos, y debió sufrir la angustia de las llamas; mientras que Lázaro recibía consuelo. Este hombre quiso al menos que enviaran a alguien a la casa de su padre para que le advirtiera a su familia lo que ocurría después de la muerte, pues no quería que sufrieran como él; pero la respuesta fue contundente: Moisés y los profetas ya les advirtieron. Creo que nadie podría decir que está perdido sin Cristo porque nunca nadie le haya mostrado la verdad o el mismo Dios no se lo hubiese revelado, simplemente las personas se niegan a creer; y sino lo hacen, las consecuencias serán irremediables.

Los fariseos estaban tan ciegos espiritualmente, que le preguntaron a Jesús cuando vendría el reino de Dios, Jesús les dijo que el reino de Dios ya estaba entre ellos, pero ellos simplemente no podían verlo. Entonces el Señor le dijo a sus discípulos que cuando Él se fuese, muchos desearían que volviese, pero no podrían verlo. Algunos dirán en las calles: “Miren, allí está el Hijo del Hombre” o “Aquí está”, pero no sería cierto, pues, así como el relámpago destella e ilumina el cielo de un extremo a otro, así será el día cuando el hijo de Dios regrese. Pero antes, iba a tener que sufrir terriblemente y ser rechazado por toda esa generación incrédula. Antes de que Cristo vuelva, la gente disfrutará como siempre; de banquetes, fiestas y casamientos; sí, será todo "como siempre” hasta el día en que se manifieste su presencia de nuevo en la tierra. Entonces, muchos serán los que se irán con él, y muchos otros se quedarán; por eso dijo el Señor que si nos aferramos a esta vida terrenal, la perderemos; pero si dejamos de aferrarnos a ella, la salvaremos. Luego Jesús les contó otra historia a algunos que tenían mucha confianza en su propia rectitud y despreciaban a los demás. Les dijo que dos hombres habían ido al Templo a orar, uno era fariseo, y el otro era un despreciado cobrador de impuestos. El fariseo, de pie, apartado de los demás oró diciendo a Dios que no era pecador como los demás, que no engañaba, ni adulteraba, ayunaba dos veces por semana y también daba su diezmo. En cambio, el cobrador de impuestos se quedó a la distancia y ni siquiera se atrevía a levantar la mirada al cielo mientras oraba, sino que golpeó su pecho en señal de dolor y dijo: Oh Dios, ten compasión de mí, porque soy un pecador. Jesús les dijo que fue ese pecador y no el fariseo quien regresó a su casa justificado delante de Dios. Pues los que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan serán exaltados. Humanamente se levantan muchas fortalezas mentales que hacen imposible la idea de poder creer y convertirte verdaderamente a Cristo de forma genuina, pero lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios; y la vida eterna se alcanza por FE, por gracia, por ese hermoso favor no merecido que Jesús te dio en la cruz. No es tan difícil ser un pecador arrepentido. Difícil, duro y doloroso es caminar sin Cristo. Eso si no me lo quiero ni imaginar. Quien sigue a Jesús, recibe mucho más en esta vida, y además tendrá la vida eterna en el mundo que vendrá. ¡Aleluya!


La Biblia en un año #Dia295

Alto de Adoración semanal...

Hoy no solo he llegado a mi día 295, sino que también estoy iniciando una nueva semana en la segunda quincena del mes de noviembre. Cada día falta menos para terminar este año y también para terminar este reto. Quisiera pasar estos últimos días del año en completa dedicación a esta experiencia para sacarle el mayor jugo, pero también es cierto que en estas épocas decembrinas, tanto las actividades familiares como las ministeriales aumentan, así que todo puede tonarse un poco más difícil. Mas no imposible, así que sigamos manos a la obra, un día a la vez. La mejor manera de lograr las metas y también de vivir. El Salmo número 113, que nos corresponde leer en este alto de adoración semanal, dice: ¿Quién puede compararse con el Señor nuestro Dios, quien está entronizado en las alturas? A la mujer sin hijos le da una familia, y la transforma en una madre feliz. Todo lo que hemos estado leyendo estos últimos días en los Evangelios, afirma de primera mano el todo poder de nuestro maravilloso Dios; Él se inclina para mirar el cielo y la tierra, levanta del polvo a los pobres, y a los necesitados, del basurero. A todos los pone entre príncipes, incluso entre los príncipes de su propio pueblo. Él está por encima de las naciones; y su gloria es más alta que los cielos. Por esta y muchas razones más, su nombre es bendito en toda la tierra, y en sus siervos aumenta el deseo de alabarlo a toda hora. La verdad es que la persona de Dios es absoluta en magnificencia, Gloria y poder. Su nombre sobre todo nombre llena todos los extremos, no solo de la tierra, sino también los de mi ser. Él es todo para mi... Y me alegra también haber significado todo para Él cuando me convirtió en la razón de la cruz. Somos, la razón de su sacrificio eterno de perdón, y eso es más de lo que pudiéramos llegar a desear jamás. Falta poco, muy poco, para que todas las profecías se cumplan, para que toda esta palabra que he leído y que amo tanto termine de convertirse en realidad por completo; Cristo viene otra vez, y estaremos juntos de nuevo, juntos para siempre. Te amo Jesucristo. Eres mi verdadero y hermoso amor eterno. 

La Biblia en un año #Dia294

Lucas 13-15

Ciertamente como lo afirmó el Apóstol Pablo, el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo de Dios; y Jesús fue la fuente absoluta y por excelencia de esta afirmación. Mientras los fariseos perdían el tiempo con dogmas, esquemas y religiones absurdas, Jesús iba salvando, sanando y librando sin mirar a quien. Él mismo les contó a los que los seguían que una higuera que no producía frutos era inútil, y Dios no quiere viñedos inservibles, sino totalmente productivos para su honra y Gloria. Jesús indignaba a los lideres de las Sinagogas, pero asombraba y alegraba a toda la gente que lo seguía. Él iba enseñando por ciudades y aldeas mientras seguía adelante, camino a Jerusalén, y le decía a la gente que se esforzaran por entrar por la puerta angosta del reino de Dios, porque muchos tratarían de entrar pero fracasarían. Cuando el señor de la casa hubiese cerrado la puerta, sería demasiado tarde para entrar; y aunque muchos se queden afuera rogando que los dejaran pasar, no podrían hacerlo. Muchas dirán: Pero comimos y bebimos contigo, y enseñaste en nuestras calles. Pero Él responderá: no sé quiénes son ni de dónde vienen; aléjense de mí, hacedores de maldad. En ese tiempo le dijeron a Jesús que Herodes estaba procurando matarlo, pero él fuertemente mandó a decirle que seguiría predicando, salvando y sanando en ese día y en el siguiente, y que al tercero habría cumplido con su propósito. Jesús sabía que los profetas de Dios no eran asesinados en otro lugar sino en Jerusalén, y se lamentó porque era precisamente la ciudad elegida y amada por Dios la que mataba a sus mensajeros, por eso, no volverían a ver su rostro hasta que declararan creer en aquel que llegaría en el nombre del Señor. 

Los cobradores de impuestos y otros pecadores de mala fama a menudo venían a escuchar las enseñanzas de Jesús, por eso los fariseos y los maestros de la ley religiosa se quejaban de que Jesús se juntaba con semejantes pecadores, y hasta comía con ellos. Jesús les aclaró una vez cual era su función en la tierra, y el único propósito por el cual había sido enviado a ella: Salvar lo que se había perdido. Les dijo que si alguno de ellos tenía cien ovejas, y se le perdía una, podía tener por seguro de que dejaría a las 99 para ir a buscar la que se había perdido; y que cuando la encontrara, regresaría muy contento con ella. De la misma manera, hay más alegría allá en el cielo por una de esas personas que se volvía a Dios, que por noventa y nueve personas buenas que no necesitaban volverse a él. Nuestro Padre es amoroso, y su mayor deseo es que todos los pecadores arrepentidos puedan tener un encuentro con él. Aquel hijo que muy liberalmente derrochó la herencia que le dio su padre, gastándola en gustos y placeres lejos de su familia, muy pronto terminó quedándose sin nada; pero cuando volvió a su casa, arrepentido de su comportamiento y con deseos de reencontrarse con su padre, éste lo recibió con amor y lo llenó de abrazos y besos. Además, ordenó a sus sirvientes que lo vistieran con la mejor ropa, y que mataran al ternero más gordo para hacer una gran fiesta, porque su hijo había regresado. Para este padre, era como si su hijo hubiese estado muerto, y hubiese vuelto a vivir, como si hubiese estado perdido y lo hubiese vuelto a encontrar. Y así exactamente es nuestro Dios. Los ángeles del cielo se alegran y hacen fiesta cuando alguien se vuelve a Dios, y no importa que tan pecadores hayamos sido, o que tan lejos nos encontremos, como para que Él no pueda perdonarnos y alcanzarnos de nuevo. Ninguna distancia que el enemigo haya querido imponer con la fuerza del pecado, será demasiado grande como para que la gracia de Dios no pueda liberarnos. Dios NOS AMA, y esa es nuestra mayor fortuna. 


viernes, 11 de noviembre de 2016

La Biblia en un año #Dia293

Lucas 10-12

Los setenta, fueron otros nuevos discípulos a quienes Jesús escogió, para que fuesen de dos en dos delante de él, a todas las ciudades y los lugares que tenía pensado visitar. Esto sucedió porque mucha era la gente que necesitaba de Jesús pero pocos eran los obreros que lo seguían y que deseaban servirle. Jesús les dijo a los setenta que debían orar al Señor para que enviara aún más obreros dispuestos, y que irían a ministrar como ovejas en medio de lobos feroces. Cuando entraran a un pueblo donde los recibieran bien, debían sanar a los enfermos, y predicarles acerca del reino de los cielos; pero sino los recibían, simplemente debían limpiarse el polvo de sus pies y seguir su camino. Cuando los setenta vinieron de vuelta de su misión, fueron alegres a contarles al Señor que hasta los demonios los obedecían cuando usaban su nombre, y Jesús les dijo que ciertamente les había dado autoridad sobre todos los poderes del enemigo, y podían caminar entre serpientes y escorpiones y aplastarlos; pero que no debían alegrarse porque los demonios los obedecieran, sino porque sus nombres estaban escritos en el cielo. Dicho de otro modo, no debemos vanagloriarnos por lo que Dios nos permite hacer en su nombre, sino simplemente por el hecho de ser suyos. Toda la Gloria que se produzca por lo demás, le pertenece solo a ÉL. En ese mismo momento Jesús se llenó del gozo del Espíritu Santo y sintió mucha alegría por la confianza que había puesto su padre en Él, por hacerlo merecedor del honor de ser su hijo y usarlo para conocer todas las cosas. Les dijo a los discípulos que ellos eran también muy dichosos, pues podían ver con sus propios ojos todo lo que estaba sucediendo, y que a muchos profetas y reyes les habría gustado ver y oír lo que ellos veían y oían en ese momento, pero que no pudieron. Durante el viaje a Jerusalén, Jesús y sus discípulos llegaron a cierta aldea donde una mujer llamada Marta los recibió en su casa. Su hermana María se sentó a los pies del Señor a escuchar sus enseñanzas, pero Marta estaba distraída con los preparativos para la gran cena. Marta le dijo a Jesús que le parecía injusto que María estuviese allí sentada con él mientras ella hacía todo el trabajo; pero Él le dijo a Marta que había algo más importante que las cosas por hacer y María era la que lo había descubierto. Esto es: Estar en la presencia del Rey. AMO este pasaje. 

Un día, Jesús fue a cierto lugar para orar. Cuando terminó, uno de sus discípulos se acercó y le pidió que los enseñara a ellos a orar así como Juan el Bautista había enseñado a sus seguidores. Jesús enseñó a sus discípulos la forma correcta de orar, universalmente conocida, aunque mucho intenten viciarla con mecanismos de idolatría. Se ora al Padre Celestial que está en los cielos, adorando su nombre y reconociéndolo como el Dios de lo creado y el que tiene autoridad sobre cielo y tierra. También el Señor les enseñó como deben pedir al Padre la provisión para cada día, y como debían reconocer sus pecados y perdonar a los que nos adeudan así como Dios mismo nos perdona todas nuestras ofensas. Y por ultimo pero no menos importante, también debían clamar para ser librados de la tentación y de todo mal con un fuerte amén. Si bien esta no es la única oración que haremos a Dios en forma de letanía estructurada y mecánica, si es el mejor ejemplo de como debe ser nuestra comunicación con nuestro Creador. Por supuesto, la elaboró Jesús. Finalmente les dijo Jesús: El que confía en Dios recibe lo que pide, encuentra lo que busca y, si llama, es atendido. La verdadera riqueza es conocer a Dios de todo corazón y obedecerlo, por eso el Señor le dijo a sus discípulos que no vivieran preocupados queriendo amontonar riquezas, o con miedo por las cosas que les hicieran falta; antes bien, los invitó a hacer tesoros en el cielo, donde los ladrones no podrán robar, ni la polilla podrá destruir. Nuestro Padre Celestial quiso darles a ellos su reino, así como quiere dárnoslo a nosotros; por eso allí, es donde debemos conservar lo más valioso de nuestras vidas. Los fariseos enseñaban mentiras, eran malos y no confiaban en Dios; les encantaba que la gente los saludara con respeto, pero no ayudaban a nadie y robaban a las personas. Ellos y los maestros de la Ley sabían muy bien lo que significaba conocer a Dios, pero no hacían nada por conocerlo verdaderamente, ni dejaban que los que los seguían lo conocieran.  Los ojos de una persona son como una lámpara que alumbra su cuerpo, por eso, si miran con ojos sinceros y amables, la luz entrará en su vida. Pero si sus ojos son envidiosos y orgullosos, vivirán en completa oscuridad. Así que, tengamos cuidado, no dejemos que se apague la luz de nuestras vida como les sucedió a los fariseos. Si todo nuestro cuerpo está iluminado, y no hay en él ninguna parte oscura, entonces nuestra vida alumbrará en todos lados como le aconsejo a Jesús a sus discípulos. La exhortación sigue siendo la misma: Debemos estar siempre listos y despiertos, con las lámparas encendidas, pendientes de que nuestro dueño llame a la puerta para abrirle de inmediato. Buscando el reino de Dios por encima de todo lo demás. 


La Biblia en un año #Dia292

           Lucas 7-9

¿Cuanto han escuchado el famoso dicho popular que dice: Amor son acciones y no buenas razones? En la Palabra de Dios podemos encontrar muchas muestras que afirman tal declaración. Aunque las enseñanzas, los discursos, y las predicaciones son totalmente necesarias, realmente serán llevadas por el viento sino las practicamos. La fe sin obras es inútil, y Jesús no solo enseñó acerca de la sanidad, Él sanó a los enfermos; Él no solo habló de amor al prójimo y a los enemigos, Él lo demostró en la cruz del calvario; no solo predicó acerca de la Buena Noticia sino que la hizo evidente en todas las multitudes que lo seguían. El siempre acompañó sus palabras con poderosas acciones que demostraron que todo lo que predicó, lo vivía; y que no se contradijo en ninguna de las cosas que manifestó. Cuando Jesús vio aquella procesión fúnebre del hijo de una viuda, no solo se llenó de compasión; sino que se acercó al ataúd, lo tocó y le dijo al joven que se levantara; el joven muerto se incorporó y comenzó a hablar, y Jesús lo regresó a su madre. Así hizo con el siervo del oficial romano, y así con todas las personas en las cuales obró. Él era más que un predicador, más que un profeta, más que un maestro, más que un carpintero, más que un modelo, más que un médico, Él era la persona viva de Dios. Y lo será eternamente y para siempre. Cuando Juan supo todo lo que Jesús hacía, mandó a dos de sus discípulos a preguntarle al Señor si Él era el Mesías esperado; en ese preciso momento, Jesús dejó nuevamente que sus acciones hablaran por Él; sanó a muchas personas de enfermedades, dolencias, y expulsó espíritus malignos y le devolvió la vista a muchos ciegos. Entonces Jesús le dijo a los discípulos de Juan que le contaran a él todo lo que habían visto y que le dijesen que Dios bendecía a todos lo que no se apartaban de Él. Jesús le dijo a la gente que lo seguía, que Juan era más que un profeta, él era el mensajero enviado por Dios para preparar el camino delante de Cristo. Cuando todos oyeron eso, se alegraron pues habían sido bautizados por Juan, excepto los fariseos y los expertos en la ley religiosa que no aceptaron el plan de Dios para ellos, porque rechazaron el bautismo de Juan. A quien mucho se le perdona, mucho se le ama. Y ese fue el caso de la mujer pecadora que fue perdonada por Jesús; quien al verlo, llorando se arrodilló detrás de él a sus pies. Sus lágrimas cayeron sobre los pies de Jesús, y ella los secó con sus cabellos. No cesaba de besarle los pies y les ponía perfume. Los fariseos alarmados, religiosos al fin, se indignaron porque ella era una mujer pecadora, como siempre ellos se sintieron muy superiores a ella; sin embargo, Jesús se sintió muy conmovido y honrado por su acto de amor, y enseguida le perdonó todos sus pecados, y le dijo que se fuera en paz, pues su fe en Él la había salvado. 

Poco después, Jesús comenzó un recorrido por las ciudades y aldeas cercanas, predicando y anunciando la Buena Noticia acerca del reino de Dios. Llevó consigo a sus doce discípulos, junto con algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y enfermedades. Entre ellas estaban María Magdalena, de quien él había expulsado siete demonios; Juana, la esposa de Chuza, administrador de Herodes; Susana; y muchas otras que contribuían con sus propios recursos al sostén de Jesús y sus discípulos. Sin fe es imposible agradar a Dios, y así como nosotros somos enseñados en esta palabra a través de diversas pruebas y tempestades, los discípulos que anduvieron con Jesús debieron aprenderlo de forma literal. Cierto día, el Señor les dijo que cruzaran al otro lado del río; y mientras navegaban, Jesús se recostó para dormir una siesta. Pronto se desató una tormenta feroz sobre el lago, la barca se llenaba de agua y estaban realmente en peligro. Los discípulos angustiados despertaron a Jesús diciéndole que iban a hundirse. Cuando Jesús se despertó, reprendió al viento y a las tempestuosas olas, y todo quedó en calma. Entonces les preguntó a los discípulos que donde estaba su fe. Quizás ellos pudieron mantener la calma, o pudieron haber reprendido a las olas ellos mismos; pero al dudar, no pudieron conseguir nada. Creamos hoy, que cuando Jesús da una orden, hasta el viento y las olas lo obedecen. Gracias a que la obra de Jesús se expandía, y muchas más eran las multitudes que lo seguían, a los discípulos también les dio poder y autoridad para expulsar a todos los demonios y sanar enfermedades. Luego los envió para que anunciaran a todos acerca del reino de Dios y sanaran a los enfermos. Entonces ellos también comenzaron su recorrido por las aldeas para predicar la Buena Noticia y sanar a los enfermos. Algunas personas creían que Jesús era Juan el Bautista, otros decían que era Elías, y otros decían que era uno de los otros antiguos profetas, que volvió de la muerte. Pero Pedro declaró que Jesucristo era el Mesías, el hijo del Dios viviente. Y luego de esto, el Señor les advirtió que no dijeran a nadie quién era él, y luego, les habló de las terribles cosas que le sucederían cuando fuese entregado y crucificado. Muchos eran los que querían seguir a Jesús, pero Él fue muy claro de lo que costaba hacerlo, pues el que pone la mano en el arado y luego mira atrás, no es apto para el reino de Dios.



jueves, 10 de noviembre de 2016

La Biblia en un año #Dia291

         Lucas 3-6

Ya ni Juan ni Jesús eran unos bebés recién nacidos, ni unos niños, era tiempo de empezar a ejecutar sus Ministerios; y como fue declarado en la Escritura, Juan debía empezar primero a fin de preparar el camino para el Cristo. un mensaje de Dios llegó a Juan, entonces Juan fue de un lugar a otro, por ambos lados del río Jordán, predicando que la gente debía ser bautizada para demostrar que se había arrepentido de sus pecados y vuelto a Dios para ser perdonada. Todos esperaban que el Mesías viniera pronto, y tenían muchas ganas de saber si Juan era el Mesías. Juan contestó a sus preguntas diciendo: «Yo los bautizo con agua, pero pronto viene alguien que es superior a mí, tan superior que ni siquiera soy digno de ser su esclavo y desatarle las correas de sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. También Juan criticó públicamente a Herodes Antipas, el gobernador de Galilea, por haberse casado con Herodías, la esposa de su hermano, y por muchas otras injusticias que había cometido. Así que Herodes metió a Juan en la cárcel, agregando a sus muchos pecados uno más. Cierto día, en que las multitudes se bautizaban, Jesús mismo fue bautizado también por Juan. Entonces Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó del río Jordán y fue guiado por el Espíritu en el desierto, donde fue tentado por el diablo durante cuarenta días. Jesús no comió nada en todo ese tiempo y comenzó a tener mucha hambre. Satanás lo tentó tres veces: Primero diciéndole que si tenía hambre, podía convertir las piedras en pan; pero Jesús lo reprendió diciendo: No solo de pan vivirá el hombre. Luego, lo tentó una segunda vez diciendo que le daría todos los reinos de la tierra y autoridad sobre ellos si se postraba delante de él, pero Jesús volvió a reprenderlo diciendo: Solo al Señor tu Dios adorarás. Por tercera vez quiso satanás hacer caer al Señor llevándolo a lo más alto del Templo y diciéndole que si en verdad era hijo de Dios se lanzara al precipicio; pero Jesús, una vez más y con autoridad le dijo: Al Señor tu Dios no tentarás. Así que satanás no tuvo otro remedio que dejarle. Recuerda bien: Si resistes al diablo, lo harás huir; al ver que no puede hacerte caer, no tendrá otra opción que dejarte.

Jesús regresó a Galilea lleno del poder del Espíritu Santo y enseñaba con frecuencia en las sinagogas y todos lo elogiaban. Cuando llegó a Nazaret, la aldea donde creció, fue como de costumbre a la sinagoga el día de descanso y se puso de pie para leer las Escrituras; pero allí fue rechazado pues la gente lo conocía a Él y a su familia, y en sus propias palabras: Ningún profeta es aceptado en su tierra. Ellos no lo aceptarían ni siquiera viendo los portentos y milagros de los que era capaz de hacer, y cuando les dijo que tanto Elías como Eliseo fueron también enviados a ministrar a extranjeros y no a los de su pueblo, la gente de la sinagoga se puso furiosa. Se levantaron de un salto, lo atacaron y lo llevaron a la fuerza hasta el borde del cerro sobre el cual estaba construida la ciudad. Querían arrojarlo por el precipicio, pero él pasó por en medio de la multitud y siguió su camino. Él maestro seguía atrayendo la atención de las multitudes, y también mostrando su autoridad como hijo de Dios en milagros de liberación y sanidad; las noticias acerca de Él corrieron por cada aldea de toda la región. La gente de las regiones llevaba a Jesús a sus parientes enfermos, y cualquiera que fuera la enfermedad en alguien, el toque de su mano los sanaba a todos. Muchos estaban poseídos por demonios, los cuales salieron a su orden gritando: ¡Eres el Hijo de Dios! Cierto día, mientras Jesús predicaba en la orilla del mar de Galilea, le pidió a Simón, el dueño de la barca, que la empujara al agua. le dijo a Simón que fuese a aguas más profundas y echara sus redes para pescar. Pedro le dijo que había estado cansado de trabajar y que no había podido pescar nada, pero que si Él se lo pedía, lo intentaría una vez más. Y esta vez las redes se llenaron de tantos peces ¡que comenzaron a romperse! Un grito de auxilio atrajo a los compañeros de la otra barca, y pronto las dos barcas estaban llenas de peces y a punto de hundirse. Cuando Simón Pedro se dio cuenta de lo que había sucedido, cayó de rodillas delante de Jesús y le dijo: Señor, por favor, aléjate de mí, soy demasiado pecador para estar cerca de ti. Todos los discípulos estaban temerosos y asombrados, pero Jesús les dijo que no temieran, pues ahora pescarían personas. Y, en cuanto llegaron a tierra firme, dejaron todo y siguieron a Jesús. Poco tiempo después, Jesús subió a un monte a orar y oró a Dios toda la noche. Al amanecer, llamó a todos sus discípulos y escogió a doce de ellos para que fueran apóstoles. Sus nombres son los siguientes: Simón (a quien llamó Pedro), Andrés (hermano de Pedro), Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago (hijo de Alfeo), Simón (a quien llamaban el zelote), Judas (hijo de Santiago), Judas Iscariote (quien después lo traicionó).  Cuando descendieron del monte, los discípulos se quedaron con Jesús en un amplio lugar llano, rodeados de muchos seguidores y de las multitudes. Habían llegado para oírlo y para ser sanados de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus malignos, fueron sanados. Todos trataban de tocarlo, porque de él salía poder sanador, y los sanó a todos.

La Biblia en un año #Dia290

Lucas 1-2

Ya llegamos al tercer evangelio, el cual es considerado como el más extenso de los cuatro; su autoría se atribuye generalmente al evangelista Lucas, y relata la vida de Jesús de Nazaret, centrándose especialmente en su nacimiento, ministerio público, muerte y resurrección. La intención del escritor es la profundización de la fe, mostrando a Cristo como el Salvador de los hombres, resaltando su espíritu de misericordia. De acuerdo a la doctrina bíblica, a diferencia de Mateo y Marcos, Lucas no narra estas historias de forma vivencial, pero si pudo recopilar suficiente información para crear su relato, a través de testigos oculares cuyos testimonios se relacionan entre si. El autor empieza dedicando su relato a un un personaje llamado Teófilo de quien no se conoce mucho, sin embargo, se ha dicho en la tradición cristiana que este nombre significa "amigo de Dios", o "amado de Dios", por lo cual se ha especulado que podría tratarse de un personaje simbólico que representa a todos los cristianos. En el preámbulo del texto, el autor le dice a Teófilo, que después de haber investigado muchísimo acerca de la vida y obra del Mesías, decidió crear ese texto para que él pudiera estar seguro de la veracidad de todo lo que le habían enseñado. En este sentido, todos como receptores de la Palabra de Dios, podemos ser Teófilo. Lucas anuncia el nacimiento de Juan el Bautista. Sus padres, Zacarías y Elisabet eran justos a los ojos de Dios y cuidadosos en obedecer todos los mandamientos del Señor; sin embargo, no tenían hijos porque Elisabet no podía quedar embarazada y los dos eran ya muy ancianos. Zacarías era sacerdote, y un día mientras se encontraba sirviendo en el Templo, se le apareció un ángel del Señor y le dijo que Dios había oído su oración, Elisabet le daría un hijo y le pondrían por nombre Juan. Este ángel también le anunció que Juan iba a ser grande para Dios e iba a ser lleno de su Espíritu Santo aun antes de nacer. Sería un hombre con el espíritu y el poder de Elías; prepararía a la gente para la venida del Señor y haría que muchos israelitas volviesen al Señor su Dios. Pero Zacarías no creyó lo que el ángel le dijo y como consecuencia se quedó mudo hasta el nacimiento del niño. Tiempo después, Elisabet quedó embarazada. Cuando Elisabet estaba en su sexto mes de embarazo Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret, a una virgen llamada María. El ángel le comunicó a María que había hallado gracia delante de los ojos de Dios, y que por eso había sido escogida para concebir y dar a luz a su hijo, al cual llamarían Jesús. Él sería muy grande y lo llamarían Hijo del Altísimo; y su reino no tendría fin. Cuando el ángel del Señor explicó a María como sucederían todas las cosas, ella simplemente dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Luego María fue a ver a Elisabet para contarle lo que había sucedido, y cuando se vieron, el bebé de Elisabet saltó en su vientre y Elisabet se llenó del Espíritu Santo. Bienaventurada fue María, porque creyó que se cumpliría lo que le fue dicho de parte del Señor. María alabó y glorificó el nombre de Dios, y luego de esto, se cumplió el tiempo para el nacimiento de Juan, y para el momento de la ceremonia de circuncisión, Zacarías pudo hablar de nuevo y comenzó a alabar a Dios. Zacarías fue lleno del Espíritu Santo y profetizó acerca del nacimiento del Mesías, un poderoso Salvador del linaje real de su siervo David, el cual redimiría a su pueblo de sus pecados.

Fue Belén de Judea la ciudad encargada de recibir al Rey de los judíos, el cual fue envuelto en tiras de tela y acostado en un pesebre, pues al momento del alumbramiento, José y María aún no encontraban donde pasar la noche. Esa misma noche, un ángel de Dios se les apareció a unos pastores que cuidaban ovejas y les dijo que había nacido el Salvador, ¡El Señor! De pronto, muchos ángeles aparecieron en el cielo y alababan a Dios cantando: Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Los pastores fueron de prisa a Belén, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Luego salieron y contaron lo que el ángel les había dicho acerca del niño. Todos los que estaban allí se admiraron al oírlos. Cuando el niño cumplió ocho días de nacido, lo circuncidaron y le pusieron por nombre Jesús. Así lo había pedido el ángel, cuando le anunció a María que iba a tener un hijo. Cuarenta días después de que Jesús nació, sus padres lo llevaron al templo de Jerusalén para presentarlo delante de Dios. En ese tiempo había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que obedecía a Dios y lo amaba mucho; este hombre vivía esperando que Dios libertara al pueblo de Israel. El Espíritu Santo estaba sobre Simeón, y le había dicho que no iba a morir sin ver antes al Mesías que Dios les había prometido. Ese día, por orden del Espíritu Santo, Simeón fue al Templo; cuando los padres de Jesús entraron en el templo con el niño, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó el nombre de Dios. Dijo que podía morir en paz pues Dios había cumplido su promesa de permitirle ver al Salvador, y dijo que Él sería una luz que alumbraría a todas las naciones y sería la honra del pueblo de Israel. En el templo estaba también una mujer muy anciana llamada Ana, que era profetisa. Esta mujer estuvo casada cuando era joven durante siete años, pero había quedado viuda, y a la edad de ochenta y cuatro años, se pasaba noche y día en el templo ayunando, orando y adorando a Dios. Llegó justo en el momento que Simeón hablaba con María y José, y comenzó a alabar a Dios. Habló del niño a todos los que esperaban que Dios rescatara a Jerusalén. Luego de haber cumplido con todas las exigencias de la ley del Señor, María y José regresaron a su casa en Nazaret de Galilea; allí el niño crecía sano y fuerte. Estaba lleno de sabiduría, y el favor de Dios estaba sobre él. Jesús se mantuvo viviendo con sus padres en Nazaret, aunque cada año iba con ellos a Jerusalén a celebrar el festival de la pascua. En una oportunidad estando allí, se quedó en el Templo sentado entre los maestros religiosos, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían quedaban asombrados de su entendimiento y de sus respuestas. María y José no sabían que muchas veces que pensar o que hacer respecto a esas cosas, pero Jesús siempre fue obediente a sus padres terrenales y mientras crecía, aumentaba su tamaño en sabiduría y en estatura, y en el favor de Dios y de toda la gente.