jueves, 10 de noviembre de 2016

La Biblia en un año #Dia289

 
        
Marcos 14-16

Para este momento ya los principales lideres religiosos y los maestros de la Ley se encontraban totalmente descompuestos con la presencia de Jesús, y por supuesto crearon un plan para poder apresarlo y finalmente acabar con él. Creyeron ellos. Cercano al tiempo de la celebración de la Pascua, Jesús se encontraba en Betania, en la casa de Simón, un hombre que había tenido lepra. Mientras comía, entró una mujer con un hermoso frasco de alabastro que contenía un perfume costoso, ella abrió el frasco y derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús. Me impresiona, que algunos de los que estaban en la mesa, se indignaron pues derramar un perfume tan costoso les pareció un desperdicio. ¿En serio? ¡Lo derramaron en la cabeza de Jesús! Del Mesías. ¿Como eso pudo si quiera parecerles un desperdicio? Por esta causa la mujer fue reprendida, pero Jesús respondió: Déjenla en paz. ¿Por qué la critican por hacer algo tan bueno conmigo? Lo que esta mujer verdaderamente hizo fue ungir el cuerpo de Jesús en preparación para su muerte, y en cualquier lugar del mundo donde se predique la Buena Noticia, se recordará y se hablará de lo que hizo esa mujer. El hecho de que esta historia sea acerca de lo que hizo una mujer por Jesús, siempre me ha hecho sentir muy conmovida e identificada; pienso, ¿Como podría yo derramar mi perfume en el cuerpo del maestro? Y siempre se me ocurren muchas, muchas formas en las que puedo con honor hacerlo. En este tiempo, Judas Iscariote, uno de los doce discípulos, fue a ver a los principales sacerdotes para llegar a un acuerdo de cómo entregarles a Jesús a traición. Ellos quedaron complacidos cuando oyeron la razón de su visita y le prometieron darle dinero. Entonces él comenzó a buscar una oportunidad para traicionar a Jesús. En la ultima cena de Pascua que compartió Jesús con sus discipulos, Él sabía que uno de los doce, que comía de su mismo plato, lo entregaría. Allí el Señor les dijo que su cuerpo sería partido, y su sangre sería derramada como sacrificio por muchos, y que ese acto confirmaría el pacto de salvación entre Dios y su pueblo. Allí en el monte de los Olivos, donde Jesús estuvo velando y orando, con el alma etristecida y llena de dolor por lo que estaba a punto de sucederle, llegó Judas, uno de los doce discípulos, junto con una multitud de hombres armados con espadas y palos, y arrestaron a Jesús.

Jesús no negó ser el Mesías, frente a los fariseos, a los romanos, al Concilio Supremo, frente a Pilato, frente a todos afirmó fuerte y muy valiente su condición como hijo de Dios. Aunque estuviese lleno de tristeza, aunque lo enfrentaran los temores, las amenazas y el juicio inminente, cumplió la voluntad de Dios; y esa es una enseñanza para todos nosotros. Que si bien no enfrentamos situaciones tan extremas, si debemos siempre decidir honrar el santo nombre del Señor aunque nuestra misma vida dependa de ello. Los principales sacerdotes acusaron a Jesús de muchos delitos, pero Él no dijo nada. Jesús no había cometido ningún crimen, sin embargo, insistieron en crucifcarlo injustamente como la misma Palabra lo había declarado. A Jesús lo vistieron con un manto púrpura y armaron una corona con ramas de espinos y se la pusieron en la cabeza; lo golpeaban en la cabeza con una caña de junco, le escupían y se ponían de rodillas para adorarlo burlonamente. Luego lo llevaron  a un lugar llamado Gólgota y lo clavaron en la cruz. La gente que pasaba por allí le gritaba insultos y se burlaba de Él, y los principales sacerdotes decían: Salvó a otros pero no puede salvarse a sí mismo. Hasta los hombres que estaban crucificados con Jesús se burlaban de él. Al mediodía, la tierra se llenó de oscuridad hasta las tres de la tarde, y al dar Jesús su ultimo suspiro la cortina del santuario del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El oficial romano que estaba frente a él, al ver cómo había muerto, exclamó: ¡Este hombre era verdaderamente el Hijo de Dios!. Todo eso sucedió el viernes, el día de preparación anterior al día de descanso. José de Arimatea, un miembro del Concilio Supremo pidió el cuerpo de Jesús para darle sepultura. Envolvió el cuerpo en un manto de lino y lo puso en una tumba que había sido tallada en la roca. Después hizo rodar una piedra en la entrada.  María Magdalena y María, la madre de José, vieron dónde ponían el cuerpo de Jesús. El domingo por la mañana cuando estas mujeres fueron a a la tumbar se fija ron que la piedra de la entrada de la tumba estaba corrida, y cuando entraron vieron a un ángel que les dijo que el Señor había resucitado; y las mandó a que contaran lo sucedido a los discípulos pues Jesús los vería en Galilea. Tal como les dijo antes de morir. El Señor comisionó a sus discípulos en que debían hacer de ese momento en adelante: Ir por todo el mundo y predicar la Buena Noticia a todos, y en su nombre echar fuera demonios, hablar nuevas lenguas; tomar serpientes en las manos sin que nada les pase y, si llegasen a beber algo venenoso, no les haría daño. También podrían poner sus manos sobre los enfermos, y ellos sanarían. Estas serían las señales milagrosas que seguirían a todo aquel que creyera en el nombre de Jesús. 


miércoles, 9 de noviembre de 2016

La Biblia en un año #Dia288

Alto de adoración semanal... 

Así, sin prisa pero sin pausa, bueno con algo de prisa, ya vamos casi finalizando la lectura del segundo Evangelio. Cada día son menos las lecturas que restan para despedir este año 2016 en total victoria! Por haber culminado no solo uno de mis grandes retos de este año, sino de mi vida entera. La Palabra, como bien lo he dicho en ocasiones anteriores, ha sido como una bocanada de aire fresco cada día y en cada espacio. Justo en esta última semana, donde han sucedido cosas que sin duda me han desanimado y entristecido, leer acerca de la vida de Jesús me dio aliento y nuevas fuerzas. El Señor siempre sabe que hacer y como hacerlo; y siento que no ha sido casualidad el momento particular en el que he tenido que hacer cada lectura, Él las ha usado todas para ministrarme y bendecirme. Mientras leía el libro de Mateo dije que definía al Señor Jesucristo con una sola palabra: Perfecto. Y ahora que voy adentrándome más y más en la narración de su nacimiento, vida, muerte y resurrección, tengo otra palabra: FE. Creer en Él como hijo de Dios, es tener la plena certidumbre de que todo lo que dijo que haría, ¡Lo hizo! Y que todo lo que ha prometido para ser alcanzado por fe, puede ser posible, si tan solo crees contra todo pronostico. En la multiplicación de los alimentos, en la sanidad de todos los enfermos, en la caminata sobre el mar, en la expulsión de los demonios, en la calma de la tempestad, pude ver a un Dios REAL, capaz de hacer TODO con tal de bendecirte y de mostrar su poder. 

Hoy justamente leeremos algo en relación a eso en el Salmo número 110, que ya solo con su primer versículo me hizo escuchar la voz de Dios. En este salmo escrito por el rey David, el salmista reconoce que hay otro rey superior a Él, al cual le fue entregado todo dominio, poder y autoridad. El Padre Celestial le dijo a Jesús: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. El Dios todopoderoso tiene toda la autoridad para hacerte vencer a satanás y todas sus perturbaciones,así como lo hizo con Jesús; pero primero lo primero: Siéntate a su diestra. Solo allí encontrarás los mecanismos, las herramientas y las armas para poder vencer. Ya lo ha prometido, ya lo ha declarado, créelo y muévete en fe. Una cosa es cierta y en eso debe estar la meditación de nuestro corazón: Juró Jehová, y no se arrepentirá. Dios no miente, ni se arrepiente, ni cambia de parecer; Él constituyó al Señor Jesús como Sacerdote eterno de su reino, y también nos ha hecho a nosotros sacerdotes y Ministros de su Gloria y poder. Cuando el Señor se enfrente a la guerra, todo su pueblo le servirá por voluntad propia, y gobernará sobre todos sus enemigos; envuelto en vestiduras santas, su fuerza será renovada cada día. Dios mismo estará su derecha para protegerlo, y muchos reyes y naciones caerán delante de su poder. Aunque toda la tierra fuese castigada, la promesa para Jesucristo permanecía intacta: El saldrá vencedor. ¿Te ha hecho Dios esa promesa? ¡Hoy tu eres más que vencedor! Ya Jesús lo hizo por ti, ya Él ganó por ti. Ya Él lo preparó todo para que pudieras hollar al enemigo y derribar todas sus fortalezas. Como el mismo Jesús le dijo a sus discípulos, es necesario que entendamos de que está hecho nuestro Dios para que podamos lograr grandes proezas en su nombre. Esta pelea, es peleando; y una cosa es segura: La vamos a ganar. 






La Biblia en un año #Dia287

Marcos 11-13

¡Cuando el Rey de de los judíos llegó a Jersusalén! Me encanta esta lectura, sobretodo porque yo también espero muy pronto poder hacer mi entrada triunfal en la capital israelita jaja Mientras Jesús entraba, muchos tendían sus capas por el camino, y otros tendían ramas que habían cortado en el campo. Y tanto los que iban delante como los que iban detrás, gritaban: ¡Hosana! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino que viene, el reino de nuestro padre David! ¡Hosana en las alturas! los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley habían hecho del Templo de Dios un mercado popular, donde se hacían transacciones comerciales de todo tipo; esto indignó profundamente a Jesús, quien comenzó a echar de allí a los que estaban vendiendo y comprando. Volcó las mesas de los que cambiaban dinero a la gente, y los puestos de los que vendían palomas; y no permitía que nadie pasara por el templo llevando cosas. entonces los religiosos y maestros de la ley comenzaron a buscar la manera de matar a Jesús, porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba admirada de su enseñanza. Entonces se acercaron a él para preguntarle con que autoridad hacía todas las cosas, pero Jesús se negó a decírselos. Realmente, ¿Por qué el hijo de Dios tendría que hacerlo? El Señor utilizó otra de sus parábolas para mostrarles que ellos estaban equivocados al no creer en Él, y que al tratar de apresarlo y matarlo, solo estaban firmando su sentencia de muerte. La piedra que rechazaron los constructores del templo era ahora la piedra principal; y por despreciarla, sufrirían las consecuencias. Al momento, los lideres quisieron arrestarlo, pero como tenían miedo de la gente, lo dejaron y se fueron. Intentaron tenderle otras trampas a Jesús para hacerlo caer y poder conseguir su detención, respecto al pago de impuestos, la resurrección, los mandamientos, entre otros, pero Jesús, en cada oportunidad, desmontaba todas sus pretensiones. Cuando los maestros de la Ley se dieron cuenta de que no podían hacerlo caer, ya nadie se atrevía a hacerle más preguntas. Y toda la gente, que era mucha, escuchaba con gusto a Jesús. 

Al salir del Templo Jesús anunció que el mismo sería destruido, y que de todas las edificaciones no quedaría ni siquiera ni una piedra sobre otra. Luego de este anuncio, les declaró todas las señales antes de su segunda venida y del fin del mundo; donde por supuesto, los discípulos ávidos por respuestas, hacían muchas preguntas a Jesús. Lo primero que advirtió el Señor es que debían tener mucho cuidado de que nadie los engañara, porque vendrían muchos haciéndose pasar por Él; y dirían: Yo soy, engañando a mucha gente. Las guerras y las calamidades empezarían a ocurrir, pero todo eso sería necesario para que la palabra se cumpliera, y sin embargo, eso todavía no marcaría el fin, sino la cercanía del mismo. Una nación pelearía contra otra y un país haría guerra contra otro; y habría terremotos en muchos lugares, y hambres. Y esto, apenas sería el comienzo de los dolores. Durante estos tiempos desafiantes para los hijos de Dios, muchos seguidores de Jesucristo son perseguidos, golpeados, apresados y hasta asesinados; y todo esto será necesario para que el evangelio se anuncie en todas las naciones, y aún ante toda autoridad terrenal, donde cada hijo de Dios debe dar testimonio de Él. El Señor nos dice: no se preocupen ustedes por lo que hayan de decir cuando los entreguen a las autoridades, porque no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu Santo. Todo el mundo odiará a los seguidores de Jesús, pero el que siga firme hasta el fin, se salvará. En este tiempo, vendrán falsos mesías y falsos profetas; y harán señales y milagros, para engañar, de ser posible, hasta a los que Dios mismo ha escogido. Por eso debemos ser muy cautelosos y siempre mantenernos guiados en la verdad del Espíritu de Dios. Pasado el tiempo de sufrimiento, el sol se oscurecerá, la luna dejará de dar su luz, las estrellas caerán del cielo y las fuerzas celestiales temblarán. Entonces se verá al Hijo del hombre venir en las nubes con gran poder y gloria. Él mandará a los ángeles, y reunirá a sus escogidos de los cuatro puntos cardinales, desde el último rincón de la tierra hasta el último rincón del cielo. Cuando veamos que suceden estas cosas, sepamos que el Hijo del hombre ya está a la puerta; pero en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni aun los ángeles del cielo, ni el Hijo. Solamente lo sabe el Padre. Por lo tanto, mantengámonos despiertos y vigilantes, porque no sabemos cuándo llegará el momento; si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la mañana; no sea que venga de repente y nos encuentre durmiendo.  Lo que nos dice Jesucristo a todos mediante esta palabra es: ¡Manténganse despiertos!


La Biblia en un año #Dia286

Marcos 8-10

La Biblia reseña que para este tiempo, Jesús había alimentado a las multitudes que lo seguían no una, sino dos veces, a través de la multiplicación de los panes y los peces. Miles fueron los que recibieron esta gran y necesaria provisión de Dios. No obstante, aunque los discípulos habían estado con Cristo en ambos milagros, cuando Jesús les dijo que tuviesen cuidado de la levadura de los fariseos y de la de Herodes, volvieron a comentar entre ellos que seguro el Señor lo decía porque no tenían pan. Jesús los reprendió porque seguían hablando de la ausencia del pan y porque aún no habían entendido lo que significaba verdaderamente estar con Él. Al parecer los discípulos (En palabras de Jesús), tenían la mente embotada,  tenían ojos pero no habían visto realmente; y tenían oídos pero aun no aprendían a escuchar. Muy rápido se les había olvidado los episodios anteriores en los que habían visto la mano de Jesús actuando a su favor,¿Y cuantas veces no nos pasa a nosotros lo mismo? Superamos una prueba con la intervención de Dios, y cuando llegamos a otra, muy fácilmente cedemos ante la presión de dudar. Cuando Jesús sanó a aquel muchacho endemoniado, éste fue llevado primero a sus discípulos, pero éstos nuevamente fallaron en sus intentos al querer liberarlo por falta de fe; nuevamente les dijo Jesús: ¿Cuando van a aprender? ¿Acaso no saben hacer nada sin mi? Él de algún modo ya los estaba preparando para su ausencia, cuando fueran ellos los que tuvieran que seguir su Ministerio y mostrar su gran poder en la tierra. Jesús le dijo al padre de este muchacho enfermo: Para el que cree todo es posible. Y él le dijo: Ayúdame en mi incredulidad. Muchas veces no alcanzamos ciertas promesas por la condición de fe que traen consigo, así como los discípulos, necesitamos ENTENDER la total capacidad del Dios que nos sostiene, y desarraigar de nuestras mentes todo pensamiento de duda o temor; solo así podremos vivir plenamente al Dios de los milagros. Como él sabía que este era un reto para sus discípulos, y que lo sigue siendo hasta nuestros días para nosotros, les dio y nos dio la formula perfecta para que nuestra fe sea cada vez más aumentada y fortalecida: Oración y ayuno, mientras haya mas búsqueda, habrá más confianza y más efectividad. Dios es fiel.

Después de esto, ya Jesús había comenzado a anunciar su muerte, y le comunicó a los doce que tendría que sufrir muchas cosas terribles y ser rechazado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los maestros de la ley religiosa. Si, lo matarían, pero tres días después resucitaría. También les dijo que si ellos entregaban su vida por su causa y por las Buenas Noticias, entonces la salvarían, porque no había ningún beneficio en ganar el mundo entero si perdían sus almas. Como me dijo mi mamá ayer mientras discutíamos estas lecturas: Duele mucho la forma cruel en la que asesinaron a Jesús, pero sino hubiese sido por ese sacrificio, nosotras no estaríamos hoy aquí. Y eso me lleno de amor y de esperanza. Un día lo volveré a ver, y ya nadie podrá arrebatarlo de mi lado. Posterior a esto, Jesús enseñó a sus discípulos acerca del divorcio, ellos preguntaron con gran insistencia como queriendo que Jesús les dijese lo que querían escuchar; pero para el Señor todo estaba muy claro: El que se divorcia de su esposa y se casa con otra comete adulterio contra ella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio. Luego bendijo a los niños que se acercaron a Él y les dijo a sus seguidores que para entrar en el reino de los cielos debían tener una conducta como la de ellos; y también los exhortó después de tener un encuentro con un hombre rico que se le acercó. Este hombre había cumplido la Ley, pero, sabía que hacía falta algo más para poder ser salvo; se lo preguntó a Jesús, y ante la invitación de éste a que vendiera todas sus posesiones y entregara todo el dinero a los pobres para después seguirlo, solo sintió tristeza y pesar. Jesús enseñaba a la gente y mayormente a sus discípulos, que era necesario dejarlo todo para ir en pos de Él; no porque literalmente tengamos que desprendernos de todos beneficios materiales, o romper todos lazos familiares, sino porque nuestro deleite y mayor prioridad debe ser Él, y lo demás debe ocupar siempre el lugar secundario. Este hombre rico no lo entendió, o quizás si, pero no tuvo la fuerza suficiente de despojarse de todo el peso que lo asediaba y le impedía llegar hasta Dios, pero los discípulos si lo comprendieron; aun con fallas y debilidades, dejaron todo para seguir a Jesús, y el mismo Señor les dijo que por ello serían enormemente beneficiados, y ahora mismo, lo sigo creyendo así. En el mundo que vendrá, los que lo sigan con fidelidad, reinarán junto con Él. Mejor dicho, reinaremos. Porque lo que soy yo, quiero y espero con todas mis fuerzas ser de los fieles galardonados. En ese tiempo, estaban Jesús y sus discípulos en Jericó y mientras salían de la ciudad, una gran multitud los siguió. Un mendigo ciego llamado Bartimeo oyó que Jesús venía y empezó a gritar pidiendo misericordia, muchos lo mandaban a callar, pero él gritaba más fuerte: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús lo oyó y pidió que se lo llevaran, y Bartimeo le dijo que quería poder ver, en el acto Jesús le dijo que su fe lo había sanado; y al instante el hombre pudo ver y siguió a Jesús por el camino. Si hoy las dudas te visitan y te manda a callar, entonces GRITA MAS FUERTE, porque tu fe, alcanzará los milagros de Dios. 


La Biblia en un año #Dia285

    Marcos 4-7

Tal y como aprendíamos en días anteriores, el Señor Jesús tenía una forma peculiar de dar sus mensajes, y era a través de parábolas, que eran narraciones breves y simbólicas que se extraen de un contenido moral. Esto era con el propósito de que solo los que hubiesen abierto sus ojos espirituales pudieran entender lo que Dios decía. Muchos al escuchar a Jesús sencillamente no aprendían nada, pero otros se volvían a Él y eran perdonados. Estos misterios acerca del significado del reino de los cielos, eran revelados específicamente a los que habían decidido convertirse en seguidores del hijo de Dios. La palabra de Dios es como una semilla que al germinar produce frutos apacibles en nuestras vidas, sin embargo, esa semilla debe ser sembrada en una tierra fértil para poder producir estos frutos. Algunas de estas semillas cuando son sembradas, caen en el camino, entonces vienen los pájaros y se las comen, lo que no produce ningún tipo de aprovechamiento; como la gente que oye el mensaje, pero enseguida viene Satanás y lo quita. Las semillas que caen sobre la tierra rocosa representan a los que oyen el mensaje y de inmediato y lo reciben con alegría; pero al no tener raíces profundas, no duran mucho; en cuanto tienen problemas o son perseguidos por creer la palabra de Dios, caen. Las semillas que caen entre los espinos, representan a los que oyen la palabra de Dios, pero muy pronto el mensaje queda desplazado por las preocupaciones de esta vida, el atractivo de la riqueza y el deseo por otras cosas, así que no se produce ningún fruto. Y finalmente cuando la tierra que recibe la semilla es buena, fértil y prospera, produce una cosecha treinta, sesenta y hasta cien veces más numerosa de lo que se había sembrado. Tanto los que escuchaban estas palabras de Jesús, el mejor maestro del mundo, como los que la escuchamos ahora, debemos prestar mucha atención, pues mientras más atentamente escuchemos, tanto más entendimiento nos será dado, pero a los que no escuchen, se les quitará aun lo poco que entiendan. En este sentido Jesús Jesús empleó muchas historias e ilustraciones similares para enseñar a la gente, tanto como pudieran entender. De hecho, durante su ministerio público nunca enseñó sin usar parábolas; pero después, cuando estaba a solas con sus discípulos, les explicaba todo a ellos.

La presencia de Jesús revolucionaba todo lugar donde llegaba, pues su sola persona conmocionaba a las multitudes, tanto en el reino de Dios como en el de las tinieblas. Los espíritus malignos se estremecían ante su presencia, ellos sabían que Él era el Cristo, el hijo del Dios viviente, y lo saben aún más que las personas de carne y hueso. la legión de demonios que atormentaba a aquel hombre que Jesús liberó, tembló delante de la presencia de Jesús, pues sabían que Él podía echarlos fuera, como en efecto lo hizo. Cuando este hombre fue libre, salió a visitar las diez ciudades de aquella región y comenzó a proclamar las grandes cosas que Jesús había hecho por él; y todos quedaban asombrados de lo que les decía. Un líder quizás menos influyente que los que perseguían a Jesús, estaba al frente de una sinagoga local, se llamaba Jairo, y a diferencia de los otros principales religiosos, cuando vio a Jesús, cayó a sus pies. Este hombre rogó por su hija, quien estaba agonizando de muerte; Jesús fue con con él, y de camino les informaron que la niña había muerto. Pero el Señor le dijo mis palabras favoritas: No temas, cree solamente. Entrando Jesús en la casa y escuchando el llanto y el alboroto, les dijo a todos que la niña no estaba muerta, sino que dormía; y a pesar de que muchos se rieron, Él entró con los padres de la niña a su habitación, acompañado de Pedro, Santiago y Juan, y tomó a la niña de la mano y le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. Entonces la niña, que tenía doce años, ¡enseguida se puso de pie y caminó! Ese, ¡ES JESÚS! Así que no temas, cree solamente. Jesús recorría los alrededores, enseñando de pueblo en pueblo. Reunió a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus malignos. Las multitudes perseguían a Jesús, tanto que a veces ni él ni sus discípulos tenían tiempo para comer; pero Él cuando veía a toda la gente, tenía compasión de ellos porque eran como ovejas sin pastor, y les enseñaba muchas cosas. Con la multiplicación de los panes y los peces, donde comieron cinco mil personas, Jesús demostró una vez más que no solo era Dios de palabras, sino de acciones, y que además de salvar y sanar, también podía proveer para todas las necesidades. Él simplemente todo lo puede, ¿Que gran esperanza cierto? Cuando la gente oía que Jesús llegaba a un lugar, le llevaban en camillas a los que tenían enfermedades. Y dondequiera que iba, en pueblos, ciudades o caseríos, colocaban a los enfermos en las plazas. Le suplicaban que les permitiera tocar siquiera el borde de su manto, y quienes lo tocaban, quedaban sanos. Mientras más milagros hacía Jesús, más se propagaban las noticias acerca de Él; la gente permanecía sumamente asombrada, y todos decían: Este hombre todo lo hace bien.


martes, 8 de noviembre de 2016

La Biblia en un año #Dia284

Marcos 1-3

Hoy empezaremos a leer el evangelio según Marcos, el cual, en opinión de los expertos bíblicos, es el más antiguo de los cuatro evangelios. Este libro por supuesto narra la vida de Jesús de Nazaret, desde su bautismo por Juan el Bautista, hasta su resurrección. Existe una estrecha relación entre los tres evangelios sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas), por lo que será común encontrar en las próximas lecturas, versículos en común con estos otros. El mensajero predicho por el profeta Isaías, quien prepararía el camino para el Mesías, se encontraba predicando el evangelio para el perdón de pecados. Ese mensajero era Juan el Bautista, quien anunciaba a Jesús, y bautizaba a toda la gente de Judea, incluidos los habitantes de Jerusalén, que al oírlo, se arrepentían de sus pecados. En esos días, Jesús estaba en la región de Galilea, en un pueblo llamado Nazaret, desde allí viajó hasta el río Jordán, donde Juan lo bautizó. Cuando esto sucedió, una voz desde el cielo exclamó que Jesús era el hijo amado de Dios, el cual lo llenaba de gran gozo. Luego el Espíritu de Dios impulsó a Jesús a ir al desierto, donde fue tentado por Satanás durante cuarenta días; estaba a la intemperie entre los animales salvajes, y los ángeles lo cuidaban. Durante este tiempo, Juan fue arrestado, entonces Jesús entró a Galilea y Él mismo anunció la Buena Noticia; predicaba que por fin había llegado el tiempo prometido por Dios (Su tiempo), y que todos debían creer en el evangelio y ser salvos. Luego de esto, Jesús llamó a Simón y a Andrés, sus primeros discípulos, y viendo el Señor que eran pescadores de oficio, los invitó a ser junto con él, pescadores de personas para el reino de Dios. Éstos enseguida dejaron las redes y lo siguieron. Después de ellos vinieron Santiago y Juan, quienes de inmediato, y dejando el trabajo que hacían para su padre, también lo siguieron. Jesús muy pronto y sin perder tiempo empezó a ejercer su ministerio, fue con sus discípulos a Carpenaúm, y en el día de descanso, entró a la Sinagoga y empezó a enseñar. La gente quedó asombrada de su enseñanza, porque lo hacía con verdadera autoridad, algo completamente diferente de lo que hacían los maestros de la ley religiosa. Allí en la Sinagoga había un hombre poseído por un demonio, que gritaba en el Templo, el Señor le ordenó al demonio que lo dejara; y en ese mismo momento, el espíritu maligno soltó un alarido, le causó convulsiones al hombre, y luego salió de él.  El asombro se apoderó de la gente y las noticias acerca de Jesús corrieron velozmente por toda la región de Galilea. Jesús sanó a mucha gente que padecía de diversas enfermedades y expulsó a muchos espíritus malignos, y recorrió toda la región de Galilea, predicando en las sinagogas y echando fuera demonios. 

Cuando Jesús sanó al leproso, este hombre hizo correr la voz proclamando a todos lo que había sucedido. Como resultado, grandes multitudes pronto rodearon a Jesús, de modo que ya no pudo entrar abiertamente en ninguna ciudad; tenía que quedarse en lugares apartados, pero aun así gente de todas partes seguía acudiendo a él. Cuando volvió a Capernaúm, la casa donde se quedaba estaba tan llena de visitas que no había lugar ni siquiera frente a la puerta. Allí le llevaron a un paralitico en una camilla, y como no había lugar en la puerta, los amigos que lo cargaban, abrieron un hueco en el techo de la casa y le bajaron a Jesús el paralitico; al ver la fe de ellos, Jesús le dijo al paralítico: «Hijo mío, tus pecados son perdonados. Esto despertó la molestia en los lideres religiosos, quienes afirmaban que sólo Dios tenía potestad para perdonar pecados. Ellos simplemente nunca creyeron en Jesús como Dios, pero eso también formaba parte de la voluntad del Padre, pues aún las aflicciones lo son para que su nombre sea exaltado. Jesús desafió a lideres diciendo que Él tenia autoridad tanto para perdonarlo, como para sanarlo, así que le dijo al paralitico que se pusiera de pie, que tomara su camilla y caminara. El hombre se levantó de un salto, tomó su camilla y salió caminando entre los espectadores, quienes asombrados, alababan a Dios. Luego de esto, Jesús llamó a Mateo, quien también se levantó y lo siguió. Los lideres religiosos eran muy celosos con el día de descanso, y Jesucristo, el Señor incluso de los días de descanso, desarticuló sus pretensiones en varias oportunidades. Primero al permitir que sus discípulos recogieran espigas para comer, y luego, sanando en este día a un hombre con una mano deforme. Para los lideres era más importante guardar la religión que bendecir a otros, entonces Jesús, entristecido por la dureza de sus corazones, les dijo que el día de descanso se había establecido para satisfacer las necesidades de la gente, que era un día para hacer bien y no mal, para dar vida y no quitarla. Pero los fariseos simplemente se reunieron para tramar como matar a Jesús. Las noticias sobre los milagros que hacía Jesús corrían por todas partes, y una enorme cantidad de personas llegó para verlo. Era tanta la multitud que lo seguía que tuvo que subir a una barca, ese día sanó a tanta gente que todos los enfermos empujaban hacia adelante para poder tocarlo; cuando los espíritus malos veían a Jesús, caían al suelo y gritaban: Tú eres el Hijo de Dios. Las multitudes crecían, así que el Señor llamó a los doce discípulos y les dio también a ellos autoridad para predicar y echar fuera demonios, de este modo iban a poder atender a toda la gente que se les acercara. Cuando los lideres religiosos acusaron a Jesús de que era satanás quien le daba el poder de expulsar demonios, ÉL les respondió de forma magistral: ¿Cómo puede satanás expulsar a satanás? Si Satanás está dividido y pelea contra sí mismo, ¿Cómo podrá mantenerse en pie? Solo alguien mas fuerte que el enemigo tiene el poder de entrar en su casa y saquear sus bienes, solo alguien más fuerte podría atarlo y acabar con sus planes, solo alguien más fuerte podría destruirlo, y ese alguien es JESUCRISTO, el poderoso hijo de Dios. Las tinieblas nunca podrán vencerlo. Y esos lideres religiosos tampoco pudieron hacerlo. 




lunes, 7 de noviembre de 2016

La Biblia en un año #Dia283

Mateo 26-28

Es inevitable llegar a este punto de las Escrituras y no sentirse afligido por la muerte de Jesús, y eso es precisamente el amor, sentir compasión por el dolor que sufre la persona que amas; y el de Jesús fue grande, el mas grande que pueda jamás existir. para hacer morir a Jesús como el más vil de los criminales, cercano al tiempo de la celebración de la pascua, se levantó la más repugnante conspiración entre los lideres religiosos; y mientras ellos tramaban sus planes en secreto, ya Jesús sabía que era uno de sus mismos discípulos el que lo traicionaría y lo entregaría a ellos. En la ultima cena de Jesús con sus seguidores, sentado en la mesa con ellos, les dijo que su muerte debía suceder pues así lo habían anunciado las Escrituras desde mucho tiempo atrás, pero que la persona que lo entregaría, iba a desear no haber nacido. Judas, el traidor, preguntó: Maestro, ¿hablas de mí? Y Jesús, quien lo sabía todo y aún así se mantuvo fiel, tomó el pan y dio gracias a Dios, luego lo compartió con sus discípulos y les dijo que ese pan representaba su cuerpo; luego bebieron el vino, el cual simbolizaba su sangre, a través de la cual se hacía un pacto de perdón de pecados con toda la humanidad. Esta inolvidable cena, fue la ultima de Jesús con sus discípulos, y, aunque imaginarla cause tristeza, muy pronto cuando Él regrese por nosotros, volveremos a cenar en su presencia. Después de eso, cantaron un himno y se fueron al Monte de los Olivos. Allí el Señor les advirtió que perderían su confianza en Él, todo en cumplimiento de la palabra de Dios; y aunque Pedro prometió nunca dejarlo, todos sabemos que no pudo cumplir su promesa. Estando en el monte, el Señor hace la oración que ha conmovido mi vida cristiana durante todo el tiempo que he estado siguiéndole. Allí en el Getsemaní, Jesús comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera; con el alma muy triste hasta la muerte le dijo a Dios: Padre mío, si es posible, pasa de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú. Pero sabiendo él mismo que no podía pasar la copa sin que Él la bebiera, estuvo dispuesto a hacer la voluntad de su Padre Celestial. El Señor siguió orando, enseñándonos de nuevo que en momentos de profunda agonía, lo mejor es buscar el rostro de Dios; así lo hizo hasta que supo que había llegado su hora, sería entregado en manos de los pecadores. Mientras Jesús hablaba, llegó Judas, uno de los doce discípulos, junto con una multitud de hombres armados con espadas y palos. Los habían enviado los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo. Judas les había dicho que saludaría a Jesús con un beso para que supieran a quien arrestar, y así, sin más ni más, lleno de cinismo y descaro, lo besó. Entonces los otros agarraron a Jesús y lo arrestaron. Jesús asumió su aprehensión con gallardía, Él lo hizo todo para que la Palabra que se había profetizado acerca de su persona se cumpliese, y así fue.

Los principales sacerdotes y todo el Concilio Supremo le exigió a Jesús que dijera si Él era el Mesías, y Jesús les dijo que lo era y que en el futuro lo verían sentado en el lugar de poder, a la derecha de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. Esta respuesta significó la mas aberrante blasfemia para el Sumo Sacerdote, por lo que el Concilio lo declaró culpable y lo sentenció a muerte. Entonces comenzaron a escupirle en la cara a Jesús y a darle puñetazos, algunos le daban bofetadas y se burlaban de Él diciendo: ¡Profetízanos, Mesías! Mientras esto sucedía, algunos confrontaron a Pedro diciéndole que él era uno de los que andaba con Jesús, pero éste rechazó tales afirmaciones, no una, sino tres veces. Tal y como se lo había predicho el Señor. Mientras los ancianos y sacerdotes pensaban como ejecutar a Jesús, lo ataron y lo entregaron a Pilato, el gobernador romano. Cuando Judas, quien lo había traicionado, se dio cuenta de que habían condenado a muerte a Jesús, se llenó de remordimiento; quiso devolver las monedas, pero a los ancianos no les importó; entonces lanzó las monedas en el Templo y luego se ahorcó. Cuando Jesús fue presentado frente a Pilato, nunca negó lo que era, sin embargo, mientras los lideres religiosos presentaban sus acusaciones, él solo guardaba silencio. Para sorpresa del gobernador, Jesús no respondió a ninguno de esos cargos. Para aquellos días, la costumbre de cada año durante la Pascua, era soltar a un preso, el que la gente quisiera; y estando ese año un hombre de mala fama llamado Barrabás, la multitud decidió soltarlo a él y no a Jesús, pues habían sido persuadidos para ello por los ancianos y sacerdotes. Cuando Pilato preguntó que debía hacer con Jesús, la multitud gritó: ¡Crucifícalo! Así fue que Pilato dejó a Barrabás en libertad. Mandó azotar a Jesús con un látigo que tenía puntas de plomo, y después lo entregó a los soldados romanos para que lo crucificaran. Después de ser desnudado, burlado, golpeado, escupido, maltratado, coronado con una corona de espinas y clavado en la cruz, la gente decía: si eres el Hijo de Dios, sálvate a ti mismo y bájate de la cruz. Pero Él, obediente y fiel, se entregó sin decir palabra. Cuando Jesús murió y entregó su Espíritu, la cortina del santuario del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló, las rocas se partieron en dos, y las tumbas se abrieron. Los cuerpos de muchos hombres y mujeres justos que habían muerto resucitaron. Los soldados que estaban en la crucifixión quedaron aterrorizados por el terremoto y por todo lo que había sucedido, y dijeron: Este hombre era verdaderamente el Hijo de Dios. Luego Jesús fue enterrado, y su tumba fue asegurada con guardias pues temían a la palabra que había dado Jesús respecto a su resurrección. luego de los tres días, se produjo un gran terremoto, pues un ángel del Señor descendió del cielo, corrió la piedra que tapaba la tumba a un lado y se sentó sobre ella. Los guardias temblaron de miedo cuando lo vieron y cayeron desmayados por completo. Entonces, el ángel le dijo a María Magdalena y a la otra María, que no temieran, que Jesús no estaba allí en la tumba porque había resucitado tal y como dijo que sucedería. Ellas fueron rápidamente a anunciar lo que había sucedido y además debían decirle a los discípulos que Jesús iba a Galilea y que allí se vería con ellos. Entonces los once discípulos salieron hacia Galilea y se dirigieron al monte que Jesús les había indicado. Cuando vieron a Jesús, lo adoraron, pero algunos de ellos dudaban. No obstante, el Señor se acercó y les que Dios le había dado todo el poder para gobernar en todo el universo, y que ellos debían ir y hacer más discípulos en todos los países de la tierra; bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.; y mostrándoles a obedecer todo lo que Jesús había enseñado. Jesucristo siempre estaría con ellos, y con nosotros, todos los días, hasta el fin del mundo.