domingo, 6 de noviembre de 2016

La Biblia en un año #Dia282

Mateo 24-25

El gran Mateo 24, ¿Que hijo de Dios no ha reflexionado reiteradamente en esta Palabra? En ella se encuentran descritas todas las señales que vendrán antes de la segunda venida de Cristo y del fin del mundo. Jesús era más que un profeta, Él era Dios; y con toda su autoridad divina, empezó a predecir eventos futuros cuando Él y sus discípulos salían del Templo en Jerusalén. Sus discípulos le señalaron los diversos edificios del templo, Pero Él les dijo que todos serían demolidos por completo, y que no quedaría ni una sola piedra sobre otra. Los discípulos con curiosidad siguieron preguntando cuando sucedería todo eso, y que señal marcaría su regreso y el fin del mundo, entonces el Señor Jesús les dijo que no dejaran que nadie los confundiera, porque muchos vendrían antes que Él afirmando que eran el Mesías, y de esa forma engañarían a muchos. El Señor les dijo que estuviesen atentos, pues antes de que Él regresara por segunda vez, oirían de guerras y de amenazas de guerras, y que no debían dejarse llevar por el pánico. También una nación entraría en guerra con otra, y un reino con otro reino; habría hambres y terremotos en muchas partes del mundo. Sin embargo, todo eso es solo sería el comienzo de los dolores del parto, luego vendrían más. Entonces a los discípulos de Jesús los arrestarían, los perseguirían y los matarían. En todo el mundo los odiarán por ser sus seguidores. Otra de las señales de las cuales habló Jesús, es que muchos se apartarían de Él, se traicionarían unos a otros y se odiarían. También Aparecerían muchos falsos profetas y engañarían a mucha gente. Abundaría el pecado por todas partes, y el amor de muchos se enfriaría; pero el que se mantuviera firme hasta el fin, sería salvo. Y se predicaría la Buena Noticia acerca del reino por todo el mundo, de manera que todas las naciones la oirían; y entonces vendría el fin. No podemos creer en las palabras de alguien que nos diga: Mira, aquí esta el Mesías;  pues se levantarán falsos mesías y falsos profetas y realizarán grandes señales y milagros para engañar, de ser posible, aun a los elegidos de Dios. Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Después de la tribulación de esos días, el sol se pondrá oscuro, y la luna dejará de brillar. Las estrellas caerán, y temblarán los poderes que están en el cielo. Entonces todos verán en el cielo una señal, la cual indicará que Jesús viene de nuevo. Y cuando lo vean venir entre las nubes del cielo, con mucho poder y gloria, todos los países del mundo temblarán de miedo. Él mismo enviará por todo el mundo a sus ángeles con una gran trompeta, para que reúnan a sus seguidores. Cuando veamos todas estas cosas, sepamos que el fin está cerca; más el día y la hora, nadie la conocerá; de modo que debemos estar alertas y preparados porque el Señor llegará cuando menos lo esperemos.

Muy pronto toda la Iglesia de Dios, saldrá a recibir a su novio, el gran Rey Jesucristo; y cuando lo hagamos, tenemos que ser semejantes a esas cinco vírgenes sabias, que llevan sus lamparas encendidas y con aceite extra para que la llama no se apague, y así poder encontrarnos con Él. El novio puede demorarse, pero nuestra actitud siempre debe ser aguardar por su llegada; como quien sabe que pronto lo vienen a buscar. Cuando Él llegue, y nuestras lámparas estén encendidas por el fuego de su Espíritu Santo, entraremos con él a la fiesta de bodas y la puerta será cerrada con llave. Para ese momento muchos tocaran a la puerta, y querrán poder entrar, pero el Señor desconocerá a todos aquellos que no hubiesen estado adorándolo y esperando su venida. El día y la hora, nadie la sabrá, por eso cada día, todos los días, debemos mantenernos firmes, como sacrificio vivos y santos en su honor. Mientras esperamos el regreso de nuestro Señor, debemos ser siervos buenos y fieles que hacen multiplicar y reproducir todas las bendiciones que Él ha depositado en nosotros, y poder honrarlo con una gran cosecha de lo que Él nos ha permitido sembrar. Con diligencia, con responsabilidad y con mucha disposición, pues a los que usan bien lo que se les da, se les dará aún más y tendrán en abundancia; pero a los que no hacen nada se les quitará aun lo poco que tienen. Cuando el Hijo del hombre regrese, vendrá como un rey poderoso, rodeado de ángeles, y se sentará en su trono. Gente de todos los países se presentará delante de Él, y allí juzgará las acciones de todos los habitantes de la tierra. Todo lo que hayamos hecho para ayudar a una de las personas menos importantes de este mundo, a quienes Jesús considera como hermanos, es como si lo hubiésemos hecho para Él mismo, y seremos retribuidos por ello. Pero los malvados recibirán su castigo, y tristemente serán acreedores la condenación eterna. Las consecuencias negativas y lamentables para la gente malvada, serán interminables. Pero los que obedezcamos a Dios recibiremos la recompensa de la vida eterna. ¡Amén!


La Biblia en un año #Dia281

Alto de Adoración semanal...


En esta ultima semana terminamos de leer las profecías concernientes al Mesías, para finalmente ser testigos de su llegada 400 años después. Mientras hacía mi recorrido por el libro de Mateo pensé en una sola palabra para describir al Señor Jesús: Perfecto. Él siempre fue sencillamente perfecto, y todo lo que hacía, lo hacía bien. Él es toda excelencia, y su nombre es insuperable. Cada cosa que hizo, cada palabra que dijo; sin fallas, sin defectos. Y aún así, perseguido, cuestionado, reprochado y desafiado por los principales lideres y autoridades religiosas de la época. En el Salmo N° 103 que leeremos en este día, David hace una invitación magistral a no olvidar ninguno de los beneficios de presencia de Dios, y también nos anima a alabarlo por todas sus grandes proezas y maravillas. Jesucristo es Dios, y en su llegada y paso por la tierra, hizo gala de su autoridad divina: Sanidad, liberación, enseñanzas, milagros y portentos. El es quien perdona todas nuestras iniquidades, El que sana todas nuestras dolencias; El que rescata del hoyo nuestra vida, El que nos corona de favores y misericordias; El que sacia de bien nuestra boca de modo que rejuvenezcamos como el águila. Es increíble pensar que un Dios con ese carácter pueda ser rechazado por muchos, pero así fue; y lo sigue siendo aún en este tiempo. En palabras del mismo Jesús: Muchos han sido llamados, pero muy pocos los escogidos. A Dios no se le bendice solo por lo que hace, sino por lo que Él es. Todo lo creado, todo lo que hay en su reino; sus ángeles, sus siervos, sus hijos, debemos alabar siempre al Señor, y todo nuestro ser debe bendecir su santo nombre. Eres maravilloso mi Señor, y te amo con todo mi corazón. 


sábado, 5 de noviembre de 2016

La Biblia en un año #Dia280

    Mateo 20-23

El Hijo del Hombre, que no vino para que le sirvieran, sino para servir a otros y para dar su vida en rescate por muchos, nuevamente predijo su muerte, y mientras Él y sus discípulos subían a Jerusalén, les contó en privado lo que iba a suceder. Les dijo que allí mismo en Jerusalén sería traicionado y entregado a los principales sacerdotes y a los maestros de la ley religiosa; quienes lo condenarían a muerte. Luego lo entregarían a los romanos para que se burlaran de él, lo azotaran con un látigo y lo crucificaran; pero al tercer día, Él se levantaría de los muertos. Mientras Jesús y los discípulos se acercaban a Jerusalén, llegaron a una ciudad en el monte de los Olivos. Jesús mandó a dos de ellos que se adelantaran a una aldea que estaba allí, donde verían una burra atada con una cría que debían llevar al Señor. Eso ocurrió para que se cumpliera la profecía que decía que el Rey llegaría hasta Jerusalén montado en una burra, en la cría de una burra. Los dos discípulos hicieron tal como Jesús les había ordenado. Llevaron la burra y su cría, pusieron sus prendas sobre la cría, y Jesús se sentó allí. A medida que Jesús entraba, mucha gente tendía sus prendas por el camino y otros cortaron ramas de los arboles y las extendieron. Él permanecía en el centro de la multitud, mientras todos aclamaban diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! Bendito el que viene en el nombre del Señor. Cuando entró Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y se preguntaban quien era él, y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea. En ese tiempo, Jesús entró al Templo de Dios, y comenzó a echar a todos los que compraban y vendían animales para el sacrificio. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, pues de acuerdo a las Escrituras, el Templo sería llamado casa de oración, pero esos mercaderes lo habían convertido en una cueva de ladrones. Los ciegos y los cojos se acercaron a Jesús en el templo y allí el Señor los sanó. Los principales sacerdotes y los maestros de la ley religiosa vieron esos milagros maravillosos y se indignaron porque aún los niños alababan a Jesús, pero Él los desafió a ellos diciéndoles que la misma Palabra declaraba que a los niños y a los bebés les debía ser enseñada la alabanza. Luego el Señor regresó a Betania donde pasó la noche. 

La autoridad de Jesús fue cuestionada por estos sacerdotes y maestros de la Ley, y le preguntaron que con que potestad hacía todas esas cosas; pero Jesús los enfrentaba diciendo que sino sabían bajo que autoridad actuaba Juan, tampoco les diría bajo la de quien actuaba Él mismo. A estas principales autoridades del pueblo hebreo, Juan les había enseñado la forma correcta de vivir, sin embargo, ellos lo rechazaron y se negaron a arrepentirse de sus pecados. Ellos tenían un complejo de superioridad respecto al resto de los habitantes de la nación, y rechazaban a los pecadores; pero ciertamente esos pecadores, corruptos y adúlteros arrepentidos, serían los que recibirían la vida eterna primero que ellos. Para llamarlos a la obediencia, el padre celestial había mandado siervos y ministros suyos que los guiaran a la verdad, pero ellos solo los maltrataban y repudiaban; entonces quiso Dios enviar un mayor numero de siervos para enseñarles como vivir y el resultado fue el mismo. Finalmente y como sucedía hasta esos momentos de los enfrentamientos de las autoridades religiosas con Jesús, Dios decidió enviar a su hijo, pues pensó que sin duda lo respetarían y honrarían a Él, pero ellos solo pensaron en arrestarlo y finalmente asesinarlo. Por eso les esperaría un final fatal, en el que serían aplastados y hechos pedazos. Ellos, y todos a los cuales había sido predicado el reino de los cielos pero que lo habían rechazado, habían sido los invitados de honor de Dios en la gran fiesta de bodas del cordero; pero ellos, públicamente y reiteradas veces hicieron caso omiso de tal invitación; se negaron a asistir, y en varias oportunidades insultaron e incluso mataron a los mensajeros con los que Dios los había mandado a invitar. Esas personas no eran dignas de tal honor, ¡habían despreciado a Dios! Por eso, habría nuevos mensajeros llamando en las esquinas de las calles a todo el que pasara para invitarlos a la gran fiesta que Dios estaba preparando; y aún esos invitados, iban a tener que estar propiamente vestidos de santidad para poder disfrutar del banquete; sino serían echados fuera. Porque ciertamente han sido y serán muchos los llamados a disfrutar de la presencia de Dios, pero serán pocos los escogidos. Debido a que Jesús dejaba sin argumentos en cada oportunidad a estos religiosos, ellos se juntaron para tramar cómo hacer que Jesús cayera en la trampa de decir algo por lo cual pudiera ser arrestado. Quisieron que Jesús los animara a no pagar sus tributos romanos, pero Jesús, sabiendo lo que tramaban, los tildó de hipócritas y les dijo: Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Su respuesta los dejó asombrados, y se marcharon. Todos intentaban interrogar a Jesús para tratar de encontrar en Él alguna falla, algún error, pero sólo conseguían quedar atónitos con sus enseñanzas. Algunos expertos de la ley religiosa incluso quisieron tenderle trampas para ver si hablaba algo diferente a la ley, pero Jesús, derribando sus razonamientos y haciendo gala de su sabiduría sin igual, declaraba magistralmente la Palabra de Dios y mejor aún, la cumplía. Después Él mismo les preguntó de quien pensaban ellos que era hijo el Mesías, ellos dijeron que de David, pero Él les dijo: Si David llamó al Mesías “mi Señor”, ¿Cómo es posible que el Mesías sea su hijo? Nadie pudo responderle, y a partir de entonces, ninguno se atrevió a hacerle más preguntas. Después de esto, el Señor Jesús dio una excelente recomendación a sus discípulos y a las multitudes que lo seguían: Que debían seguir lo que los maestros de la Ley religiosa decían porque eran sus intérpretes, pero que en ningún caso debían seguir su ejemplo, pues ellos no hacían lo que enseñaban. ¿Que lamentable cierto? Las palabras podrán convencer pero los ejemplos arrastran. Ellos lo único que hacían era aparentar una falsa adoración ocupando los principales asientos de las sinagogas, y orando con palabras repetidas, pero que aflicción les esperaba al pasar por alto los aspectos más importantes de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe. Todos ellos estaban sucios por dentro, llenos de avaricia y se permitían todo tipo de excesos; eran como tumbas blanqueadas: hermosas por fuera, pero llenas de huesos de muertos y de toda clase de impurezas por dentro. Por fuera parecían personas rectas, pero por dentro, el corazón estaba lleno de hipocresía y desenfreno. Jerusalén, la ciudad que mató a los profetas y apedreó a los mensajeros de Dios; cuantas veces quiso Jesús juntar a sus hijos como la gallina protege a sus pollitos debajo de sus alas, pero no lo dejaron. Pues esto dijo el Señor: No volverás a verme hasta que digas: ¡Bendiciones al que viene en el nombre del Señor!


La Biblia en un año #Dia279

           Mateo 16-19

La primera vez que prediqué en un Servicio dominical de mi Iglesia, fue en Mateo 16, nunca lo olvidaré. Titulé la enseñanza: Un verdadero seguidor de Jesús, tomando como fuente la escena donde Jesús anuncia su muerte a sus discípulos y Pedro, el mismo que escenas atrás había reconocido que Jesús era el Cristo, el hijo del Dios viviente; quiso reconvenirle pues no quería que tal cosa le sucediera. Propósito que por supuesto Pedro jamás pudo conseguir; pues el Señor inmediatamente lo reprendió diciendo: Me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Y eso es lo que hace un verdadero seguidor de Jesús, sujetar sus propias pasiones, sus deseos, las inclinaciones de su carne, en miras a alcanzar el bien mayor: Hacer la voluntad de Dios. Jesús lo hizo, y en la misma forma exhortó a Pedro y a los demás, a que también lo hicieran. Hay muchos sacrificios que como hijos de Dios muchas veces no estamos dispuestos a hacer, pero son necesarios si queremos honrarlo de forma verdadera. Finalmente, cuando vuelva el hijo del hombre a establecer su reino, pagará a cada quien conforme a sus obras. Seis días después de este episodio, Jesús tomó a Pedro y a sus dos hermanos, Santiago y Juan, y los llevó a una montaña alta para estar a solas. Mientras ellos lo observaban, la apariencia de Jesús se transformó a tal punto que la cara le brillaba como el sol y su ropa se volvió tan blanca como la luz. De repente, aparecieron Moisés y Elías y comenzaron a conversar con Jesús. Pedro, el muchas veces protagonista de los acontecimientos relacionados con los discípulos, le dijo al Señor que era maravilloso poder estar allí contemplando tal escena. Luego, oyeron una voz desde el cielo, que respecto de Jesús decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él obedezcan. Los discípulos temerosos cayeron rostro en tierra, pero Jesús les ordenó levantarse y les dijo que no tuvieran miedo. Además les dijo que no debían contar nada de lo que había pasado hasta que Él hubiese muerto y resucitado. Los discípulos andaban con Jesús, comían con Jesús, hablaban con Jesús; eran testigos de su poder, eran enseñados por Él y veían constantemente sus manifestaciones, pero aún así, muchas veces dudaban; la gran batalla del genero humano: Creer o no creer. Una mujer había llevado a su hijo enfermo, mentalmente atormentado por satanás, hasta ellos para que lo sanaran, sin embargo, no pudieron hacerlo. Esto incomodó mucho al Señor Jesús, quien reprendiendo al demonio, le devolvió la sanidad al muchacho y éste estuvo bien. Él dijo a sus discípulos que si hubiesen tenido fe, habrían podido echar fuera ese demonio. Pues el que le cree a Dios, con una medida al menos del tamaño de un grano de mostaza, puede trasladar montañas de un lado a otro, y nada le resulta imposible. Luego Jesús predijo nuevamente su muerte, y les dijo que Él iba a ser traicionado y entregado en manos de sus enemigos, y los discípulos se llenaron de profundo dolor. 

Las tentaciones son inevitables, pero qué aflicción le espera al que provoca la tentación. Por eso les dijo el Señor a sus seguidores, que a menos que se apartaran de sus pecados, y se volvieran como niños, nunca entrarían en el reino del cielo. la actitud humilde de los niños, su comportamiento honesto, su forma genuina de creer, su franqueza, su autenticidad, es lo que los hace acreedores del tesoro más grande que es la presencia de Dios, y por eso, debemos siempre imitar su conducta, y diría yo, más allá de eso, imitar su FE. Por eso, cualquier cosa que nos haga caer en tentación, es mejor desarraigarla de nuestras vidas por completo. Es preferible entrar en la vida eterna con un solo pie, o con un solo ojo; que estar completos pero viviendo en condenación eterna. La prioridad es Jesús, siempre será Jesús, y después de Él, lo demás será totalmente secundario. Tus afanes, tus riquezas, el cargo de una ofensa no perdonada, tus títulos, tu conocimiento, tu familia, nunca deben ser circunstancias que te separen de tu propósito como hijo de Dios, que es: Ser un verdadero seguidor de Jesús. En ocasiones las palabras de Jesús eran duras de aceptar por sus discípulos, pensaban que eran grandes retos, casi imposibles de alcanzar. Y ciertamente es así, humanamente hablando es imposible, pero para Dios todo es posible. Por eso, por amor al reino de los cielo, el que pueda, que lo acepte. Eso fue lo que le dijo Jesús al hombre rico que se le acercó preguntando como podía recibir la vida eterna, déjalo todo y sígueme, contestó Jesús. Y esto no agradó mucho a este hombre, ni agrada a mucho a los hombres en la actualidad, incluso a los que hemos creído en Él; pero esa, es la única manera de poder tener una relación con Jesús. Una persona que se ha abandonado a sí misma, es una persona que se identifica con Cristo, que reconoce que su vida ya no le pertenece pues la ha entregado a El. Cuando te identificas con Jesús, dependes totalmente de su presencia, y vives dispuesto a permanecer en sus manos. Cuando vivimos de este modo, reconocemos que el Señor Jesucristo es nuestra autoridad, y mostramos que acatamos y respetamos su Palabra, cumpliendo con todos sus mandamientos. Al convertirnos en hijos obedientes y fieles, nos sujetamos por amor, no por obligación; sabiendo que nuestra cabeza es Cristo y es quien nos orienta y nos dirige. En este sentido, podríamos estar totalmente dispuestos a hacer cualquier tipo de renuncia, en miras del cumplimiento eterno de los propósitos de Dios para nuestras vidas; porque cuando vivimos para Cristo, las inclinaciones personales dejan de ser personales, y los deseos son sustituidos por convicciones. Entonces, empezamos a caminar por fe y no por vista, y estamos dispuestos a dejarnos a nosotros mismos para depositar todo lo que somos en Jesús. Cuando estás interesado en cumplir la voluntad de tu Padre Celestial y no la tuya, estás motivado cada día a dejar mas de ti mismo en pos de parecerte a Cristo; ya no cedes fácilmente ante las emociones, y empiezas a vivir por FE. Los discípulos lo dejaron todo, y el Señor les aseguró que cuando el mundo se renovara y Él se sentara sobre su trono glorioso, ellos también se sentarían en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Además, todo el que hubiese tenido que dejar casas o hermanos o hermanas o padre o madre o hijos o bienes por la causa de Cristo, recibirá cien veces más a cambio y heredará la vida eterna. ¡Aleluya! Soy de Cristo. 



jueves, 3 de noviembre de 2016

La Biblia en un año #Dia278

    Mateo 12-15

Entonces los ciegos veían, los cojos caminaban bien, los leprosos eran curados, los sordos oían, los muertos resucitaban, y a los necesitados se les predicaba la Buena Noticia; parece que todo marchaba bien en las regiones donde llegaba el ungido de Dios. Sin embargo, toda su revolución seguía incomodando a los fariseos, quienes alarmados se atormentaban porque Jesús realizaba labores en el día de descanso. Pero Jesucristo, era Señor, incluso de los días de descanso; y eso es lo que ningún religioso, adoctrinado y dogmático podrá jamás entender. El Señor sabía que los fariseos ya tramaban el levantar algún cargo en su contra para apresarlo, por eso, al sanar muchos de los enfermos de la multitud que lo seguía, les advirtió que no revelaran quién era él. Luego llevaron a Jesús para que sanara a un hombre ciego y mudo, al hacerlo, la multitud asombrada decía: ¿Será posible que Jesús sea el Hijo de David, el Mesías?. Pero los fariseos insistían, y murmuraban diciendo que su poder venía de satanás. Algunos le pedían señales del cielo para probar su autoridad solo para tentarlo, pero Jesús les dijo que solo una generación maligna y adúltera exigiría una señal milagrosa; y que demostrando Él, ser mucho más superior a los profetas y a los reyes, ellos simplemente se negaban a creer. Éstos ciertamente obtendrían el castigo por su incredulidad, siendo atormentados por demonios de muchas maneras. Ese mismo día, Jesús salió de la casa donde estaba, fue a la orilla del Lago de Galilea, y allí se sentó para enseñar. Como mucha gente llegó a escucharlo, tuvo que subir a una barca y sentarse para enseñar desde allí. La gente permaneció de pie en la playa. Jesús les enseñó muchas cosas por medio de ejemplos y parábolas; sus discípulos le preguntaron el propósito de las mismas, y Jesús les dijo que enseñaba de esa forma para que solo los escogidos pudieran entender los secretos del reino de los cielos; porque a los que sabían algo acerca de los misterios del reino, se les permitía saber mucho más; pero a otros, por más que se esforzaran, no iban a poder entender nada. Así se cumplió en ellos lo que Dios había dicho por medio del profeta Isaías: Esta gente, por más que escuche, nunca entenderá; y por más que mire, nunca verá. El sembrador, el trigo y la cizaña, la semilla de mostaza, el tesoro escondido, la perla de gran precio, la red; todas éstas eran formas simbólicas en la Jesús hablaba a la gente, y contaba cosas que Dios había tenido en secreto desde que hizo el mundo. Pero sus discípulos eran realmente afortunados, pues Dios les había permitido ver, escuchar, y más allá, entender su mensaje directamente desde Jesús. 

Cuando Jesús terminó de enseñar con todas esas parábolas, salió de allí y se fue hasta Nazaret, y llegando a su pueblo, se puso a enseñar en la sinagoga. Muchos se sorprendían al escuchar todo el conocimiento que tenía, y todo el gran poder que salía de él para sanar enfermos. Además decían: Pero, ¡si es Jesús, el hijo de José, el carpintero! ¿Cómo es que sabe tanto y puede hacer estos milagros? Pero ninguno de los que estaban allí quiso aceptar sus enseñanzas. Entonces él dijo: A un profeta se le respeta en todas partes, menos en su propio pueblo y en su propia familia. Y como la gente no creía en Él, Jesús no hizo muchos milagros en aquel lugar. En aquel tiempo, Herodes, el gobernador de Galilea, tuvo un altercado con Juan el Bautista, pues éste le recriminó el haberse casado con la mujer de su hermano. Herodes se enojó con Juan, y ordenó que lo arrestaran, lo encadenaran y lo pusieran en la cárcel. Cuando Herodes cumplió años, la hija de su esposa bailó frente a sus invitados, y su baile agradó tanto a Herodes que le dijo que lo que le pidiera, se lo daría. Ella, persuadida por su mamá, pidió la cabeza de Juan, y aunque Herodes se lamentó, no pudo romper su promesa; entonces los sirvientes le cortaron la cabeza a Juan, la pusieron en un plato, y se la llevaron a la muchacha, y ella se la entregó a su madre. Los discípulos de Juan pasaron a recoger el cuerpo de su maestro y lo enterraron. Después, fueron y le contaron a Jesús lo que había sucedido. Cuando Herodes se enteró de lo que la gente hablaba acerca de Jesús y los milagros que hacía, dijo que en realidad Jesús era Juan, quien había vuelto a vivir. Jesús amaba mucho a Juan, y Juan era más que un profeta; había sido el encargado de prepararlo todo para la llegada de Cristo, y de forma valiente y decidida se había convertido en el mayor evangelista de todos los tiempos, predicando el reino de los cielos hasta hacerlo avanzar a grandes cifras. Cuando Jesús oyó lo que le habían hecho a Juan, subió a una barca y se fue a donde pudiera estar solo. Pero la gente lo seguía a todos lados, y cuando se bajó de la barca, vio que allí había una gran cantidad de gente, entonces tuvo compasión de ellos y sanó a todos los que estaban enfermos. Cuando ya empezaba a atardecer, los discípulos quisieron despedir a la gente porque tenían mas que cinco panes y dos peces para darles de comer, si, ellos estaban con Jesús y aún así les preocupó la comida, no podría juzgarlos. Luego de ordenar que la gente se sentara sobre la hierba, Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados, miró al cielo y dio gracias a Dios. Luego repartieron el alimento y todos comieron hasta saciarse. Cuando los discípulos recogieron los pedazos que sobraron, llenaron doce canastas. Los que comieron fueron como cinco mil hombres, además de las mujeres y los niños. Él es Jesús, el Dios de los milagros, que luego de este esta multiplicación milagrosa de los panes y los peces, también pudo caminar sobre el mar. Los discípulos no dejaban de asombrarse con cada hecho del Mesías, parecía que no estaban totalmente apercibidos de la persona de Cristo, y no lograban comprender tanto poder. Luego de esto, todos los que estaban en la barca se arrodillaron ante Él y volvieron a reconocer perplejos: ¡Es verdad, tú eres el Hijo de Dios! Jesús siguió a otros pueblos y su fama se extendía, Él seguía sanando y salvando multitudes. Los fariseos seguían cuestionando las obras de Jesús y a sus discípulos, pero el Señor seguía desafiando y desacreditando sus palabras. Nada lo detenía en su propósito. Los fariseos iban a ser tratados como un jardinero trata a las plantas que no ha sembrado en su jardín: Las arranca de raíz y las echa fuera. Jesús no había sido enviado sino a rescatar a las ovejas perdidas de la casa de Israel, sin embargo, los actos de fe inquebrantable también eran merecedores de su misericordia; tal fue el caso de la mujer no judía que con gran confianza supo, que aún sus migajas podían hacerla salva. AMO este pasaje, siempre pienso: ¡Quiero ser como esa mujer! Confiada, insistente, perseverante, inconmovible, firme en mis convicciones, segura y totalmente creyente de su poder. A esas son a las que se les dice: Oh mujer, Grande es tu fe, hágase contigo como quieres. ¡Aleluya!


La Biblia en un año #Dia277

       Mateo 8-11

Nuestro Señor no solo se mantuvo enseñando, sino que además, con toda la autoridad que se desprendía del hecho de ser el hijo de Dios, también sanaba, liberaba y restauraba como nunca nadie más lo había hecho. La lectura de hoy inicia con dos extraordinarios actos de fe: primero, el leproso que se postró delante de Jesús diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme; al cual Jesús, extendiendo su mano, lo tocó y quedó limpio de su lepra. Y segundo, el oficial romano que se le acercó rogando por su sirviente enfermo, con la convicción de que Jesús ni siquiera tenía que ir hasta donde él estaba para sanarlo. Ambos hombres sabían, y creían, que si Jesús quería, podía ser propicio a sus necesidades en aquel mismo momento; sin que ellos, ni el mismo Señor, tuviesen que hacer grandes actos que demostraran su certeza, o su poder, respectivamente. Y eso, queridos lectores, se llama: FE. Por cierto, este relato de Jesucristo sanando al siervo del Centurión, es uno mis más grandes favoritos en toda la Biblia. Siempre he soñado que mi confianza en el Señor le agrade tanto, que maravillado pueda decir de mi: ni aun en Israel he hallado tanta fe. Jesús sanó a mucha gente, entre ellas, a la suegra de Pedro, quien al ser sana le servía. También le llevaron muchos endemoniados, Él expulsó a los espíritus malignos con una simple orden y sanó a todos los enfermos; así se cumplió la palabra del Señor por medio del profeta Isaías, quien dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. La respuesta frente a todas estas portentosas obras del Señor, fue que muchos quisieron seguir a Cristo; y viéndose Él rodeado de mucha gente, mandó a sus discípulos que lo acompañaran al otro lado del Lago de Galilea, advirtiéndoles que seguirlo, era un compromiso importante, por el cual tendrían que renunciar a muchas otras cosas que quizás para ellos tenían mucho valor. Jesús subió a la barca y se fue con sus discípulos, todavía estaban navegando cuando se desató una tormenta tan fuerte que las olas se metían en la barca. Mientras tanto, el Señor dormía. Los discípulos desesperados despertaron al Señor, pero éste, reprendiéndolos les dijo que no confiaban en Dios; enseguida Jesús se levantó y les ordenó al viento y a las olas que se calmaran, y todo quedó muy tranquilo. Los discípulos preguntaban asombrados: ¿Quién será este hombre, que hasta el viento y las olas lo obedecen?

Donde Jesús llega, todo se revoluciona, simplemente nada puede permanecer igual donde hay un hombre todopoderoso que sana, salva, libera y echa fuera demonios. Estando el Señor en la región de Gadara, sanó a dos hombres que tenían espíritus malignos, cuando esos demonios salieron de aquellos hombres, entraron en unos cerdos que corrieron sin parar, hasta ahogarse en el mar; esto hizo que la gente temiera y le pidiera a Jesús que se marchara de aquella región. Luego sanando Jesús a un hombre que no podía caminar, también le perdonó sus pecados, por lo que los maestros de la Ley religiosa, se indignaron y murmuraron en su contra diciendo: ¿Acaso éste se cree Dios? Jesús sabía lo que ellos estaban pensando, así que les preguntó: ¿Por qué tienen pensamientos tan malvados en el corazón? Y dijo que les demostraría que Él tenía autoridad en la tierra para perdonar pecados, por lo que le dijo al paralitico que se pusiera de pie, que tomara su camilla y caminara. El hombre se levantó de un salto y se fue a su casa. Al ver esto, el temor se apoderó de la multitud; y alababan a Dios por enviar a un hombre con tanta autoridad. En este tiempo, es cuando el Señor hace el llamado a Mateo, un cobrador de impuestos del gobierno de Roma, para que fuese su discípulo; Mateo se levantó de donde estaba y lo siguió. Ese mismo día que Mateo fue llamado, Jesús y los discípulos fueron a comer a su casa, donde había otros cobradores de impuestos y también gente de mala fama; estando allí, algunos fariseos se preguntaban como podía estar Jesús con pecadores, pero Él, sabiendo siempre que y como contestar, les dijo que eran los enfermos los que necesitaban ir al médico, no los que estaban sanos; y los mandó a estudiar de mejor forma la Palabra de Dios que lo enviaba a ser compasivos con la gente y no a ofrecer sacrificios inútiles. Jesús, invitaría a los mismos pecadores a ser sus discípulos, no a los que se creían buenos. Tanto estos fariseos como los demás seguidores de la religión judía, mantenían costumbres en miras de buscar a Dios, pero el mismo Jesucristo vino a develar los verdaderos misterios de la fe cristiana al decirles que no se puede echar vino nuevo en recipientes viejos, y que necesitaban renovarse para poder recibir el aroma fresco de su unción; de ese modo, ni el vino, ni los recipientes se perderían. La noticia se esparcía, los rumores corrían; hay un hombre con poder para sanar, hay un hombre echando fuera demonios, hay un hombre perdonando pecados; mucha era la gente que se acercaba a Jesús buscando su milagro, los que de verdad eran conmovidos y habían derribado con su fe toda barrera de escepticismo; la hija de Jairo, la mujer de flujo de sangre, los ciegos, los mudos, los endemoniados; la gente asombrada decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel. Sin embargo, los fariseos decían: Puede expulsar demonios porque el príncipe de los demonios le da poder. Siempre hay un religioso que decide no creer, porque simplemente no conoce a Dios. Jesús recorrió todas las ciudades y aldeas de esa región, enseñando en las sinagogas y anunciando la Buena Noticia acerca del reino; y sanaba toda clase de enfermedades y dolencias. Cuando vio a las multitudes, les tuvo compasión, porque estaban confundidas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Viendo el Señor que la cosecha era grande, pero los obreros pocos, invitó a sus discípulos a orar por más siervos dispuestos, y también reunió a los doce y les dio autoridad para anunciar el reino de los cielos, expulsar espíritus malignos y para sanar toda clase de enfermedades y dolencias. Y les dijo que si a Él lo comparaban con el mismo diablo, no debían temer ante el rechazo y el maltrato de la gente; solo debían confiar en Él y en la Palabra que el Espíritu Santo les daría.


miércoles, 2 de noviembre de 2016

La Biblia en un año #Dia276

    Mateo 5-7

Ahora todos los que me acompañan en este reto van a ser testigos de recurrentes expresiones de amor, porque aunque no puedan verlo, siempre que leo Palabra de Jesús, suspiro, me río, me brillan los ojos, pues Él me llena de absoluta alegría, y paz. En este día empezaremos con las bienaventuranzas, ¿Quién no se llena de aliento con esta alegoría? Yo casi puedo trasladarme allí, hasta ese montaña donde estaba Jesús, quizás sentado, y donde sus discípulos se acercaron para ser enseñados. Para ser enseñados directamente por el maestro. En este sentido, el Señor proporcionó a sus discípulos de antes, y a sus discípulos de ahora, los ingredientes de la receta para la verdadera felicidad. La pobreza de espíritu, que no es más que el reconocimiento de nuestra necesidad de Él, el llanto que recibe su consuelo; la mansedumbre que te hace heredero de la tierra; el hambre y sed de justicia, la misericordia, la limpieza de corazón pues ella te permite ver a Dios; la pacificación, y aún los padecimientos, vituperios, y persecuciones por la causa de Dios. Viviendo de este modo, gozate y alégrate porque tu galardón es grande en los cielos. Los seguidores de Jesús fueron, y somos la sal de la tierra, que preserva y da sabor; y si de alguna forma no cumplimos ninguna de esas dos funciones, el mundo entero nos descartará y pisoteará como algo que no tiene ningún valor. Además, somos la luz del mundo, como una ciudad en lo alto de una colina que no puede esconderse; de manera que nuestras buenas acciones deben brillar a la vista de todos, para que todos alaben a nuestro Padre celestial. 

El Señor Jesucristo, maestro por excelencia, se mantuvo dando enseñanzas a sus discípulos respecto a varios puntos de la Ley de Moisés, no sin antes dejar muy claro que Él no había venido al mundo para abolir la Ley, o para enseñar algo contrario a ella, sino para cumplir con sus propósitos. hasta que desapareciera el cielo y la tierra, no desaparecería ni el más mínimo detalle de la ley de Dios hasta que su finalidad se cumpliera. Por eso, sino hacemos caso al más insignificante mandamiento y les enseñamos a los demás a hacer lo mismo, seremos llamados los más insignificantes en el reino del cielo; pero si obedecemos las leyes de Dios y las enseñamos seremos llamados grandes en el reino del cielo. De esta manera el Señor continuó ilustrando temas como el divorcio, el adulterio, los juramentos; aclarando como debía ser el tema de distribución de justicia frente a un mal cometido, en donde rechazó completamente el principio del Talión (ojo por ojo y diente por diente). Además, fue conciso respecto al amor que debe manifestarse aún a los enemigos, pues, si amamos solo a solamente a quienes nos aman, ¿Qué recompensa recibiríamos? Jesús también hizo énfasis en la oración, el arma más poderosa de los hijos de Dios, y les dijo a sus discípulos que sus oraciones debían ser verdaderas, autenticas y transformadoras; para ello les proporcionó el modelo universalmente conocido como el Padre nuestro, el cual, no siendo la única oración que debemos hacer a Dios, si reúne los elementos esenciales que deben existir en nuestra comunicación con Él. los discípulos y aún todas las multitudes que escuchaban alrededor de Jesús, fueron instruidos en la sana doctrina del hijo de Dios, con la palabra más fiel y veraz de ser creída por todos los hombres. De este modo enseñó Jesús acerca del ayuno, del dinero y las posesiones, el afán y la ansiedad por poseer y almacenar tesoros en esta tierra, cuando la verdadera riqueza la encontramos en el reino de Dios y su justicia; el no juzgar a los demás, cual es la forma correcta de pedir, buscar y llamar; y también, el prestar especial atención a los falsos profetas que no hablaban de parte de Dios, una trampa en la que los judíos cayeron constantemente en el pasado. Con todas estas afirmaciones, el Señor intentaba decir a los discípulos, que el camino que lleva a la vida, es muy angosto, y por tanto es difícil de encontrar y de transitar; pero aquel ancho, cómodo, y holgado, que parece muy atractivo a los seres humanos en general, es un camino que lleva directamente a la perdición. El que muchos, por desgracia, insisten en querer andar.