lunes, 24 de octubre de 2016

La Biblia en un año #Dia262

   Nahúm 1-3

    La nación de Asiria y su capital, Nínive, había sido perdonada tiempo antes por Dios cuando se arrepintieron de su maldad y se humillaron delante de Él; no obstante, no pasó mucho tiempo para que este pueblo se volviera al paganismo y además esclavizara a los judíos; por lo que esta vez, desaparecerían por completo. El encargado de profetizar acerca de esta destrucción inminente fue el profeta Nahúm, un ministro originario de Galilea, una provincia de la zona norte de la nación de Israel. Jehová es Dios celoso y vengador; Jehová es vengador y lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos. Éstas fueron las palabras del profeta para expresar la molestia de Dios en contra de los asirios por haberse convertido en enemigos del pueblo de Judá. Nuestro Dios es bondadoso y cuida de los que en él confían; en momentos de angustia, Él nos brinda protección; así lo demostró 150 años antes, cuando a través de Jonás perdonó a este pueblo de su maldad; pero también destruye a sus enemigos, y los arrastra como un río desbordado, y los persigue hasta en la oscuridad. Los ninivitas hacían planes malvados, y tenían entre ellos un consejero que los había puesto en contra de Dios, por eso serían acabados por completo y ya no se les daría una segunda oportunidad. Los habitantes de Asiria atacaron al pueblo de Dios, lo dejaron como a un arbusto con las ramas rotas, pero Dios le devolvería su grandeza al reino de Israel; y mientras era anunciada la santa y justa ira de Dios contra los enemigos, el pueblo de Dios recibía palabras reconfortantes. Así dijo Dios a los asirios: Asiria, yo estoy contra ti. Voy a quemar tus carros de guerra; voy a matar a todos tus habitantes. Pondré fin a todos tus robos, y no volverán a escucharse las amenazas de tus mensajeros. Yo soy el Dios de Israel, y te juro que así lo haré.

La pobre Nínive quedaría llena de asesinos, de mentirosos y ladrones que no se cansarían de robar; cuando los atacaran los látigos y los carros de guerra no iba a ser posible contar los heridos ni saber cuántos eran los muertos; los cadáveres iban a amontonarse y la gente tropezaría con ellos. Todo eso les pasó por engañar a los pueblos, mientras que las naciones se habían enamorado de sus dioses y brujerías, ellos los hacían entrar en acuerdos fraudulentos; pero Dios estaba en contra de ellos y haría que todas las naciones y reinos se dieran cuenta de lo que en verdad era Asiria. Todos se alejarían de ella y nadie iba a consolarlos ni a tenerles compasión. Asiria quedaría tambaleando como borracha, trataría de esconderse de sus enemigos pero no lo conseguiría. Sus murallas caerían, el fuego quemaría sus portones, todos sus soldados se acobardarían y no iban a poder resistir el ataque. Todo el imperio asirio moriría quemado por el fuego y destrozado por la guerra; el enemigo acabaría con ellos como una plaga de saltamontes. El rey de Asiria hizo sufrir a muchas naciones, pero le tocaría el turno a sus generales y a sus jefes principales de morir. Su ejército andaría perdido por los montes, y no habría quien pudiera reunirlo. El mismo rey acabaría herido de muerte, y ya nadie podría sanarlo. Y cuando todos oyeran la noticia aplaudirían de alegría. Cuando Jonás profetizo la calamidad en esta ciudad, la gracia y el perdón triunfó, porque hubo arrepentimiento; pero ahora, la destrucción sería inevitable; y la misma simbolizaría la liberación de todas las esclavitudes.

La Biblia en un año #Dia261

    Miqueas 6-7

    Ciertamente Dios no contiende para siempre, pero si contiende, y en su pleito contra Israel, le recriminó lo falsa e insurgente de su conducta. El presentó sus cargos contra la nación y les preguntó:¿En qué te he perjudicado?, ¿En qué te he ofendido?. Les recordó una vez más como con amor les dio libertad y los sacó de Egipto, donde eran esclavos; les dijo que mientras algunas naciones pensaban en hacerle daño, Él enviaba a otras para que los salvaran; y cuando pasaban de un lado a otro en la ocupación de su territorio, era Él quien los ayudaba. Los israelitas estaban tan ciegos que le decían a Dios que no podían presentarse delante de Él pues cuando le ofrecían terneros de un año, eso no era lo que Él quería; cuando le ofrecían mil carneros, o diez mil litros de aceite, tampoco se agradaba; incluso, su insolencia los llevó a decir, que si hubiesen querido ofrendar al mayor de sus hijos en pago por sus pecados, el Señor tampoco los perdonaría. Entonces, se preguntaban los israelitas, y se preguntan los cristianos del nuevo siglo, ¿Que quiere Dios? Si trabajo en la obra, me congrego todos los día de la semana, visito a los enfermos, ministro en el altar; canto, sirvo, enseño, evangelizo, predico, apoyo, oro e intercedo; ¿Que más quieres Dios? ¿Acaso no es suficiente todo lo que te doy? ¿Acaso no te sacia toda mi actividad? ¿Que es lo que esperas de mi? Para los hebreos y para los nuevos hijos de Dios hay una sola respuesta: Dios quiere que ustedes sean justos los unos con los otros, que sean bondadosos con los más débiles, y que lo adoren como su único Dios y su Rey. Obediencia quiero, dice el Señor, no sacrificios. Los habitantes de Judá también se habían acostumbrado tanto a mentir que su lengua ya no podía decir la verdad, los ricos entre ellos llegaron a tener mucho dinero mediante la extorsión y la violencia; usaban pesas y medidas falsas, y luego amontonaban en sus casas todo lo que se habían robado; eran tan malvados que todo lo que hacían disgustaba a Dios, por tanto, serían heridos y dejados en la ruina a causa de todos sus pecados.

     Aunque los israelitas comieran, no quedarían satisfechos, sino que quedarían con hambre; lo que cosecharan, lo perderían; y aun si lograsen rescatar algo, el Señor haría que lo perdieran en la guerra. Sembrarían trigo, pero no llegarían a cosecharlo; exprimirían aceitunas para sacar aceite, pero no llegarían a usarlo; exprimirían uvas para hacer vino, pero no llegarían a beberlo. Su conducta se había extralimitado en el pecado tanto o más que la de los habitantes del reino del norte, y por eso iban a ser destruidos, humillados y burlados delante de toda la gente. Israel se había convertido en una nación corrupta y pagana, donde ya no quedaba gente buena y honrada que amara de forma honesta a Dios; nadie podía confiar en nadie, los hijos y las hijas no respetaban a sus padres, y los peores enemigos de la gente estaban dentro de sus propias familias. Los gobernantes y los jueces exigían dinero para favorecer a los ricos, los poderosos decían lo que querían y siempre actuaban con falsedad. ¡Eran unos maestros para hacer lo malo! Pero allí, en medio de toda esa podredumbre se encontraba Miqueas, declarando: Yo, por mi parte, pondré mi confianza en Dios. Él es mi salvador, y sé que habrá de escucharme. Miqueas sabía a quien pertenecía, y quien peleaba por él, así que hoy, en medio de la peor desvergüenza, falta de moral, de amor al prójimo y de contaminación social en la que vivimos, sigue mirando al invisible, y mantente fiel a sus principios. Como luz al final del túnel se presenta la esperanza de Dios para un pueblo restaurado y restablecido; Babilonia no iba a alegrarse durante mucho tiempo por la ruina de los judíos, pues el Dios de Israel los salvaría de su desgracia. Es verdad que Israel y Judá pecaron contra Dios; y por eso ellos soportaron su castigo, pero un día, luego del juicio, Él mismo Dios les haría justicia; y los haría gozar de su salvación. No hay otro Dios como Él, quien perdona toda nuestra maldad y olvida todo nuestro pecado. Él no puede estar para siempre airado, pues su mayor placer es amar. 


viernes, 21 de octubre de 2016

La Biblia en un año #Dia260

Miqueas 3-5

Esto de lo corrupto, adulterado y podrido de algunos sistemas de gobierno, es algo que data desde hace muchísimo tiempo atrás. Las políticas de administración publica y social en las naciones, han sido contaminadas desde que empezaron existir los mandatos: y que cuesta arriba se ha vuelto poder tener uno donde existan principios de paz, igualdad, oportunidad, justicia, seguridad, y todos aquellos beneficios que deberían imperar en cualquier nación formalmente constituida. Ahora bien, ¿Por qué sucede esto? De acuerdo a las profecías de Miqueas, los dirigentes de la casa de Israel, aquellos encargados de poner el orden, de saber lo que era justo y honesto, y que habían sido elegidos por el mismo pueblo para que fuesen sus príncipes y gobernantes; realmente estaban comiéndose viva a la nación, aborreciendo lo bueno y amando lo malo. Ellos se corrompieron por su hambre y sed de poder y de riquezas, y maltrataron a sus gobernados hasta hacerlos sufrir y padecer. Que terrible raíz de amargura resulta para aquellos que aman el dinero, el lujo, y la exuberancia; se hacen presas de sus propios deleites pervertidos, hasta llevarse en sus ansías a cualquiera que se atraviese a su paso. El Señor sentenció a su abandono total a aquellos que hacían esto, y también prometió castigarlos por su gran maldad. Recordemos que, todo aquello que el hombre sembrare, eso también segará, y que no puede irle bien a quien con calumnias y deslealtad destruye a un pueblo entero. A los profetas mentirosos que solo hablaban de paz mientras Él anunciaba juicio, Dios les prometió que quedarían en completo ridículo, pues nunca Él iba a comunicarles sus planes y ellos no iban a poder predecir el futuro. Mientras que Miqueas, completamente lleno del poder de Dios, pudo mantenerse firme anunciando que el Señor era un Dios justo, y que él había sido llamado para acusar a los israelitas por ser un pueblo pecador y desobediente. 

También anunció Miqueas que en el futuro, el monte donde se encontraba el templo de Dios, sería el monte más importante; allí irían muchos pueblos y gente de muchas naciones para concer al Señor y para que Él mismo los enseñara a obedecer sus mandamientos. Dios mismo sería maestro desde el monte de Sión, ¡desde la ciudad de Jerusalén! y Él mismo dictaría sentencia contra todas las naciones. Aunque durante el juicio, el pueblo pareciese un rebaño dede ovejas cojas y perdidas, estaría cercano el dia de reunirlas a todas otra vez; y cuando eso sucediera, con los pocos que hubiesen quedado, el Señor volvería a hacer una gran nación; y desde su templo en Jerusalén, reinaría sobre ella para siempre. En medio del castigo, los días serían duros para Jerusalén, y lloraría y se retorcería como una mujer con dolores de parto; sus habitantes la abandonarían y luego serían deportados a Babilonia. Sin embargo, Dios, que no deja para siempre caído al justo, los pondría en libertad; y Él mismo los libraría del poder de sus enemigos. Muchas naciones se reunieron para regodearse frente a la derrota de Jerusalén, querían verla destruida; pero esas naciones no sabían lo que Dios tenía pensado hacer, y era algo que ni siquiera podían alcanzar a entender: El Señor iba a juntarlas para hacerlas polvo. Jerusalén se levantaría para hacerlas pedazos con el gran poder de Dios, quien les daría la fuerza de un toro, con cuernos como de hierro y con cascos de bronce. Israel le quitaría a esas naciones todas sus riquezas y se las entregaría a Dios, pues a Él, toda la tierra le pertenece. De momento puedes ser testigo de la prosperidad de los malvados, y también ver como los justos perecen; pero no temas, todo esto forma parte de un glorioso proceso; la promesa de Dios es que el escogido se levante de polvo, mientras que los que lo rechazan serán reducidos a el. Sigue firme, sigue adorando, sigue honrando. Sigue en fe.

La Biblia en un año #Dia259

Miqueas 1-2

Los días siguen pasando y con ellos, los profetas siguen viniendo; es hora de leer a Miqueas, un profeta de origen campesino proveniente de Moréset, una pequeña aldea al suroccidente de Jerusalén. Dios le comunicó lo que pensaba hacer contra las ciudades de Samaria y Jerusalén, cuando Jotán, Acaz y Ezequías eran reyes de Judá. Gracias a los pecados de idolatría, adoración de Baal, sacrificios rituales de niños, magia y encantamientos, el reino del norte sería victima de terribles guerras civiles que finalmente los llevaría hasta la destrucción y la ruina. Cuando el Señor pusiera sus pies sobre las montañas, ellas se derretirían como la cera en el fuego, y los valles se partirían en dos, como se parten las montañas cuando los ríos bajan por ellas. Todo eso sucedería por la rebeldía de los israelitas, pues ya eran muchos sus pecados. Los de Israel pecaron en la ciudad de Samaria; los de Judá adoraron a otros dioses en la ciudad de Jerusalén; por esta causa, Samaria sería convertida en un montón de ruinas; todos sus ídolos serían reducidos a pedazos, y todos los pequeños templos que habían sido construidos en las montañas para adorarlos, iban a ser destruidos. Miqueas se lamentó y lloró cuando supo que tanto los israelitas como sus hermanos en Judá estaban sentenciados a muerte; andaba desnudo y descalzo, y pegaba chillidos como las aves, pues la herida de ambos pueblos era demasiado profunda para sanar. Miqueas le dijo a los israelitas que serían llevados como esclavos, avanzarían desnudos y avergonzados; habría lágrimas en el pueblo vecino y nadie saldría en su ayuda. Dios mismo sería el garante de la desgracia que se enviaría hasta la entrada de Jerusalén.

Lo opulencia israelita se había traducido en una fuerte opresión a los menos afortunados, aquellos que tenían en su mano el poder, cuando querían un pedazo de tierra, encontraban la forma de apropiárselo ilícitamente; cuando querían la casa de alguien, la tomaban mediante fraude y violencia. Estafaban a un hombre para quitarle su propiedad y dejaban a su familia sin herencia. El Señor prometió acabar con la maldad de todos éstos, y dijo que en aquellos días, los tiempos serían tan terribles, que nunca más los adinerados caminarían con orgullo; de ellos lo único que se escucharía sería una triste canción de lamento por toda su ruina y desgracia. La gente rechazaba todas estas palabras que anunciaban los fuertes y lamentables juicios de Dios, y decían que esos desastres nunca les llegarían. Pero a esos mismos les dijo Miqueas: ¿Debes hablar de esa manera, oh familia de Israel? ¿Tendrá paciencia el Espíritu del Señor con semejante comportamiento? Ellos no podían encontrar consuelo en el mensaje del profeta simplemente porque sus hechos los condenaban, y no estaban dispuestos a hacer lo correcto delante de los ojos de Dios, ¡Ellos se habían rebelado en contra del Señor como si fuese su enemigo! Hicieron del Templo de Dios una sala de diversiones, donde solo eran felices escuchando a profetas mentirosos que les hablasen de las delicias del vino y del licor. Después que todos estos desastres acontecieran, y el pueblo rebelde fuese destruido, los descendientes de Jacob que hubiesen quedado con vida serían reunidos como un rebaño; no iban a ser muchos pero harían grande y fuerte presencia. El Señor mismo iría delante de ellos para abrirles paso y darles libertad; y en ese tiempo Dios sería su Señor y su Rey.


jueves, 20 de octubre de 2016

La Biblia en un año #Dia258

Alto de Adoración semanal... 

Es extraordinaria la ventana de conocimientos que se abre cada día frente a mi en este reto de lectura, es como si mis ojos se abrieran en cada espacio a nuevos horizontes de ciencia, discernimiento, razón y sabiduría. Cada semana en este alto de adoración, le doy gracias a Dios por haber emprendido este viaje, que sin dudas, me dejará la mayor de las riquezas. Estoy muy contenta, muy feliz y expectante de lo que está por venir, porque para los que hemos sido llamados conforme al propósito de Cristo, lo mejor siempre está por venir. Como había mencionado ya, las profecías de esta semana que pasó han sido un poco más cortas, pero ricas en sabiduría como siempre; desde el agricultor Amós, con su peculiar mensaje de fuego, Abdías con su excelente elocución acerca del juicio a los edomitas, hasta el complicado Jonás, he llenado mi corazón de valiosas enseñanzas. Hoy leeremos el Salmo N° 95, ¡Que me encanta! Pues habla de la alegría, del jubilo y el gozo que se experimentan en la presencia de Dios. Este Salmo es un canto de alabanza y adoración a Dios por todos sus maravillosos atributos, y es que, Dios... ¿Cómo no alabar a Dios? Partiendo desde el hecho de que alabar es el reconocimiento de los méritos o cualidades de una persona, Dios es el más grande y digno de ser exaltado. No hay nada en toda su persona que pueda ser desaprobado o criticado, por mucho que sus detractores se esfuercen en hacerlo. Todo lo que Él hace es BUENO, su misma persona es la bondad por excelencia. No se equivoca, no comete errores; no miente, no se descuida, no falsea información; sus hechos son realizados con completa precisión y exactitud; en Él no hay desaciertos, fallas ni confusiones. Como bien lo dijo el salmista, podemos cantar con júbilo a la roca de nuestra salvación, llegar ante su presencia con alabanza y aclamar su nombre, porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses. En su mano están las profundidades de la tierra, y las alturas de los montes son suyas; suyo también es el mar, pues él lo hizo; y sus manos formaron la tierra seca. Así que ven, adora y arrodíllate delante de tu hacedor. Pertenecemos a Dios; nosotros somos su pueblo; Él es nuestro pastor, y nosotros somos su rebaño; estamos bajo su cuidado. Alábale hoy, y reconoce con alegría todas sus maravillas; pues, si quisieras enumerarlas, ciertamente nunca podrías terminar. 

miércoles, 19 de octubre de 2016

La Biblia en un año #Dia257

Jonás 1-4

Hoy por primera vez leeremos la historia de un profeta desobediente, creo que ya todos saben quien fue, Jonás; quien rompe la regla de voluntad sumisa y disciplinada característica en los compañeros profetas que le precedieron. Él fue el quinto de los profetas menores y estuvo comisionado por Dios para proclamar juicio contra la ciudad asiria de Nínive. en vez de ir a Nínive, Jonás decidió irse lo más lejos posible, a un lugar donde Dios no pudiera encontrarlo. ¿Será posible lograr eso? Jonás llegó al puerto de Jope y encontró un barco que estaba a punto de salir para Tarsis y lo tomó. Cuando ya estaban en alta mar, Dios mandó un viento muy fuerte que pronto se convirtió en una terrible tempestad. El barco estaba a punto de romperse en pedazos, y los marineros desesperados se preguntaban el porqué de tan terrible desgracia; Jonás finalmente confesó quien era y dijo a todos que lo que pasaba era culpa suya pues se encontraba huyendo de Dios. Jonás les dijo que si lo echaban al mar, la tormenta se calmaría, y aunque los marineros intentaron remar con todas sus fuerzas, no pudieron llegar a la orilla. Al final, los marineros clamaron a Dios y arrojaron a Jonás al mar; y de inmediato el mar se calmó. Al ver lo sucedido, los marineros reconocieron al Dios de Israel como su Dios, le presentaron una ofrenda y prometieron seguir adorándolo. Entonces Dios mandó un pez enorme, que se tragó a Jonás. Y Jonás estuvo dentro del pez tres días y tres noches. Estando en el interior del pez Jonás oró a Dios, así como muchos lo hacemos cuando el gran pez de nuestras acciones y sus efectos vienen sobre nosotros. Le dio gracias por haberlo salvado de morir ahogado en el mar y le prometió adorarlo y cumplir su Palabra por siempre. Y Dios le ordenó al pez que arrojara a Jonás a la orilla del mar. 

El Señor le dio una segunda oportunidad a Jonás (Él siempre lo hace), y volvió a mandarlo hacia Nínive para anunciar el mensaje que Él le daría. Esta vez Jonás sí obedeció a Dios: se levantó y se fue a Nínive, y durante todo un día estuvo anunciando: Dentro de cuarenta días Dios va a destruir esta ciudad. ¡Entonces vino lo mas cumbre! Que tampoco habíamos visto hasta ahora, esta ciudad si se arrepintió. Contrario a lo que Jonás o cualquiera pudiera pensar, toda la gente de Nínive dejó de hacer lo malo y decidió obedecer sólo a Dios. Y como querían demostrar que deseaban cambiar su manera de vivir, se pusieron ropa de tela áspera y ayunaron; todos ellos, desde el más rico hasta el más pobre. Hasta su rey se humilló delante de Dios y proclamó ayuno a toda la nación, además les pidió a todos sus habitantes que oraran al Señor y dejaran de hacer lo malo para que Él los perdonara. Después de haber leído acerca de mucho paganismo nacional y mucha obediencia profética, de verdad que el libro de Jonás se presenta como un cambio radical en todos los escenarios. Donde hay arrepentimiento genuino, ¿Que creen que hace Dios? Perdona. Cuando vio Dios que toda la gente de Nínive dejó de hacerlo malo, Dios decidió no destruirlos. Jonás además de haber desobedecido de primera mano a Dios, también se enojó con Él cuando decidió perdonar a los ninivitas; al parecer, el carácter de este ministro de Dios era bastante desafiante. Jonás sabía que Dios era: Tardo para la ira, pero enormemente grande en misericordia, y casi pudo predecir que frente al cambio de conducta de la nación, Él iba a compadecerse y a perdonarlos. Esto le molestó tanto que hasta le pidió que le quitara la vida. Jonás salió de Nínive y se fue al oriente, allí hizo una enramada para sentarse a ver lo que le pasaría a la ciudad. Estando ahí el Señor proveyó que una planta frondosa creciera allí y pronto extendió sus anchas hojas sobre la cabeza de Jonás y lo protegió del sol. Esto alivió al profeta, pero la planta también tenía un gusano que terminó por comérsela, y cuando el sol se intensificó, el Señor mandó un fuego abrasador para que soplará sobre Jonás. El profeta con su carácter particular volvió a desear la muerte, y aunque él continuara con una pésima actitud, el Señor solo trataba de enseñarlo y hacerlo reflexionar; además de esto, le mostró que así como él se lamentó por haber perdido esa planta que ni siquiera sembró, así Él mismo se había lamentado por Nínive y por eso decidió perdonarlos. Dios como siempre haciendo su función de MAESTRO, educando con excelencia; y ¿Jonás? ¿Cuántos Jonás que necesitan ser instruidos y transformados hay por ahí? (Presente).


La Biblia en un año #Dia256

Abdías...

Ahora si, yo creo que nos estamos adentrando a la recta final; cuando abro la Biblia y veo que es más lo que he leído, que lo que falta me entra como un airesito sabroso de felicidad. Hoy continuamos la lectura con el pequeño libro de Abdías, el cual es conocido como el más breve de los libros proféticos pues contiene solo ventiún versiculos en un solo capitulo. La vida de este profeta es casi desconocida, el libro no aporta información en cuanto a familia, período de vida, lugar de nacimiento, muerte y otras circunstancias; lo que si se identifica es que era un profeta hebreo perteneciente al reino de Judá, y que tal y como lo establece en su mensaje, debió tratar casi exclusivamente con el destino de la nación de Edom. Los edomitas eran desdencientes de Esaú, el hermano gemelo de Jacob, quien a su vez era el patriarca de la nación de Israel. La enemistad de estos hermanos, que había sido patente aún desde antes de su nacimiento, también permaneció hasta que ambas naciones fueron conformadas, y de esta forma, el odio de los edomitas hacia los hebreos los hizo colaborar con Nabucodosor durante la invasión al pueblo de Israel, tratando a sus parientes con desprecio y violencia. Aquí en Venezuela dicen popularmente que el que se mete con la familia se arruina, y tal cual le sucedió a Edom. Cuando Israel fue sitiado, los edomitas se mantuvieron al margen y se negaron a ayudarlos, además, tras llevarse cautivos los caldeos a muchos judíos, los de Edom aprovecharon para ocupar sus territorios. No solo se alegraron y se gozaron mientras Israel sufría semejante desgracia, sino que saquearon la tierra, se regodearon en sus calamidades, robaron sus riquezas y ayudaron al ejercito enemigo a matar a los hebreos y a capturar a los sobrevivientes para que fuesen desterrados.

Edom firmó su sentencia de muerte al ponerse en contra de Israel, como lo siguen haciendo en la actualidad los que se atreven a seguir su ejemplo. Afirmó el Señor: Como hiciste con Israel, así se hará contigo. Todas las malas acciones que los edomitas habían realizado en contra de los israelitas, recaerían sobre su cabeza; así como Edom colaboró para que Israel fuese tragado en el santo monte de Dios, así ellos y todas las naciones vecinas se tragarían el castigo que Dios derramaría contra ellos. Edom se haría pequeña entre las naciones, y sería muy despreciada; además, sería victima de su propia arrogancia y orgullo al caer estrepitosamente en el desastre. Sus enemigos aniquilarían esta nación por completo, registrarían y saquearían cada rincón y cada grieta de su tierra hasta llevarse hasta el último de los tesoros escondidos. En aquel día ni una sola persona sabia quedaría en toda la tierra de Edom, y todos en las montañas de Edom serían exterminados. Como es conocido en las Escrituras y aún en la historia de las naciones, el Señor prometió que Israel regasaría del destierro para reclamar su herencia, y que se convertiría en lugar santo, un refugio seguro para los que escaparan del peligro; pero Edom sería destruído y desaparecería para siempre. Aunque se remontaran tal alto como las águilas y construyeran su nido en las estrellas, allí mismo los alcanzaría el gran poder de Dios pra hacerlos caer y cobrarles todas las ofensas y todos los males despreciables que habían cometido en contra de sus hijos. Los israelitas que hubiesen sido rescatados subirían al monte de Sión en Jerusalén para gobernar sobre las montañas de Edom, ¡Y el Señor mismo sería su Rey!