miércoles, 12 de octubre de 2016

La Biblia en un año #Dia249

Oseas 12-14 

Oseas le dijo al pueblo que Dios había iniciado su juicio contra ellos, y que era hora de castigar su mala conducta. Desde antes de nacer, Jacob, el antepasado del pueblo, engañó a su hermano; y cuando llegó a ser hombre Dios se le apareció en Betel; allí Jacob luchó con un ángel, ¡y consiguió vencerlo! Luego, con lágrimas en los ojos, le pidió a Dios que lo perdonara, y Dios lo perdonó. Dios es todopoderoso, y si los israelitas le pedían perdón, lo iban a tener; si actuaban con temor, amor y justicia, iban a obtener la victoria. Sin embargo, aunque los israelitas no conocían a Dios verdaderamente, Él si los conocía, y sabía que eran gente malvada y sin ningún tipo de remordimiento; nunca quisieron arrepentirse, nunca quisieron buscarlo, nunca quisieron dejar de rendir culto a dioses falsos, nunca quisieron cambiar su mala conducta, nunca quisieron adorar a Dios. Cuando Jacob se fue al país de los arameos, allí debió trabajar como pastor de ovejas para conseguir esposa; y por medio de un profeta, Dios cuidó de los israelitas y los sacó de Egipto; pero ahora, su conducta lo había hecho enojar tanto que los castigaría y les haría pagar sus crímenes y toda la maldad que habían cometido. Hubo un tiempo, cuando la tribu de Efraín hablaba y las demás tribus de Israel escuchaban con respeto; pero luego la gente de Efraín adoró al dios Baal, y esa fue su sentencia de muerte. A sus artesanos les pedían que hicieran toros de plata, y ellos los fabricaban a su gusto; besaban a esos dioses falsos y les presentaban ofrendas. Por eso, pronto dejarían de existir; se esfumarían como la niebla y como el rocío de la mañana. El viento los arrastraría como a hojas secas, como al humo que sale de la chimenea. 

Israel, cuidado y salvado por Dios, se llenó de orgullo apenas calmó su hambre en el desierto; por eso iban a ser tratados con la furia de un león. Tanto insistieron que Dios en su momento les dio el rey que pidieron, ellos creían que sus príncipes salvarían sus ciudades, pero, ¿dónde estaban esos reyes? ¿Y qué pasó con esos jefes? Ellos no podían librarlos de la muerte, ni de la física ni mucho menos de la espiritual. Cuantas naciones no están en estos precisos momentos esperando que su gobernante los salve, que ellos de algún modo puedan intervenir en sus asuntos internos y darles la paz que todos anhelan y quieren; quizás muchos ignorar que solo Dios con su gran poder puede tener compasión de su creación y llenar de su gloria a los hombres. Israel iba a volver a prosperar, pero por lo pronto, sería destruida como el viento del desierto que seca los manantiales. Entonces sus enemigos se adueñarían de sus ciudades y todos sus habitantes morirían en batalla. Con la promesa de restauración dada por Dios a los israelitas finaliza este libro, Él se comprometió a ayudarlos y prosperarlos; todos vivirían en paz y crecerían como un árbol fuerte que extiende sus hermosas ramas. El Dios todopoderoso les dijo: Yo seré quien los cuide y quien escuche sus oraciones. Yo les daré sombra como un pino, y en mí encontrarán bienestar. Este libro tiene un extraordinario mensaje final que todos deberíamos atender y en el cual debemos reflexionar: Si alguien es inteligente y sabio, debe prestar atención a este mensaje. Todo lo que Dios hace es correcto, y la gente buena sigue su ejemplo. Pero los malvados son desobedientes y por eso Dios los destruye. Santo eres tu mi Dios de Israel. 


La Biblia en un año #Dia248

Oseas 9-11

Los profetas eran centinelas que Dios había puesto sobre Israel para que cuidara de su pueblo como un soldado vigila de su puesto, pero a causa de su gran pecado y maldad, Israel los llamaba locos, y decía que las inspiraciones de éstos eran solo necedades. Donde quiera que los profetas iban, los israelitas les tendían trampas, tal y como ya habíamos visto en el caso del asechado Jeremías; hasta en el mismo Templo de Dios se enfrentaban a la hostilidad y a la persecución. Lo que toda esta nación hacía en contra de la Ley de Dios era tan depravado que Él no estaba dispuesto a olvidarlo, decidió que sin falta había llegado la hora del pago merecido para todos ellos. Israel había gozado de mucha prosperidad, eran como una vid frondosa llena de uvas, pero mientras mas se enriquecían sus habitantes, más altares paganos construían; cuanto más abundantes eran sus cosechas, mas fuertes y hermosas las columnas de sus templos falsos. El corazón de los israelitas era inconstante, hablaban por hablar; hacían tratos y no los cumplían; habían sembrado maldad donde debía reinar la justicia. Los habitantes de Samaria, la ciudad capital de Israel, se sentían orgullosos de adorar un toro de oro, pero cuando Asiria se llevase a su país a ese falso ídolo, todos iban a llorar y a temblar de miedo. El rey que vivía en Samaria sería arrastrado por el río como un pedazo de madera, los templos que estaban en los cerros serían destruidos por completo, en su tierra crecería la maleza y las espinas; todos habían sembrado maldad y cosechado violencia, comían el fruto de sus mentiras; por eso estallaría la guerra y las fuertes murallas serían destruidas. 

Cuando Israel era un país joven cuando eras un país joven, el Señor les demostró su amor; los sacó de Egipto, porque eran sus hijos, pero mientras Él más los llamaba, más se alejaban ellos de su presencia y les presentaban ofrendas a sus ídolos y a sus dioses falsos. Dios mismo los había enseñado a caminar llevándolos de la mano, pero ellos jamás le dieron importancia a sus cuidados. Israel había sido guiado con cuerdas de ternura y amor, les fue quitado el yugo de esclavitud de su pueblo, y el Señor inclinó su mano para alimentarlos, sin embargo, se negaban a regresar a Dios; quisieron seguir viviendo como esclavos y presos regresando a Egipto y sirviendo a Asiria. La guerra iba a ser como un torbellino, pasaría por sus ciudades y todos sus enemigos derribarían sus puertas; los destruirían atrapándolos en sus propios planes malignos, pues Israel se tendió a si mismo una trampa por su maldad; decidieron abandonar a Dios, y aunque le llaman "El Altísimo", no lo honraban con sinceridad. ¿Como podría el Señor abandonarlos? ¿Se han preguntado por un momento que sintió? ¿Al tener que demoler a sus hijos como si fuesen sus enemigos? ¿Creen que no sufrió y padeció esta destrucción como si fuese la de El mismo? ¡Su corazón estaba desgarrado! Se lamentaba de dolor; tanto así que no desataría su ira feroz sino que finalmente tendría compasión de todos ellos, Él siempre tiene compasión de ellos, de estos, de nosotros, de aquellos, de todos. El Señor sabía que algún día ellos volverían su mirada a Él y lo seguirían, desde Egipto y desde Asiría todos los descendientes judíos volverían a su presencia, como aves temblando de miedo; y Él, los llevaría de regreso a casa y volverían a habitar su nación. 


lunes, 10 de octubre de 2016

La Biblia en un año #Dia247

    Oseas 7-8

    El Señor no acusaba a Israel, lo hacían sus propias acciones. Las manifestaciones de este pueblo eran totalmente condenables frente a la fe que un día habían profesado, su pecado y su maldad saltaba a la vista; todos practicaban la mentira y eran como ladrones que entraban en las casas por las noches para robar. Su adulterio y la corrupción de sus mentes los había llevado hasta la contaminación de sus gobernantes, juntos bebían hasta emborracharse, pero pronto sus celebraciones terminaban en traición. Los israelitas habían hecho amistad con gente que no creía en Dios, ¡Y vaya que eso es algo peligroso! entre tinieblas y luz, no puede haber comunión. Ellos quisieron creer que en Asiria o en Egipto iban a poder conseguir el apoyo suficiente para ser librados de todo el peligro, la muerte y la enfermedad que Dios mismo les había profetizado; pero, un momento, ¿Será que alguien puede contradecir los planes del Dios viviente? ¿Como ellos, siendo hijos de Dios, podían estar tan ciegos como para pretender que los ejércitos de hombres armados iban a ser suficientes en comparación con el poder del Santo de Israel?. Eran tan rebeldes e insensatos que su orgullo no los dejaba acercarse a Dios, y por eso iban a ser duramente castigados. Qué mal le iba a ir a esta nación desobediente, se iban a arrepentir de haber abandonado a Dios; pues Él, aunque muchas veces estuvo dispuesto a salvarlos, solo recibió de ellos mentiras y humillaciones. En sus camas lloraban de dolor, y se hacían heridas a propósito, pero sus oraciones no eran sinceras; buscaban a Dios para pedirle sus favores, pero en el fondo seguían siendo arrogantes y rebeldes. 

    La destrucción del pueblo sería inminente, como águila al cazar su presa; este pueblo fue muy incorregible, no cumplieron el pacto de Dios ni obedecieron sus mandamientos; ellos quisieron convencer a gritos a Dios de que reconocían que Él era su Señor, pero no querían hacer lo bueno delante de sus ojos; muy contradictorio... Cuando eligieron a sus reyes, no tomaron en cuenta a Dios; cuando nombraron a sus jefes, no pidieron su consejo; ellos mismos se hicieron daño al fabricarse ídolos de oro y plata, y gracias a esto, habían levantado el enojo del Señor. Ellos construyeron muchos altares que solo los llevaron a la perdición, les encantaba presentar ofrendas pero no adoraban de forma sincera; por eso, la misma esclavitud de la cual habían sido libres en Egipto, volvería a atraparlos; andarían solos y perdidos como perros callejeros, volverían a ser prisioneros y cautivos en tierras lejanas, y por mucho tiempo no tendrían ni reyes ni gobernantes. Cuando se olvidaron de Dios construyeron palacios, ciudades y altas murallas, pero el castigo de su maldad se vería reflejado en la destrucción de todo cuando habían edificado, el mismo Dios le prendería fuego a todo lo que habían construido. Recuerda esto, nada, nada de lo que hagamos a espaldas de Dios, y sin su aprobación, puede permanecer de pie. 




La Biblia en un año #Dia246

 
           
Oseas 4-6

¿Por que contendía Dios con los moradores del mundo? ¿Por qué lo sigue haciendo ahora? La respuesta es la misma: porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Los hombres, aún los creyentes, hacen votos y los rompen; hay violencia en todas partes; muertes, adulterios, robos, un asesinato tras otro; por eso la tierra está de luto y todos desfallecen. Hasta los animales salvajes y las aves de los cielos y los peces del mar desaparecen. No señales a otro para echarle la culpa, cada quien tiene su cuota de responsabilidad mientras carezca del conocimiento de la verdad y de la obediencia a los principios establecidos por Dios en su Palabra. En esta inobservancia y carencia de luz precisamente vivía Israel, y peor aún, sus sacerdotes; el pueblo estaba siendo destruido porque no conocía a Dios, todos habían olvidado sus leyes, y mientras más sacerdotes había, más pecaban contra el Señor; cambiando la gloria de Dios por la vergüenza de los ídolos. Parece ser el mismo virus infeccioso que continúa hasta nuestros días, ¿Cierto? El conocimiento de Dios es la gloria del hombre, sin embargo, cada sociedad se ha dejado velar tanto por espíritus de iniquidad e incredulidad, que la maldad ha crecido a cifras exponenciales; haciendo de la muerte espiritual un hecho cada día más visible. Todo el pueblo de Israel y sus sacerdotes fueron castigados por sus perversas acciones; comían pero no podían saciarse, fornicaban pero no podían multiplicarse porque habían dejado de hacer caso; un espíritu de prostitución los había descarriado, y se habían apartado de su Dios. Todos cometían adulterio de formas despreciables: Andaban con prostitutas, consultaban ídolos de madera, se emborrachaban hasta perder la razón;  era increíble como creían que un simple palo podía mostrarles el futuro. Repito, ¿No sigue sucediendo todo esto exactamente igual hasta nuestros días? Y es nuestro Dios tan fiel y benevolente que en tantas oportunidades contiende su enojo, ¡Por amor a su nombre no hemos sido consumidos!

La apostasía de este pueblo iba a ser severamente castigada, todo el pueblo, los lideres, miembros de la familia real e individuos en general, sufrirían las consecuencias de su terrible conducta, pues sus acciones ya no les permitían volver a Dios. La arrogancia de Israel testificaba en su propia contra; todo el pueblo tropezaría bajo el peso de su culpa; ellos traicionaron el honor del Señor engendrando hijos que no eran suyos, entonces, su falsa religión los devoraría junto con sus riquezas. El pueblo de Israel estaba decidido a rendir culto a ídolos, por tanto, sería aplastado y demolido por el juicio de Dios; su destrucción sería como la polilla consumiendo la lana, y quedarían tan débiles como la madera podrida. Cuando Israel y Judá vieron lo enfermos que estaban, acudieron a Asiría en busca de ayuda, pero ya el Dios todopoderoso había decidido que nadie iba a rescatarlos de lo que Él había decidido hacer en su contra, hasta que llegara el día en que ellos lo buscasen de todo corazón. Oseas también, como sus compañeros profetas, hizo un llamado al arrepentimiento; vengan, les dijo, volvámonos al Señor; Él nos despedazó, pero ahora nos sanará; nos hirió, pero ahora vendará nuestras heridas. Pero el amor de los israelitas por Dios se desvanecía como la niebla de la mañana, y desaparecía como el rocío a la luz del sol. El Señor anhelaba ardientemente que ellos le demostraran su amor, no que le ofrecieran sacrificios; y más que ofrendas quemadas, Él solo quería que lo conocieran. El pueblo amado de Dios se había contaminado por seguir otros dioses, y ya nada les evitaría recibir una cosecha de castigo, a pesar de que Dios quiso, y siempre buscó su bienestar y su paz.

La Biblia en un año #Dia245

                                                   Oseas 1-3

Sin prisa pero sin pausa, ya estamos en el día 245 y es tiempo de leer el libro de Oseas, el primero de los profetas menores. Dios le habló al profeta Oseas cuando Jeroboam hijo de Joás era rey de Israel, mientras que Ozías, Jotam, Acaz y Ezequías estuvieron reinando en Judá. aunque la primera orden de Dios para su mensajero fue que se casara con una prostituta y tuviese hijos con ella, Oseas es conocido como el profeta del amor, pues en este sentido, el Señor siempre quiso mostrar a través de él, su imagen como marido, y a su pueblo como su esposa; la cual también le había sido infiel. Oseas obedeció y se casó con Gomer, la cual concibió y le dio a luz un hijo, al cual debían llamar Jezreel, porque en el Valle de Jezreel pondría fin el Señor a la independencia de Israel, y acabaría con su poderío militar. Al poco tiempo, Gomer quedó embarazada otra vez y dio a luz una niña; entonces el Señor le dijo a Oseas: «Ponle por nombre a tu hija Lo-ruhama, que significa: “no amada”; porque ya Dios no le demostraría amor al pueblo de Israel ni lo perdonaría, pero sí le demostraría amor al pueblo de Judá. Después que Gomer destetó a Lo-ruhama, quedó nuevamente embarazada y dio a luz un segundo hijo; entonces el Señor le dijo a Oseas que le pusiera por nombre Lo-ammi, que significa: “no es mi pueblo”; porque Israel ya no era su pueblo y Él no era su Dios. No obstante. llegaría el día en que el pueblo de Israel fuese imposible de contar, como la arena a la orilla del mar; y allí donde se les dijo: Ustedes no son mi pueblo, se les diría: Ustedes son hijos del Dios viviente; y ellos y Judá se unirían nuevamente para ser un solo pueblo y regresar juntos del destierro. El día que volvieran, los hombres serían llamados “Pueblo de Dios”, y las mujeres serían llamadas “Compadecidas”.

La esposa fornicaria de Oseas, representaba a Israel, porque le fue infiel a Dios adorando dioses falsos y Él la despreció. Mientras ella estuvo comportándose como una cualquiera y complaciendo a sus amantes, el corazón de Dios se destrozó; por eso la desnudó y la rechazó y no quiso tener mas hijos con ella. Israel se comportó como una desvergonzada, buscando en otros el placer que nunca pudo hallar; el propósito de Dios era encerrarla en una cerca de espinos, para que estando allí, pudiese reflexionar y volver con Él de forma genuina y sin engaños. Israel siempre presumía de las muchas higueras y viñas que le habían regalado sus amantes; pero el Señor las iba a destruir y las convertiría en matorrales; los animales salvajes las devorarían. Finalmente Dios, como esposo compasivo, llevaría a Israel al desierto, y allí, con mucho cariño, haría que se volviese a enamorar de Él. Le devolvería sus viñas, y convertiría su desgracia en gran bendición. Volverían todos a responderle como cuando eran jóvenes, como cuando salieron de Egipto. Ya no volverían a ser infieles adorando a otros dioses, sino que reconocerían a al Señor como su único y soberano Dios. El Señor volvería a casarse con Israel y ella sería su esposa para siempre; cuando eso sucediese, todos los judíos llegarían realmente a conocer a Dios, y Él sería un esposo fiel, sincero y lleno de amor. Dios le dijo nuevamente a Oseas que su esposa le era infiel con un amigo que era su amante, así como también los israelitas le eran infieles a Él; pero que él debía ir y amar a su esposa así como Él amaba a los israelitas. Oseas tuvo que pagar al amante de Gomer quince piezas de plata, cinco canastas de cebada y una medida de vino, para poder recuperar a su esposa y que ella volviese a vivir con él, y le dijo que por mucho tiempo debía estar sin tener relaciones sexuales con nadie, ni siquiera con él. Lo mismo sucedería con los israelitas: Durante mucho tiempo no tendrían rey ni jefe; tampoco podrían presentar ofrendas a Dios, ni sabrían lo que Dios quería que hicieran; además, no tendrían sacerdotes ni ídolos familiares. Después de eso, se arrepentirían; y cuando llegara el tiempo del fin, volverían a obedecer a Dios y pedirían sus bendiciones, siguiendo el ejemplo del rey David.

sábado, 8 de octubre de 2016

La Biblia en un año #Dia244

    Daniel 6-12

    Visiones, visiones y más visiones… es lo que veremos en esta segunda parte del libro de Daniel que es totalmente inspirador. Después que Daniel recibió en sueños estas visiones, las puso por escrito; la primera visión es la de las cuatro bestias, y la segunda es la del carnero y el macho cabrío; el mismo Daniel exclamó haberse enfermado luego de recibirlas por lo fuertes que eran, y además dijo no haber podido entenderlas muy bien; estoy muy de acuerdo con él, pues sentí una pequeña explosión en mi cabeza al leerlas, y eso que lo hice en la traducción al lenguaje actual de las Escrituras. Estas visiones que Dios le permitió tener a Daniel, se referían al fin del mundo, confirmadas mediante palabra de Jesús en el capítulo 24 del Evangelio de Mateo. Lo que si puedo concluir en este día respecto a estas visiones proféticas de lo que será el temido y a su vez esperado desenlace de este mundo, es que Dios está muy interesado en ejercer dominio sobre todas las naciones del mundo. Daniel también escribió que un día mientras leía el libro del Profeta Jeremías, cuando llegó al pasaje donde Dios revela a Jeremías que Jerusalén quedaría destruida durante 70 años, decidió ayunar y empezó a pedirle a Dios por su pueblo. Si algo se evidencia claramente en estos días de lectura, es que Daniel era un disciplinado hombre de oración, y eso por supuesto incidía directamente en su relación con Dios y en las muchas formas y veces que el mismísimo Dios del cielo mostró su poder a través de Él. Daniel reconoció con dolor en su corazón delante de Dios, que los judíos habían ofendido enormemente su nombre, y que además no habían querido escuchar a los profetas ni arrepentirse de sus malas conductas; no obstante, rogó para que el Señor pudiera perdonarlos y levantarles el castigo tan fuerte que les había enviado. 

    Daniel clamó a Dios para que Él por su propio honor, mirara la triste situación en la que habían quedado todos, y en la que había quedado la ciudad santa y el Templo de adoración. Dijo que si pedía eso no era porque creía que se lo merecía, o que los hebreos habían sido buenos; sino porque sabía que Él era un Dios muy compasivo y bondoso. ¿Cuántos hemos apelado a la bondad de Dios? ¡Presente! Mientras Daniel oraba, llegó volando el ángel Gabriel, que ya se le había aparecido en sueños, y le dijo que Dios lo quería tanto que tan pronto como empezó a orar ya había contestado sus oraciones; y que él le diría lo que quería decir su sueño.  El ángel habló a Daniel acerca de la profecía de las setenta semanas; tenían que pasar setenta semanas para que terminara el castigo en contra de Israel y de la ciudad santa, tenían que pasar setenta semanas para que llegara a su fin la desobediencia y el pecado. Al cabo de ese tiempo siempre habría justicia, y sucedería lo que Daniel había visto y Dios cumpliría su promesa. Su santo Templo sería purificado y se le volvería a dedicar. Así siguió el ángel mostrándole todo lo que ocurriría cuando el mundo llegase a su fin. Daniel también tuvo otra visión junto al río donde soñó con varios ángeles, y donde Dios le dijo que vería todo lo qué pasaría con su pueblo en su futuro. ¿Te atreverías a pedirle a Dios que te mostrara lo que pasará con tu Iglesia, con tu familia o con tu nación en un futuro? Difícil pregunta, ¿Cierto?; en ocasiones como que es mejor no saber, pero este no es el caso de los profetas y visionarios de Dios. Los ángeles revelaron a Daniel que lo que había visto en el primer sueño se refería a las guerras venideras entre los reinos, y también anunciaron la hora final; el momento angustioso, un momento como no ha habido otro desde que existen las naciones; cuando ese momento llegue, se salvaran todos los del pueblo de Dios que tienen su nombre escrito en el libro, muchos de los que duermen en la tumba, despertarán: unos para vivir eternamente, y otros para la vergüenza y el horror eternos. ya entiendo porque a este libro lo llaman el pequeño apocalipsis; aunque muchas cosas deban permanecer en secreto hasta que ese día llegue, todos los que hemos creído y temido, podemos caminar tranquilamente hacia el fin en reposo, pues aún en esos últimos días, nos levantaremos para recibir nuestra recompensa. ¡Aleluya! 


La Biblia en un año #Dia243

                                                  Daniel 4-6

Tu reino te quedará firme luego que reconozcas que el cielo gobierna, pues el Altísimo tiene dominio sobre el reino de los hombres, y lo da a quien Él quiere. Estas fueron las palabras de Daniel luego de interpretar un nuevo sueño del rey Nabucodonosor, en el cual, vio un árbol muy grande y muy fuerte que llegaba hasta el cielo, pero que sería echado abajo; ese árbol era él mismo, pues Dios había decidido castigar su orgullo y prepotencia. Ese árbol no perdería ni su tronco ni sus raíces, sino que sería dejado en el campo junto a los animales; de igual manera, Nabucodonosor sería echado de entre los hombres y viviría con las bestias del campo y se comportaría como ellas durante siete años; el rey iba a comer hierba como todos los animales y se bañaría con el rocío del cielo, hasta que su pelo creciera como plumas de águila y sus uñas como las de las aves. Todas estas palabras de Daniel se hicieron realidad, y al finalizar los siete años, Nabucodonosor alzó sus ojos al cielo para alabar a Dios y la razón le fue devuelta; por lo que glorificó el nombre del que vive para siempre. Entonces Nabucodonosor fue buscado y restablecido, el reino le fue devuelto junto a toda su majestad y grandeza; para declarar que Dios humilla a quien anda con soberbia. Los reinados finalizan, pero los propósitos de Dios son eternos; luego de Nabucodonosor, entró a gobernar el rey Balsasar; quien en medio de un banquete pidió las copas de oro y plata que Nabucodonosor había sacado de Jerusalén pues quería brindar en ellas; los reyes y sus excentricidades, ¿Cierto?. Mientras el rey y todos sus invitados bebían en las copas, rindieron culto a dioses falsos, entonces vieron que una mano humana escribía sobre la pared blanqueada del palacio; todos se asustaron y se perturbaron grandemente, por lo que nuevamente llamaron a todos los astrólogos, brujos y adivinos pero ninguno pudo leer la escritura en la pared. Luego se acordaron de Daniel, el hombre que durante el reinado de Nabucodonosor había mostrado percepción, entendimiento y sabiduría. Daniel le dijo al rey que el Dios Altísimo había castigado a Nabucodonosor con mente de animal salvaje quitándole toda su gloria por su arrogancia y orgullo, y que él aun sabiendo todo eso no se había humillado delante de Dios, sino que lo desafió con soberbia bebiendo en sus copas y rindiendo culto a otros dioses; por lo que el mensaje de la pared decía que Dios había puesto fin a su reinado, el cual también sería dividido entre medos y persas. Esa misma noche mataron a Belsasar y Darío el medo se apoderó del reino.

Darío el medo, tal y como Daniel lo había predicho, dividió el reino en ciento veinte provincias, y nombró un funcionario como gobernador de cada provincia. Asimismo el rey escogió a Daniel y a dos personas más para que supervisaran a estos funcionarios y protegieran los intereses del rey; y muy pronto Daniel demostró una vez más ser mucho más capaz que los otros administradores y funcionarios, y debido a su alta destreza administrativa, el rey hizo planes para ponerlo al gobierno de todo el imperio. Todos los demás funcionarios al ver esto, quisieron buscar alguna falta en Daniel para hacerlo caer, pero no encontraron nada. Él siempre era responsable, fiel y digno de confianza. Ellos sabían que la única manera de acusar a Daniel, sería en relación con la Ley de Dios. De este modo le pidieron al rey Darío que levantara una ley para que todo el que orara a cualquiera, fuese humano o divino, en los siguientes 30 días, fuese arrojado al foso de los leones, y Darío firmó la Ley. Cuando Daniel supo esto, fue a su casa y se arrodilló como de costumbre en la habitación de la planta alta, con las ventanas abiertas, y oraba tres veces al día como siempre lo había hecho. Cuando los funcionarios lo vieron fueron directo al rey a decírselo, y aunque el rey se angustió mucho por Daniel y buscó una manera de salvarlo, finalmente no pudo hacer nada en contra de las presiones de los demás funcionarios; por lo que ordenó que arrestaran a Daniel y lo echaran al foso. Cuando lo lanzaron, el rey le dijo: Que tu Dios, a quien sirves tan fielmente, te rescate. El foso fue cerrado con una piedra y en ella se puso el sello real para que nadie pudiera rescatar a Daniel. El rey pasó toda la noche en ayuno y sin dormir, muy temprano en la mañana fue al foso y grito con angustia: ¡Daniel, siervo del Dios viviente! ¿Pudo tu Dios rescatarte? Daniel contestó: Mi Dios envió a su ángel para cerrarles la boca a los leones a fin de que no me hicieran daño. El rey se alegró y mandó a que sacaran a Daniel, y éste no tenía ni un solo rasguño; entonces el rey dio órdenes de que arrestaran a los hombres que maliciosamente habían acusado a Daniel, y los hizo entrar al foso de los leones con sus esposas y sus hijos; los leones saltaron sobre ellos y los despedazaron. Finalmente el rey Darío decretó que toda la gente de su reino temblara con temor delante del Dios de Daniel, pues Él era el Dios viviente y permanecería para siempre. Tres reyes, tres escenarios, tres mensajes de parte de Dios que demuestran que el Señor siempre premia la fidelidad de sus hijos.