sábado, 8 de octubre de 2016

La Biblia en un año #Dia242

   Daniel 1-3 

   Un nuevo Libro, una nueva esperanza, una nueva ventana al conocimiento que hace verdaderamente libre: El de la Palabra de Dios; la luz más fuerte y penetrante que brilla como una antorcha encendida en un lugar oscuro. Mientras el exilio en Babilonia se hacía patente, muchas fueron las cosas que sucedieron en esa nación durante el cautiverio de los israelitas. Daniel, un joven israelita deportado que tuvo que servir en las cortes de Babilonia y de Persia, nos enseña que las crisis pueden convertirse en grandes oportunidades. (Buena palabra para los venezolanos por cierto). El Rey Nabucodonosor  llegó a la ciudad de Jerusalén en el año tercero del reinado del Rey Joacim, y la conquistó; llevándose prisioneros al rey y a muchos israelitas a Babilonia, entre los cuales estaba Daniel. El rey Nabucodonosor quería tener a su servicio muchachos jóvenes en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, ciencia y de buen entendimiento e idóneos para estar en su palacio. Estos jóvenes durante tres años comerían y beberían lo mismo que el rey, y además, serían enseñados en el idioma y la cultura de los Babilonios; una vez pasado ese tiempo, entrarían en la corte del rey. Entre estos muchachos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de la tribu de Judá; pero el jefe de los sirvientes del Palacio les cambio el nombre y les puso: Beltsasar, Sadrac, Mesac y Abed-nego.


Hay dos grandes cualidades de Daniel y aus amigos que se ponen en evidencia en este día de lectura: Su obediencia y su fidelidad; Daniel fue fiel y obediente al proponer en su corazón no comer la comida del rey porque era pecado, por lo que propuso al encargado de cuidarlos que le diesen de comer durante diez días solo legumbres, y de beber solo agua; de ese modo podían estar alimentados pero no contaminados; el encargado accedió, y pasados los días, estos muchachos se veían aún más robustos y sanos de lo que se veían los que sí comían la comida del rey. Daniel y sus amigos recibieron de Dios mucha inteligencia y sabiduría para entender toda clase de libros y de ciencias, además, Daniel recibió entendimiento para conocer el significado de los sueños y las visiones. También fue fiel y obediente Daniel cuando tuvo la tarea de interpretar el sueño de Nabucodonosor, el cual, ningún astrólogo, ni mago ni encantador pudo jamás descifrar pues su interpretación no era dada por dioses de carne. Daniel y sus amigos oraron a Dios y pidieron el poder conocer el significado del sueño del Rey, y Dios en visión de noche, mostró a Daniel el secreto. El pequeño pero gran profeta se lo comunicó a Nabucodonosor y éste terminó reconociendo en gran manera el poder de Dios, y además estableció a Daniel como gobernador de la provincia de Babilonia, y a Sadrac, Mesac y Abed.Nego, frente a los negocios de la provincia. Finalmente los jovenes amigos de Daniel, fueron también fieles y obedientes cuando se vieron en la ruda encrucijada de: Adorar a la estatua de oro que Nabucodonosor había levantado o ser arrojados a un horno de fuego ardiente. Estos tres grandísimos valientes, como quedan pocos, dijeron que si eran echados al horno, el Dios al cual servían iba a poder librarlos de él, pero que aún sino lo hacía, jamás se postrarían frente a otros dioses ni tampoco ante la estatua. El final todos lo conocemos muy bien (o casi todos), los cuatro amigos fueron lanzados al horno, y ni aún sus cabellos se quemaron, cuando salieron ni siquiera su ropa tenía olor a fuego; y fue entonces cuando el mismo Nabucodonosor fue el que terminó adorando a Dios y diciendo: Bendito sea el Dios de ellos. No bajes los brazos, y no comprometas tu fe por nada, ni por nadie, pues a través de tu firme convicción es como lo demás van a poder alabar a ese Dios que tú has decidido honrar y servir; el mismo capaz de librarte aún del horno de fuego más ardiente que haya existido jamás.  




La Biblia en un año #Dia241

                  Alto de Adoración semanal…

Es tiempo de otro alto de adoración, y, aunque no quiera repetir que el tiempo pasa muy rápido como cada semana lo hago; ¡Realmente va muy rápido! Ya terminé de leer el libro de Ezequiel, y la verdad es que cada lectura fue una bocanada de aire fresco; desde su glorioso y sobrenatural llamado, hasta el anuncio de esperanza para el restaurado Israel, todo fue majestuoso y poderoso. El Señor constantemente manifestó a través de Ezequiel, sus mensajes de juicio contra el incorregible Judá, pero también mostró su misericordia estableciendo con el pueblo un nuevo y eterno pacto de paz. Dios es muy bondadoso, pero también sabe ser muy justo; y su nación conoció y vivió los efectos de ambas cualidades, así como también lo hacemos nosotros. Así como lo establece el Salmo N° 85 que nos corresponde leer hoy, los israelitas disfrutaron el poder volver de la cautividad y de haber sido perdonados de toda su iniquidad, razones suficientes para caminar en lo sobrenatural; pero muchas veces los judíos, y aún hoy día, los nuevos hijos de Dios, podemos reemplazar la vitalidad de su Espíritu por tibieza, o pereza; y es justo allí donde satanás se arma para sumergirnos en un fuerte letargo espiritual, del que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta. Si algo he aprendido en estos últimos meses en mi relación con Dios es que eres tú mismo el responsable de avivar el fuego del don de Dios que Él encendió en ti; nadie más. Él es propicio a nosotros, la bendición está allí, la unción está allí, la vida en su presencia está allí; lista para que nosotros la arrebatemos y la vivamos como verdaderos hijos del reino de los cielos. Hoy debemos ser nuevos Ezequieles, nuevos salmistas que escuchen lo que habla Jehová nuestro Dios, porque hablará paz a su pueblo y a sus santos para que no se vuelvan nuevamente a sus necios caminos. Sin duda, la salvación de Dios está cerca de los que le temen, y es ese pequeño grupo de fieles avivados, los que se llenarán de su Gloria. Nadie más. No sé tú, pero yo quiero ser de esos, quiero ser de los que CREEN.

jueves, 6 de octubre de 2016

La Biblia en un año #Dia240

    Ezequiel 44-48

    Hoy terminamos de leer Ezequiel, intento pensar que lectura es más interesante, pero la verdad es que cada día trae consigo una nueva riqueza espiritual y aún intelectual. Ezequiel fue llevado nuevamente a la puerta exterior del Templo y Dios le dijo que esa puerta debía estar siempre cerrada, no se porque siempre que veo una orden así de parte de Dios, temo si los israelitas serían obedientes o no; durante mucho tiempo habían sido como niños indisciplinados a los cuales los padres imponían ciertas normas y ellos solo las quebrantaban para convertirse en personas de conductas insensatas y rebeldes; pero como el mismo Dios dijo que este seria un nuevo rebaño de hijos fieles, puedo estar en paz. Volviendo a la puerta, nadie podía ni abrirla ni entrar por ella, porque por ella había pasado el Dios de Israel; únicamente el gobernador de la nación podía sentarse debajo de esa entrada para disfrutar de una comida en la presencia de Dios, pero aún para entrar y salir, solo podía usar la antesala de la puerta. Por la entrada norte, vio Ezequiel que la Gloria de Dios llenaba todo el Templo y volvió a caer rostro en tierra; el Señor le estableció claramente al Profeta las normas a seguir para entrar en su Santuario, y todos los israelitas debían cumplirlas. (Aquí viene el temor otra vez jaja). Ningún extranjero que no se hubiese circuncidado podía entrar al Templo, y los hombres de la tribu de Leví que lo habían abandonado cuando Israel decidió rendir culto a dioses falsos, podían servir de porteros, ayudar a sacrificar a los animales y ayudar al pueblo, pero ya no podían ministrar como Sacerdotes, ni tocar ninguno de los objetos santos del Señor ni sus ofrendas santas. Ellos debían cargar con la vergüenza de todos los pecados detestables que cometieron,  y servirían como cuidadores del Templo, solo a cargo del trabajo de mantenimiento y las tareas generales. A esta lectura yo la llamaría: De Sacerdote a conserje. Miremos bien si es a Dios a quien estamos adorando, y como lo estamos haciendo. 

    Los sacerdotes levitas de la familia de Sadoc continuaron sirviendo fielmente en el Templo cuando los israelitas abandonaron a Dios para rendir culto a ídolos, por eso el Señor los escogió como Ministros. Aquí se cumple la Palabra que dice: El que es fiel en lo poco, en lo mucho se le pondrá. Aquel digno, para servir a Dios, no es el apto para hacerlo; sino el temeroso, el obediente y el fiel a sus principios. Estos Sacerdotes estarían en la presencia de Dios y ofrecerían la grasa y la sangre de los sacrificios, solo ellos entrarían en el Santuario y se acercarían a su mesa para servirlo. Hay una conducta que deben tener hoy los Ministros de Dios, y también la había en ese entonces; Los sacerdotes no debían beber vino antes de entrar al atrio interior; y podrían casarse únicamente con una virgen de Israel o con la viuda de un Sacerdote; no podrían casarse con otras viudas ni con mujeres divorciadas; enseñarían al pueblo la diferencia entre lo santo y lo común, entre lo puro y lo impuro; y servirían de jueces para resolver cualquier desacuerdo que surgiera en el pueblo basados en las ordenanzas del Señor. Los sacerdotes no tendrían ninguna parte ni porción de la tierra, porque solo Dios sería su preciada posesión. Su alimento provendría de las ofrendas y los sacrificios que el pueblo llevara al Templo: las ofrendas de grano, las ofrendas por el pecado y las ofrendas por la culpa. Todo lo que alguien apartara para el Señor, pertenecería a los sacerdotes. Respecto a la división de la tierra, cuando se repartiera la tierra entre las tribus de Israel, deberían apartar una sección para Dios, la cual sería su porción santa. De ese terreno se apartaría un área cuadrada que sería para el Templo, donde también se apartaría una porción de terreno para las casas de los Sacerdotes. También se apartaría un terreno para el gobernador, de modo que no tuviese que quitarle terreno a nadie. Las ofrendas para el culto, la fiesta de la Pascua y la fiesta de las Enramadas volverían a ser instituidas, pareciera como que poco a poco todo estuviese volviendo a su lugar, ¿Cierto? Para las ofrendas se harían divisiones de sesenta partes iguales y se le daría una parte al Señor; así como uno de cada cien litros de aceite, y dos de cada doscientas ovejas, las cuales todas debían ser entregadas al gobernador de Israel. 

    La presencia de Dios hacía de su Templo un lugar tan maravilloso, que aún por debajo de su entrada, había un río que desembocaban en el mar muerto, y allí el agua salada se volvía dulce; por dondequiera que pasaran esas aguas, habría muchos peces y de muchas clases. Todo lo que se moviera en esas agua viviría, porque ellas harían que lo amargo se convirtiera en dulce. En las dos orillas del río crecería toda clase de árboles frutales, y sus hojas nunca se caerían, sino que se usarían como medicina. Esos arboles iban a ser regados con el agua que salía del Templo, y el fruto que darían cada mes serviría de alimento. ¡Todo lo que Dios hace es perfecto! Todo es aprovechable y todo es beneficioso para sus hijos. Respecto a los limites de la tierra de Israel, debía ser repartida por partes iguales entre las doce tribus, pero a la tribu de José debían darle dos partes. Esa tierra era su herencia, y debían repartirla por sorteo entre las doce tribus; en el reparto debían incluir a los extranjeros refugiados, y también a los hijos que ellos tuviesen mientras viviesen en el territorio de Israel. En la repartición debían también apartar el territorio para Dios, el cual estaría en la parte sur de Judá; ese territorio sería ocupado únicamente por los Sacerdotes descendientes de Sadoc. La ciudad de Jerusalén sería de forma cuadrada, y tendría dos mil doscientos cincuenta metros por lado. En cada lado habría tres entradas, y cada una tendría un portón que llevaría el nombre de una de las tribus de Israel, conforme a los cuatro puntos cardinales, en el siguiente orden: Los portones del norte: Rubén, Judá y Leví; los portones del este: José, Benjamín y Dan; los portones del sur: Simeón, Isacar y Zabulón; los portones del oeste: Gad, Aser y Neftalí. La muralla que rodearía la ciudad sería de nueve mil metros, y a partir de ese día, la ciudad se llamaría: “Casa de Dios”. Que hermoso... Aleluya a nuestro Dios. ¡Quiero ir a Jerusalén! Lo deseo tanto, tanto, ¡TANTO!




La Biblia en un año #Dia239

                                                             Ezequiel 40-43   

Habían pasado veinticinco años de cautiverio en Babilonia, y catorce años desde la destrucción de Jerusalén. En ese tiempo Dios llenó de su poder a Ezequiel y lo llevó al territorio de Israel para darle una visión del Templo nuevo; luego de que el Señor le mostrara todo, él debía decirle a los israelitas todo lo que había visto. Estando allí, Ezequiel vio a un hombre que parecía estar hecho de bronce, quien fue mostrándole con detalle todas las partes y espacios del Templo. Recordé aquellas lecturas en los libros de Reyes y Crónicas, pues aquel hombre de bronce llevó a Ezequiel a lo largo de las murallas que rodeaban el Templo; a las entradas del mismo, al patio exterior, a los cuartos generales, a los cuartos para sacerdotes y cantores, entre otros lugares. Este Templo nuevo tenía portones, cuartos, columnas decoradas, ventanas, escaleras y pasillos; cuartos para lavar a los animales, mesas para sacrificarlos y mesas para ofrendarlos. También se le mostró a Ezequiel el lugar santo, y la parte interior del mismo donde se encontraba lugar Santísimo. El edificio del Templo tenía tres pisos, y en cada piso había treinta cuartos; y tenía además, otro edificio por el oeste, mirando hacia el patio cerrado. Las salas interiores del templo y el vestíbulo estaban recubiertos de madera, y las paredes estaban decoradas con figuras de querubines y palmeras. Los postes del marco de la entrada del Templo eran cuadrados, frente a la entrada del Lugar Santísimo había una especie de altar totalmente de madera, y cuando el hombre de bronce se lo mostró a Ezequiel, le dijo que esa era la mesa que estaría delante de Dios. Tanto la entrada al Lugar Santo como la entrada al Lugar Santísimo tenían puertas dobles, y cada puerta se abría hacia la pared. Todas las puertas y las paredes del Templo estaban decoradas con palmeras, y un techo de madera cubría toda la parte exterior, el pórtico y los cuartos que estaban junto al Templo. A ambos lados del pórtico, y en los cuartos que estaban junto al Templo, había ventanas enrejadas y decoraciones de palmeras.

Luego Ezequiel fue llevado al patio y el hombre de bronce lo hizo entrar al edificio de cuartos que estaban en la parte posterior del templo, frente al patio, diseñado especialmente para los Sacerdotes. El edificio medía cincuenta metros de largo y veinticinco metros de ancho y era de tres pisos; había cuartos en el piso superior, en el intermedio y en la planta baja; estos cuartos estaban destinados a un uso especial pues los sacerdotes comían allí las ofrendas que se presentaban a Dios. Como eran lugares muy especiales, allí también se llevaban todas las ofrendas que se presentaban a Dios. Cuando los sacerdotes salían de esos cuartos, después de haber cumplido con sus servicios, debían dejar allí sus vestiduras especiales de sacerdotes, pues no se les permitía salir con esas vestiduras al patio donde está el pueblo, sino que tenían que cambiarse de ropa. En cuanto el hombre terminó de medir el Templo, sacó a Ezequiel y empezó a medir la muralla que rodeaba el Templo, luego midió los cuatro lados de la misma, y cada lado medía doscientos cincuenta metros de largo. Esta muralla servía para separar el templo del resto de la ciudad. Ezequiel fue llevado a la entrada este del Templo y vio que venía el poderoso Dios de Israel, el Profeta se inclinó hasta el suelo mientras Dios entraba con gran poder en el Templo, por la puerta del este; entonces su espíritu lo puso de pie, y lo llevó al patio, y allí se dio cuenta de que la grandeza de Dios había llenado el Templo. En ese momento Ezequiel oyó una voz que decía: Ezequiel, hombre mortal, en este lugar he puesto mi trono. Aquí es donde yo reino, y donde viviré para siempre con los israelitas. No hay otro Dios como yo. No voy a permitir que ni ellos ni sus reyes vuelvan a serme infieles, ni que me falten al respeto adorando a sus reyes muertos. Ezequiel fue enviado nuevamente a los israelitas para decir cómo debía ser el Templo, en la forma exacta y en las medidas que debía tener, las cuales le habían sido mostradas por Dios; Ezequiel debía describir todo para que lo hicieran tal y como Dios lo había ordenado. Así como también debía describir la forma en las que serían presentadas las ofrendas en su Altar y quienes debían presentarlas; pues, cuando ellos presentaran esas ofrendas a Dios a través de sus Sacerdotes consagrados, Él las aceptaría con mucho gusto. El Señor era un Dios diferente y especial, y por eso, si los israelitas eran fieles, Él viviría para siempre con ellos. 

miércoles, 5 de octubre de 2016

La Biblia en un año #Dia238

    Ezequiel 37-39

    Sobrenatural, es la palabra con la que describiría la lectura de hoy. Yo confieso que nunca había leído por completo el libro de Ezequiel, pero si había leído uno de los capítulos que nos corresponden en este día, y es uno de mis favoritos en la Biblia; el valle de los huesos secos. La mano de Dios fue sobre Ezequiel y el Espíritu lo llevó a un Valle lleno de huesos, los cuales estaban desparramados por todas partes del suelo y estaban completamente secos, allí le dijo: ¿Podrían estos huesos volver a convertirse en personas vivas? y Ezequiel le dijo que solo Él podía tener esa respuesta. Le dijo entonces Dios que profetizara su Palabra sobre los huesos, pues Él pondría aliento dentro de ellos y haría que volviesen a vivir; les pondría carne y músculos y los recubriría con piel; entonces sabrían que Él, era el Señor. Ezequiel anunció el mensaje tal y como Dios se lo mandó, y mientras él aún hablaba se oyó un ruido, un traqueteo por todo el valle. Se juntaron los huesos de cada cuerpo y volvieron a unirse hasta formar esqueletos enteros; delante de Ezequiel se formaron músculos y apareció carne sobre los huesos, después se formó piel para recubrir los cuerpos. Luego el Señor ordenó a Ezequiel profetizar que el Espíritu vendría de los cuatro vientos, soplaría sobre esos cuerpos muertos, y vivirían. Ezequiel lo hizo así y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo. El Señor le dijo a Ezequiel que esos huesos representaban a la nación de Israel, pues ellos decían: Nuestros huesos se secaron y pereció nuestra esperanza, pero Él abriría las tumbas del destierro y haría que ellos se levantaran y volvieran a vivir. Hoy recuerdo una vez más, que no hay nada que Dios no pueda hacer, y que aún lo muerto resucita si así el lo decide. Frente a ese gran problema o desafío puedo levantarme firme en su Palabra y pensar en: El valle de los huesos secos, convertido en personas vivas, así como tu, y así como yo. El que le cree a Dios, jamás pierde la esperanza.

    Israel y Judá, una vez devueltos a la vida, resucitados y esperanzados, volverían a ser una sola nación; Dios prometió reunir y sacar a los israelitas de las naciones donde se encontraban para llevarlos de nuevo a su tierra; porque en esa tierra, y en esas montañas de Israel, se convertirían en una sola nación, tendrían un solo rey, y no volverían a dividirse nunca más. Así como leímos ayer, el Señor haría con ellos un pacto eterno de paz, y llegarían a ser un pueblo numeroso; y cuando Dios pusiera su templo en medio de ellos, y viviese allí para siempre, Él sería su Dios y ellos serían su pueblo. Entonces todas las naciones reconocerían que Él había convertido a Israel en un pueblo muy especial. El día en que el pueblo Israel viviese confiado en su tierra, el Señor usaría al rey Gog, de la región de Magog, para que viniese y atacara a Israel, pues así lo había anunciado mucho antes Dios mediante los profetas de Israel. Pero cuando Gog invadiese a Israel, sería tanto el enojo de Dios que ese día habría allí un fuerte terremoto; en su presencia temblarían de miedo la gente y todos los seres vivos que Dios había creado. Se derrumbarían las montañas y los barrancos, y se vendrían abajo todas las murallas; entonces serían Gog y su numeroso ejercito los castigados; el Señor les enviaría toda clase de males, y en medio de guerras y enfermedades, sus soldados pelearían entre ellos mismos; con esto, el Señor se daría a conocer ante muchas naciones, y demostraría que era poderoso y diferente; así todas las naciones reconocerían que Él era el Dios fuerte e invencible. El Señor solo levantaría a Gog en contra de Israel, para derrotarlo y demostrarle a su pueblo y al resto de los países, quien era Él, pues aunque a veces podamos ser victimas de alguna calamidad, Dios siempre la transformará para nuestro beneficio; y si esto no produce en nosotros un eterno peso de Gloria y esperanza, entonces no se que pueda lograrlo. El mismo satanás está sujeto bajo el estrado de los pies de Dios, y nada de lo que Él, en su misericordia o muchas veces, en su justicia, permita que suceda en nuestras vidas, será para destruirnos. Los israelitas enterrarían en su tierra a todo el ejercito de Gog que se había levantado en su contra, y ese día sería especial para Dios, el día de la evidencia de su gran poder. El mismo poder que tenemos hoy día para enterrar al enemigo, y para anular todos los planes que haya construido en nuestra contra. ¡Aleluya! Hoy no dejemos de meditar en la derrota de Gog, y en el extraordinario valle de huesos secos, pues sin duda ambos episodios impulsan el crecimiento de nuestra fe. 


martes, 4 de octubre de 2016

La Biblia en un año #Dia237

   
      Ezequiel 34-36

Hay una frase en este día que llamó muchísimo mi atención: Los pastores no deben apacentarse a si mismos sino a sus rebaños; ¿Habían meditado en esto? Yo no, y ciertamente me ha hecho reflexionar. Los pastores en Israel bebían leche, se vestían con lana, mataban a los animales y comían y dejaban al pueblo pasar hambre; este no es el modelo de pastorado descrito en el Salmo N° 23, ¿Cierto? Además de eso, no tenían cuidado de los débiles, no se ocupaban de los enfermos ni vendaban sus heridas; nunca salieron a buscar a los descarriados y perdidos, sino que gobernaron con mano dura y con crueldad. Por esta razón afirmaba el Señor que sus hijos se habían dispersado como ovejas sin pastor, y deambulaban por la tierra sin que nadie saliera a buscarlas. Quiere decir esto, aunque un mal pastorado no sea la causa principal por la cual una persona podría perderse en el mundo, si puede influir considerablemente. El Señor se declaró enemigo de todos los que habían abandonado el rebaño de Israel, y prometió hacerlos responsables de todo lo que les sucediera. Pero Él, el buen Pastor que su vida da por las ovejas, sería el Pastor en busca del rebaño perdido, las sacaría de los demás pueblos y naciones a donde habían sido esparcidos y los alimentaría en las montañas de Israel. Todos descansarían en hermosos lugares de reposo y Dios mismo tendría cuidado de ellos y los haría vivir en paz. El Señor prometió un nuevo pacto de paz con Israel, una vez que Él rompiera las cadenas de su esclavitud y los rescatara de quienes los esclavizaron, entonces ellos sabrían que ÉL era el Señor. Ya no serían presa de otras naciones, ni animales salvajes los devorarían; vivirían seguros y nadie los atemorizaría. El Señor haría que la tierra de Israel fuese famosa por sus cosechas, y ya nunca más sufrirían las burlas de las naciones extranjeras; así todos sabrían que el Señor era el Dios soberano de Israel y que ellos eran su rebaño.

Cuando el Señor ya había castigado a los israelitas, el pueblo de Edom se ensañó contra ellos, y los masacraron cuando estaban indefensos, entonces el Señor dio un mensaje a Ezequiel para ellos, y dijo que levantaría su puño contra esta nación, demolería sus ciudades y los dejaría desolados. Nuevamente los invito a escribir "Edom" en el buscador para ver si la Palabra de Dios se cumplió o no. Ellos dijeron que se apoderarían del territorio de Israel y de Judá, y se jactaron con arrogancia de lo que les había pasado diciendo que ahora ellos se los comerían, pero es evidentemente comprobable a través de la historia, que nadie se mete con Israel y vive para contarlo. El enojo de Dios fue contra ellos y fueron castigados con muerte y destrucción, todos sus valles se llenaron de gente masacrada y esta nación nunca mas fue reconstruida. Los enemigos de Israel se habían mofado de sus desgracias, pero el mensaje de Dios para ellos a través de Ezequiel fue el siguiente: El enojo de mis celos arde contra esas naciones y he jurado solemnemente que pronto tendrán que soportar su propia vergüenza. Sin embargo, para el pueblo de Dios redimido y transformado, si había promesa de restauración; ellos pronto regresarían del destierro y todas sus ciudades en ruinas serían reconstruidas; la población sería aumentada en gran manera, y no solo se aumentaría el número de habitantes sino también de animales. Nunca más esta nación sería devorada, y el Señor no permitiría más burlas sobre ellos. La conducta del pueblo de Israel había ofendido en gran magnitud a Dios, y no iban a ser restaurados porque se lo merecieran, sino porque a través de ellos el Señor revelaría su santidad y lo grande y poderoso de su nombre. Entonces los israelitas serían rociados con agua pura y quedarían limpios, Dios mismo lavaría su inmundicia y dejarían de rendir culto a ídolos; tendrían un corazón nuevo y un espíritu nuevo dentro de ellos para seguir los decretos del Señor y ser fieles a sus ordenanzas. La restauración de Israel sería una señal para todas las naciones de que el Señor es Dios y su nombre es soberano, el único con poder de levantar y de reedificar, de reconstruir y volver a sembrar; así todos serían testigos de su gran poder.



domingo, 2 de octubre de 2016

La Biblia en un año #Dia236

      Ezequiel 29-33

Así como el Señor lo había determinado desde mucho antes, Israel fue restaurado y reconstruido, manteniendo su posición hasta nuestros días; y en esa misma forma fueron destruidas todas las naciones menores sobre las cuales se había profetizado calamidad y catástrofe. Amon, Moab, Edom, Tiro y Sidon ya no existen, pues lo que Dios dice que hará, lo hará, sin detrimento de cualquiera que quiera oponerse a la fuerza de su amor y de su poder. En el caso de Egipto, el Señor también fue claro: Enviaré un ejército contra ti y destruiré tanto a la gente como a los animales.  Pero esta profecía no sería eterna como el caso de las naciones anteriores, el Señor prometió volver a restaurar la prosperidad de Egipto, pero también dijo que nunca más volvería a recuperar su potencia como influencia mundial, y nuevamente así ha sido. Dios no está jugando cuando decide llamar Profetas a hablar en su nombre, no es que se siente aburrido y de pronto decide que quiere hablar; el está interesado tanto en mostrar su misericordia, como en hacer justicia, y cuando lo hace nadie puede resistir su intervención; para bien o para mal. El mismo Dios dijo a Ezequiel que no le complacía la muerte de los perversos, pues solo quería que se apartaran de sus malos caminos y pudiesen vivir en paz. ¿Por qué habrían de morir los que se arrepienten de su maldad?

     La tierra de Egipto se convertiría en una desolada tierra baldía y los egipcios sabría que Dios, era el Señor todopoderoso. Sus ciudades quedarían vacías y desoladas durante cuarenta años, rodeadas por otras ciudades en ruinas, y todos los egipcios serían esparcidos por otras naciones; y, aunque pasados los cuarenta años, el Señor restaurase su prosperidad, seguirían siendo un reino menor y sin importancia, y nunca más volverían a destacarse por encima de las demás naciones. El día terrible y temible del Señor vendría sobre los egipcios, un día de nubes y de penumbras; la espada de Dios se levantaría en contra de Egipto y serían destruidos todos sus cimientos. como Egipto se volvió vanidoso y arrogante, y se había puesto tan por encima de los demás que su copa llegaba a las nubes, serían entregados en manos de una nación poderosa que los destruyese como merecía su perversidad. El Rey de Egipto sería atrapado y abandonado en la tierra hasta que muriera, su existencia sería borrada, y mediante esa acción, el Señor conseguiría que muchas naciones y reyes quedaran espantados ante su gran poder. En contra de Faraón y su nación vendría la espada de Babilonia, como la había usado Dios también en contra de Israel; y se destruirían todas las multitudes de sus poderosos guerreros, de todas las personas y todos los animales. Cuando finalmente Dios hubiese acabado con Egipto y la nación cayese en una fosa, todos conocerían que era el Señor soberano quien había hablado.