martes, 12 de julio de 2016

La Biblia en un año #Dia177

Salmos 120-127


    A pesar de que en este día leeremos 8 capítulos de la Biblia, realmente el contenido es bastante corto; y es que lo que dicen estos 8 Salmos en su totalidad puede resumirse fácilmente: El Señor es nuestro protector. Estos cánticos graduales o canciones de ascenso, eran las cantadas por las familias israelitas durante su peregrinaje y subida hacia el Templo en Jerusalén, y describen el anhelo de los judíos por encontrarse con su Dios y experimentar su gozo, su paz y su protección. De camino a ese encuentro con Dios los israelitas confiaban en que el Señor era su guardador, su sombra a su mano derecha; el sol no los fatigaba de día ni la luna de noche, pues el Señor guardaba su alma de todo mal y protegía su entrada y su salida por siempre. Yo nací en una ciudad bastante, bastante pequeña, un pueblo dentro del llano venezolano, mi pequeño paraíso: Valle de la Pascua; muchos en mi entorno bromean con el hecho de que tengo una especial identidad con este lugar, ¿Y como no? Si es el lugar donde crecí, viví, me formé; donde está mi familia, donde creí en el Señor y conocí el calor de una familia en Cristo, donde todo me es familiar, donde todo lo conozco, en fin, es mi hogar; sin embargo, al crecer, realicé mis estudios universitarios en otra ciudad un poco más lejos y que era totalmente diferente a lo que estaba acostumbrada; mientras estaba allí estudiando siempre estaba extrañando mi pueblito y todas sus maravillas, y cuando venía de vacaciones o de fin de semana experimentaba el sentimiento más excepcional: Volver a casa. Esto es algo que sólo los que han vivido lejos pueden entender; David decía: Me alegré con los que me decían: a la casa del Señor iremos; había una emoción hermosa y particular en todos aquellos judíos que podían también volver a casa, a la ciudad de Jerusalén, el punto de reunión de toda la comunidad de Israel. Todas las tribus llegaban hasta allí para adorar a Dios tal y como él lo estableció desde el principio; ellos amaban esa ciudad, amaban el Templo del Señor y amaban reunirse a celebrar sus fiestas y sus encuentros con Él. Así que los judíos celebraban allí su Pascua, y yo tengo la mía; mi Valle de la Pascua. Jaja.. Identificada al doble. 

    Durante estas peregrinaciones, los viajeros cantaban al Señor y alzaban su mirada al cielo aguardando por su misericordia; el Señor protegía a su pueblo, y así como Jerusalén tenía montes alrededor de ella, así estaba la presencia del Señor alrededor de sus hijos. Cuando este pueblo permaneció cautivo en Babilonia durante setenta años, siempre mantuvo firme el anhelo de: regresar a su tierra, a Sión; y cuando finalmente pudieron hacerlo fue como un sueño hecho realidad! se llenaron de risa y cantaron de alegría; pues nada se compara con la gran emoción de: volver a casa. Aunque hayas estado por mucho tiempo lejos de las personas que amas, de tus raíces, de tu cultura, de lo que conoces y con lo que te identificas; al volver sientes ese gozo indescriptible y esa paz que solo puedes tener en el lugar donde perteneces. Así como eran llenos esos arroyos en el desierto del Neguev, eran llenos los corazones de los judíos que finalmente podían regresar. Yo realmente amo esta historia, y aunque siga insistiendo en que no puedo tener solo un Salmo favorito, este de verdad siempre lleva la delantera. Así pienso que sentiré cuando me vaya con Cristo, cuando me lleve a mi casa, a mi Patria celestial; no importa cuanto haya tenido que padecer estando aquí de peregrina, lo que realmente importa es que pronto estaré en mi hogar, a su lado para siempre. En este punto de la lectura me encuentro: Feliz. 


lunes, 11 de julio de 2016

La Biblia en un año #Dia176

    Salmos 119


    No es sorpresa que el día de lectura de hoy estuviese dedicado sólo a estos 176 versículos contentivos en este capitulo de las Escrituras. Espero poder leer detenidamente, sin ansiedad, y comprender lo que Dios quiere mostrarme a través de esta porción de la Biblia. Así que sin darle más largas, ¡Empecemos! El Salmo 119 además de ser el Salmo más largo, también es el capitulo más largo de la Palabra de Dios, y habla en su mayor contenido, precisamente de eso: De la excelencia de la Palabra de Dios. Cada uno de estos versículos es visto como un elogio a la Ley del Señor, y algunas fuentes dicen que fue escrito durante el exilio en Babilonia. Los ocho versos de cada estrofa comienzan con cada una de las 22 letras del alfabeto hebreo, y leyendo estas ocho partes de forma aislada, puedes tener una comprensión más efectiva y menos amplia. Esto es lo que yo haré pues así estudiaba en la universidad y me daba buenos resultados; es solo una recomendación que si me funciona a mi, también puede funcionar a otros. (risas)

    Dicen que la felicidad es algo muy subjetivo, pero el Señor nos manifiesta en su Palabra que existe no solo una, sino una doble porción de felicidad para aquellos que andan en su Ley y guardan sus testimonios; los que con todo corazón le buscan y andan en sus caminos. Cuando ordenamos nuestros caminos para guardar sus estatutos, no somos avergonzados; y a medida que aprendemos su Palabra, también aprendemos a vivir como realmente debemos hacerlo. Para mantener un camino limpio y justo, la Palabra del Señor debe permanecer guardada en nuestros corazones; no olvidemos que, de la abundancia del corazón, habla la boca. Meditar en sus mandamientos, considerar sus caminos, y guardar sus estatutos son la garantía de un andar en integridad y honestidad. El mejor, más acertado y oportuno consejo, nos los da Dios; por eso el salmista oraba para que sus ojos pudiesen ser abiertos y pudiese mirar las maravillas de su Ley; quebrantada estaba su alma de desear todo el tiempo sus mandamientos; aún cuando se levantaban calumnias en su contra, él prefería meditar en las Escrituras, pues estaba seguro que allí encontraría todas sus respuestas. En tiempos de aflicción o de desanimo, la Palabra es nuestra mayor y mejor compañía; cuando se deshace nuestra alma por la ansiedad, somos sustentados según las maravillas de sus promesas eternas. ¿Quién al meditar en lo que Dios promete no se siente alentado y confortado? ¡Hay vida en la Palabra! Y corriendo por el camino de sus mandamientos, es afirmado nuestro corazón. Para poder andar por la senda de los mandamientos de Dios, necesitamos la sabiduría y el discernimiento que sólo la misma Palabra puede ofrecernos; buenos son los juicios del Señor, y excelencia son sus mandamientos; por ello, debemos ir a las Escrituras y ser guiados en la voluntad del Señor para nuestras vidas. Con entendimiento podemos guardar su Ley, y cumplirla de todo corazón. 

    Seguir las ordenanzas del Señor nos permite responder y reprender a nuestros enemigos; por eso, al conocerlas y obedecerlas, podemos caminar en libertad. Las aflicciones, el temor, y la angustia pueden atacarnos de una u otra forma, pero cuando traemos a la memoria todas las Palabras del Señor, recibimos aliento; así lo dijo el salmista, y así lo dijo una hermana de mi Iglesia semanas atrás cuando se encontraba esperando un diagnostico medico: Tu Palabra es mi consuelo en tiempos de aflicción, tus dichos me dan vida. Este testimonio impactó mi corazón. En todos los hijos de Dios debe permanecer el anhelo ardiente de escudriñar sus Escrituras, de ser ministrados por su verdad; el escritor de este Salmo declaró el haberse apresurado en guardar sus mandamientos, es decir, no tardó en moverse hacia ella, en acudir a ella, en darse prisa ante el conocimiento de los dichos del Señor; a medianoche se levantaba para alabar a Dios por sus justos juicios, y ese es un deseo que nunca debemos permitir que se nos apague. Así como la Biblia nos enseña las formas en las que podemos agradar a Dios, también nos exhorta cuando no lo hacemos; y de este modo, cuando nos desviamos, desobedecemos, y tenemos que ser disciplinados de alguna manera por el Señor, esto nos enseña a prestar más atención a sus mandamientos y a mantenernos fieles a ÉL. Todo el que confía en la Palabra de Dios, aún cuando tiene que ser afligido por ella, se goza y recibe ánimo pues cree que hay justicia en los mandamientos del Señor; aún los que nos rodean se alegran también y se contagian con nuestra confianza, pues una vez que conocemos sus propósitos y creemos en lo que Él declaró a nuestras vidas, no somos avergonzados. 

    Puede que los días pasen, que creamos que la visión está tardando en cumplirse, y que tal y como decía el salmista, nuestras fuerzas se agoten de tanto esperar; pero una cosa es cierta, lo que Dios dijo que cumpliría en tu vida ciertamente se cumplirá. Aunque nuestros ojos espirituales tengan que esforzarse un poco más para ver cumplida su promesa, su Palabra es fiel y en eso está puesta toda nuestra esperanza. Su eterna Palabra se mantiene firme en el cielo, y su fidelidad se extiende de generación en generación; sus mandamientos siguen siendo verdad hasta el día de hoy, y todo está al servicio de sus planes. El sigue siendo Dios, y por medio de sus dichos nos ha dado vida; una mente puesta en sus promesas, siempre mantiene la calma. Si queremos cultivar la facultad de aprender, entender, razonar, y tomar decisiones acertadas, esto será sin duda mediante la Palabra; nuestro entendimiento es enriquecido cuando hacemos de sus testimonios nuestra meditación. Frente a las elecciones de la vida, los caminos que debemos escoger seguir, o aquellos que debemos decidir no tomar; la Palabra funciona como una luz que puede orientarnos, totalmente radiante y brillante para ser animados a dejarnos dirigir por nuestro Dios; y ésta no solo ilumina nuestro andar, sino que también es una defensa en contra de nuestros enemigos; nos dan refugio y protección, y las promesas del Señor nos brindan esperanza; los malvados de este mundo pueden despreciar lo que Dios tiene que decir, pero, mientras sus hijos mediten en ello, obtendrán la victoria. Durante mucho tiempo he escuchado que así a Dios no se le entienda, se le obedece; y aunque me costó aceptarlo (siempre quiero entenderlo todo), esto tiene muchísimo sentido, después de todo, sus pensamientos están muy por encima de los nuestros; por eso, aunque muchos se nieguen a cumplir sus mandamientos, y de momentos nosotros mismos no veamos la materialización de lo que ÉL ha declarado, debemos seguir viviendo su Palabra; por obediencia y fidelidad, así se levante cualquier tipo de invalidación en su contra o en la nuestra. Repito, lo que el dijo que cumpliría en tu vida ciertamente lo cumplirá.

    Anhelar algo, desear conservarlo, suspirar... Son elementos productos del amor, y es tan maravillosa la PALABRA DE DIOS, que el salmista se encontraba enamorado; el quería seguir los mandamientos del Señor fielmente, tal y como desea mantenerse fiel una persona a quien ama; él no solo quería conocer las Escrituras y saber cuales eran sus beneficios, sino que quería ponerlos por obras. Y es que así debe ser todo para Dios, por amor, no por obligación. Así como el Señor es justo, su Palabra también lo es, Él juzgará con rectitud tanto al que la guarda como al que la rechaza, pues todos sus mandamientos son dignos de confianza. Mediante este, nuestro manual de vida, nuestro regalo de Dios, podemos estar cerca Él; a través de su Palabra podemos escucharlo, conocerlo, descubrir su voluntad; lejos están de Él los que no meditan en su Ley, pero aquel que ha amado sus mandamientos, vivirá conforme a su misericordia. El que se deleita en los dichos del Señor, se alegra como quien ha hallado grandes tesoros, pero son estos dichos aún más valiosos que la riqueza material, y pueden hacernos más felices que cualquier posesión terrenal; pues los que aman su Palabra disfrutan de mucha paz y no sufren ningún tropiezo. Con el aprendizaje y la vivencia de sus estatutos, nuestros labios rebosan alabanza; habla la lengua los dichos que están en el corazón, y vive el alma que le alaba y no se olvida de sus mandamientos. 

    Las 22 palabras que usé para ayudarme a construir este articulo en sus 22 estrofas, producto del alfabeto hebreo, fueron:
  1. Felicidad (Alef)
  2. Integridad (Bet)
  3. Consejo (Guímel)
  4. Aliento (Dálet)
  5. Discernimiento (He)
  6. Libertad (Vau)
  7. Consuelo (Zain)
  8. Anhelo (Chet)
  9. Disciplina (Tet)
  10. Gozo (Yod)
  11. Fe (Caf)
  12. Calma (Lamed)
  13. Entendimiento (Mem)
  14. Luz (Nun)
  15. Defensa (Samec)
  16. Obediencia (Ayin)
  17. Amor (Pe)
  18. Justicia (Tsade)
  19. Cercanía (Cof)
  20. Misericordia (Resh)
  21. Riqueza (Sin)
  22. Alabanza (Tau)
    Estas palabras no guardan ninguna relación con el abecedario, son sólo una herramienta que utilicé para tener una comprensión un poco más estricta.

    Mi estrofa favorita fue: AMOR... Señalada con la letra hebrea PE, y se encuentra entre los versos 129-136; y mi versículo favorito está por supuesto dentro de esta estrofa, aunque tengo varios minutos debatiéndome entre dos, así que mejor escribo ambos... Luego me decido jaja

Maravillosos son tus testimonios; por tanto, los ha guardado mi alma. Salmos 119:129

Mi boca abrí y suspiré, porque deseaba tus mandamientos. Salmos 119:131


Si, ahora si, ¡Terminé! 





jueves, 7 de julio de 2016

La Biblia en un año #Dia175

    Salmos 111-118    

    Dios, solo hay UNO, léase bien, UNO. Gloria y hermosura es su nombre, y su justicia permanece para siempre. Desde la creación del genero humano, todos los seres hemos tenido una identidad especial con la presencia de un ser espiritual y superior a nosotros mismos; hemos querido encontrarnos con él, comunicarnos con él, y relacionarnos con él; aún aquellos que insisten en negar su existencia, porque todos los seres humanos hemos sido creados con un vacío en nuestro interior que sólo el mismo Dios puede llenar; y el temor a su nombre es la base de la verdadera sabiduría. Toda persona que le reconoce como Dios y que se deleita en sus mandamientos es realmente afortunado; asegurado está su corazón y su descendencia es poderosa en esta tierra. Sin embargo, muchos se han desviado de este verdadero propósito por el cual fueron creados por ese único y excelso Dios, y han vuelto su mirada a ídolos de plata y oro que tienen ojos pero no ven, y tienen oídos pero no oyen. El mismo pueblo amado de Dios, luego de haber disfrutado de todas sus maravillas, decidió apartarse de la verdadera y genuina adoración al Señor, para adorar a dioses falsos. Por su gran fidelidad Él merece nuestra alabanza; Dios bendice su creación y bendice a los que lo adoran, por eso no podemos darle a otros su Gloria y tener una actitud tan desagradecida, como para honrar, por los beneficios que hemos recibido, a falsos dioses hechos por manos de hombres. En referencia de esto, podríamos estar adorando o dando el primer lugar a cualquier ídolo de yeso o de carne y hueso, que desvíe nuestra mirada del centro de nuestras vidas que debería ser nuestro Dios; y por eso debemos ser siempre muy cuidadosos en nuestra consagración a Él y en el orden de nuestras prioridades. Una vez me dijeron: Aquello que ocupe más tu atención, de lo que hables más, en lo que inviertas más tiempo, es tu verdadero Dios; y estoy de acuerdo con ese pensamiento. Si Él verdaderamente abunda en tu corazón, saldrá por tu boca.

    Yo a veces me pregunto, ¿Cómo no amar a Dios? Bueno, realmente no podría dar una opinión al respecto porque toda mi vida es Él; pero si reflexiono en esto y concluyo que no creerle o amarle sólo puede ser posible cuando una persona se ha dejado intervenir tanto por satanás, que su juicio para adorar al único y verdadero Dios, simplemente ha sido nublado; entonces, dejo de verlo de forma natural, y empiezo a darme cuenta que el conocer o no conocer a Dios, siempre será una condición espiritual. El salmista declaraba: amo a Dios porque ha inclinado a mi su oído, porque en angustia y dolor vivía, e invoqué su nombre y Él libró mi alma; amo a Jehová porque es clemente, justo, y misericordioso; porque estaba yo postrado y me salvó; amo a Jehová porque me ha hecho bien, porque libró mi alma de la muerte, mis ojos de las lagrimas y mis pies de resbalar; entonces, ¿Cómo no amar a Jehová? Vuelve a mí mi anterior respuesta, no es algo natural; sólo el alma develada de la influencia del pecado puede amar así a Jehová. Y les digo algo, yo amo a Jehová; con toda mi alma, con toda mi mente, y con todo mi ser. ¿Que puedo pagarle por todos sus beneficios para conmigo? Solamente el ser su sierva, invocar su nombre y ofrecerle por siempre sacrificios de alabanzas. Alabarle porque es bueno, porque ha engrandecido sobre mi su misericordia; no moriré, sino que viviré y contaré todas sus obras. Es así, ¡Amo a Jehová!






La Biblia en un año #Dia174

    Salmos 107-110

    Alaben a Jehová porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia; esto es lo que para los seguidores de la fe cristiana tiene más sentido, y lo que para los no creyentes en la misma, lo que menos lo tiene. A Dios se le ama por lo que Él es, no por lo que el hace; los que no creen en Dios se la pasan buscando razones para no hacerlo, como si para poder defender la necesidad de negar su existencia, o lo que llaman su falta de ocupación para con el genero humano, tuviesen que estar provistos de un razonamiento lo suficientemente sustentado y creíble; no obstante, los que creen, no buscan "razones" para hacerlo, simplemente lo hacen; porque la relación con Dios es así, por convicción. Dios es BUENO, su nombre es BONDAD, y Él no puede negarse a sí mismo o a su carácter como Padre de los cielos; no es bueno cuando los días son buenos, Él siempre lo es; y solo conociendo a Dios a través de esa certeza podemos vivir en paz con todas y cada una de sus decisiones así no agraden a nuestro parecer. Los israelitas anduvieron perdidos en el desierto, sin hallar cuidad donde vivir, esto definitivamente fue difícil para ellos, pero estando allí clamaron a Dios en su angustia y Él los libró y los condujo hacia ciudad habitable; no lo dudemos, el sacia al alma menesterosa y llena de bien al alma hambrienta. Aún cuando hemos sido afligidos a causa de nuestra insensatez, siendo rebeldes a su Palabra, Él rompe nuestras prisiones y nos muestra nuevamente su misericordia. Entonces, Él tampoco es bueno solamente cuando nosotros le mostramos fidelidad; Él SIEMPRE lo es. 

    Frente a la bondad inmerecida de Dios, el corazón de sus hijos se afirma y se deleita en cantar alabanzas a su nombre; más grande que los cielos es su misericordia y hasta los cielos es su verdad, por eso es exaltado sobre el campo celestial y enaltecido sobre la tierra. David entendió la riqueza invaluable de ser defendido y apoyado por Dios, por eso siempre su deseo de adorarlo aumentaba cada día; aunque en muchas oportunidades las palabras de odio lo rodearan y se levantaran enemigos en su contra, tal y como leíamos ayer, el Señor lo favorecía y lo libraba con su gran poder. El Señor manifestó su pacto con David: Hacerle jefe de un reino eterno y poderoso y poder gobernar sobre sus enemigos; y estuvo a su lado para protegerlo y cumplir su promesa. Entonces el salmista también decía con seguridad: Quiero alabar a Jehová en gran manera, porque ha sido bueno. Dios es BUENO, sencillamente, Él siempre lo es. 



miércoles, 6 de julio de 2016

La Biblia en un año #Dia173

    Alto de adoración semanal...


    Seguimos avanzando en las hermosas melodías de los salmistas, las canciones más poderosas de alabanza y adoración al Dios de los cielos. Toda la Palabra que he leído, la he descubierto de una forma nunca antes vista; cada día el Espíritu Santo me ha mostrado grandes y bellas revelaciones en mi relación con Dios que han ministrado de manera gloriosa mi vida, y los Salmos no han sido la excepción. Admiro esa forma tan elocuente, segura y delicada en la cual los salmistas esbozaban sus experiencias; sé que todos los hijos de Dios nos sentimos identificados con estas letras de una forma especial, como si viviéramos lo mismo que estos escritores, y, aunque quizás las situaciones no sean exactas, sé que el Señor ministra a cada uno según su necesidad. Hoy leeremos nuevamente el Salmo N° 59, compuesto por David cuando Saúl ordenó que lo vigilaran para matarlo; realmente hay que tener una fe extraordinaria para que en un episodio como este, de persecución y angustia, sientas deseos de escribir poemas a Dios. Definitivamente los grandes Ministros de Dios, no lo son por una deficiente disciplina espiritual, sino porque buscaron su rostro aún en las más desafiantes circunstancias.

    Librame de mis enemigos oh Dios, ponme a salvo de los que me persiguen; estas fueron las palabras con las que David comenzó este Salmo, y fueron muy similares a las que le dije al Señor en mi oración de esta mañana. Satanás anda como león rugiente buscando a quien devorar, y se sirve de cualquier herramienta, persona, instrumento, momento o mecanismo para lograr sus planes; él es el devorador, el es maligno; quiere asecharte, lastimarte y destruirte. En el caso de David, durante ese episodio de su vida, Saúl se dejó usar para atormentar fuertemente su vida, y hoy, hay muchos como Saúl que se dejan usar para atormentar la tuya; no obstante, tal y como lo hizo David, debemos armarnos de valor, tomar nuestro escudo de la fe y apagar todos los dardos del maligno. Satanás no es más poderoso que Dios, ni es más poderoso que los creyentes que contra todo pronostico se levantan creyendo en su Palabra y en sus promesas. Dios es nuestro protector, nos ama, nos guarda, y saldrá a nuestro encuentro para que con su ayuda podamos derrotar a todos nuestros enemigos; ÉL destruye todo plan infructuoso de las tinieblas que pueda ser ordenado en nuestra contra. Asi como David debemos reconocer a nuestro Saúl, al enemigo que está buscando hacernos caer; y con una fe poderosa e inquebrantable, hacerlos huir delante de la presencia de nuestro Dios. En este punto de la lectura me siento: Apoderada; con más ganas de vencer a satanás y de conquistar mi tierra prometida.


martes, 5 de julio de 2016

La Biblia en un año #Dia172

    Salmos 104-106

    Toda la tierra está llena de los grandes beneficios de Dios, aunque muchos insistan en negarlo, la verdad es que la creación declarada a gritos lo evidente: existe un Creador. El Señor afirmó la tierra sobre sus bases y de allí jamás se moverá, puso los mares en el lugar que les había señalado y en esas aguas todos los animales calman su sed; también hace crecer las plantas para el bien de toda la gente: el pan, que da fuerzas, el vino, que da alegría, y el perfume, que da belleza. Nuestro Dios ha hecho con su mano poderosa todo el universo, y todas sus obras fueron realizadas con sabiduría; de Él depende toda la creación, y su Espíritu es el que permite que en la tierra todo cobre vida; así que, el Dios creador, también se encarga de sostener y cuidar toda su obra maestra. Cree que si Él se deleitó en formarte, también será su deleite el sustentarte, pues su poder dura para siempre. Además de las maravillas que ha hecho mi hermosisimo Dios desde la creación del mundo, también aumentó todas sus maravillas en favor de Israel; ¿Y como no? Si es que no he visto un amor mayor que el de Dios por sus hijos, especialmente por este pueblo, que, aunque caminó en una desobediencia sostenida en el tiempo, siempre fue perdonado y renovado en su relación Él. 

    Los hebreos en Egipto no entendieron las maravillas del Señor; no se acordaron de la muchedumbre de sus misericordias, sino que se rebelaron junto al mar, pero él los salvó por amor de su nombre, para hacer notorio su poder. Dios los salvó de la mano del enemigo, y los rescató de la mano del adversario; pero ellos muy pronto olvidaron sus obras y se entregaron a deseos desordenados hasta tentar al Señor; adoraron otros dioses, murmuraron, sacrificaron a sus hijos, provocaron la ira del Señor y no oyeron su voz; sin embargo, las promesas hechas por Dios a Abraham y a Isaac fueron confirmadas a Israel por pacto eterno; y a pesar de las múltiples formas en las que esta nación fue rebelde delante de Dios, Él nunca dejó de serles fiel. Con todo, él miraba cuando estaban en angustia y oía su clamor; se acordaba de su pacto con ellos, y se arrepentía conforme a sus misericordias. Jehová, el Dios de Israel, los miraba y los salvaba cuando clamaban a Él; así que hoy puedo sentirme aún mas segura, el siempre me responderá cuando clame a su nombre; y aún si decidiera apartarme, alejarme, y desagradarlo, el siempre me atraerá a su presencia con amor. Pregunto de nuevo, ¿Hay otro Dios mejor que Él? Simple: No lo hay. 



La Biblia en un año #Dia171

    Salmos 98-103

    Acabo de regresar de unas pequeñas vacaciones en las que pude escribir durante sólo dos días; aunque la pasé maravillosamente bien, me alegra volver a mi rutina; a mi lectura, a mi cuarto de oración, a mi Iglesia, a mis Ministerios, a mi trabajo, en fin, a todo lo que hago cada día y que se ha convertido en mi estilo de vida. La verdad, aunque disfruto mucho tomarme un tiempo libre de vez en cuando, también disfruto muchísimo mi ritmo de vida diario; ¡Gracias a Dios! Creo que puedo considerar a los Salmos como las canciones más hermosas escritas jamás, y la música que por años le han compuesto los grandes adoradores de Dios, han hecho de estas alabanzas algo magistral. Por sus grandes maravillas y las formas en las que el brazo santo del Señor nos ha salvado, sin lugar a dudas merece cada día una nueva canción. Él debe ser aclamado y alabado con instrumentos de cuerda, con voces melodiosas; con todas las fuerzas y con alegría de corazón. Una cosa tengo clara, no solo por la Palabra, sino por lo que he sentido y vivido desde que conocí al Señor: No hay otro Dios como Él. Su fidelidad la vivo cada día de mi vida, y así como mantuvo su pacto con Israel, lo ha mantenido y lo mantendrá conmigo. El Señor es tan grande, tan poderoso e incomparable, que aún no entiendo como tantas personas pueden rechazarlo por seguir otros dioses que nunca, nunca, podrán igual su Gloria y su poder; repito: No hay otro Dios como ÉL. Como no entrar por sus puertas con acción de gracias, y por sus atrios con alabanzas; ¡Si es que Él es tan bueno! Y su verdad por todas, todas las generaciones. Hoy reconozco una vez más que Él es mi Dios, Él me hizo, soy suya y el es mi Pastor; por eso le sirvo con alegría y cada día voy con gozo ante su presencia, Él es mi felicidad y el motivo de mi canción.

    David hizo al Señor la promesa solemne de caminar en integridad y de tener un reinado limpio y honesto; no quería poner sus ojos en la maldad que lo rodeaba ni quería caminar con los desobedientes; David oró a Dios para apartarse del fraude, de la infamia, y de la mentira, pues sabía que juntarse con malvados y con personas que lo desagradaban iban a desviarlo de mantenerse como un hombre fiel y justo; no obstante servirse de los que anduviesen en camino de perfección y de los fieles de la tierra, iba a traerle bendición. Aunque hoy nosotros no seamos monarcas de grandes y poderosas naciones como David, sí estamos en una posición digna y honrosa como hijos de Dios; y como sus príncipes, descendientes del Rey de Reyes, también debemos clamar al Señor para no perder nuestra integridad, nuestra prudencia y nuestra santidad. El ser cuidadosos en nuestro andar, escoger bien nuestros deleites y propósitos, y el mantener un entorno adecuado y fiel al Señor, es clave para vivir de forma honesta y agradable delante de Él. Todo nuestro ser, alma, cuerpo y espíritu; deben bendecir el santo nombre de Dios. No podemos entregarle solo un área, o solo un espacio de nuestras vidas, para Él debe ser nuestro todo, así como Él también nos convirtió en el suyo dando su vida por nosotros. Muchos creyentes ven al Señor como su salvador, como la persona que les dio vida y perdón de pecados rescatándolos de la condenación eterna; pero sólo un pequeño porcentaje quiere hacer de Él su Señor, el dueño absoluto de toda su existencia. Él es quien perdona todas nuestras iniquidades, quien sana todas nuestras dolencias; el que rescata del hoyo nuestras vidas y nos corona de favores y misericordias; el que sacia de bien nuestras bocas de modo que rejuvenezcamos como el águila; ¿Cómo darle tan poco a quien nos bendice con tanto? ¡Él merece ser el Rey de todos nuestros espacios! Y que toda nuestra vida, en todos y cada uno de sus términos, sea un perfume agradable a sus pies. En todos los lugares de su señorío, bendice, alma mía, a Jehová.